sábado, 22 de mayo de 2010

La velocidad del tiempo

Después del gran éxito de Javier Cercas con su novela Los soldados de Salamina, la lectura de una segunda novela suya plantea al lector, antes de ser leída, el riesgo de la decepción ante un trabajo de menor calidad. ¿Cuántas veces no nos hemos fascinado con un acierto literario para descubrir, más tarde, que el autor dijo todo lo que tenía que decir en ese documento y que no quedó nada más en su tintero? No es el caso de la Velocidad de la Luz que a pesar de tratar sobre el mismo tema de Soldados de Salamina –la guerra- y de utilizar la misma técnica –el relato en proceso que busca la explicación de un destino- nos presenta una trama con frescura propia que logra mantener al lector atado siempre a la siguiente página.

En esta novela de Cercas (2005), el narrador es un estudiante español en una universidad estadounidense en la que conoce a un excombatiente de Vietnam, Rodney Falk, que en su aparente hosquedad encierra un ser humano afectado por un secreto que despierta la curiosidad -a veces malsana- de nuestro protagonista. Pero la verdadera acción se da años más tarde, en el reencuentro, al entrelazarse los dramas personales de ambos personajes.

Bien armada y mejor escrita, la novela nos remite a la guerra de Vietnam y nos posibilita una segunda reflexión, más profunda -asentada por la distancia en el tiempo trascurrido- sobre esa lastimosa conflagración y sus consecuencias para el mundo moderno.

La historia va y viene en el tiempo, testigo de cargo de los horrores de una guerra incomprensible, para delatar los efectos imborrables que causó en aquellos jóvenes americanos combatientes (de los años sesenta y setenta del pasado siglo) que al final llegaron a la conclusión de que esa contienda tenía un único propósito: matar por matar; matar a niños, mujeres, ancianos y jóvenes vietnamitas.

La novela ahonda en entresijos complejos que bordan también sobre el tema del engaño -con los demás y con uno mismo- y sobre las culpas del pasado; sobre aquellas cargas morales que no se dejan exorcizar, sobre los fantasmas que no encuentran reposo. Los protagonistas son individuos pero la reflexión sobre sus acciones y sentimientos nos lleva a un estadío superior, al de las sociedades que si bien han logrado construir grandes imperios económicos lo han pagado muy caro al debilitar su estructura de valores y principios. Al final, Cercas llega, en ambas novelas citadas, a comparar a la víctima con el verdugo, y al pobre lector le queda un mal gustillo difícil de asimilar. Pero así es la literatura.


Y si de cine se trata, qué pena, esperaba más de la última película (Ágora,2010) del director y guionista Alejandro Amenábar (Santiago de Chile 1972: Tesis, 1996; Los Otros, 2001; Mar Adentro, 2004). Ágora cuenta la historia de la filósofa, astrónoma y matemática Hipatía, alejandrina que vivió en el siglo IV D.C. Protagonizada por una tímida Rachel Weisz -cuya vida entre las pugnas de paganos y cristianos parece transcurrir sin mayor pena ni gloria, sin distingo de otras vidas comunes y corrientes, de manera lineal (para usar una analogía matemática)- la historia de esta mujer, excepcional para su tiempo, hubiera dado para mucho más. La película no llega a tomar altura y se queda en una producción hollywoodense (o bollywoodense, para el caso). Faltó dirección y guión y, como ya lo dije, actuación. Y si nos atenemos al rigor, también por allí hubo fallas: cuando se cita la primera noción común o axioma de Euclides: Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí, se dice que es un teorema y más aún, se aplica de manera incorrecta. Por el mismo camino, la producción de la película, la más cara en la historia del cine español -50 millones de euros- no va de la mano con el poco margen de imaginación que contiene.

Hipatía fue la hija de un reconocido matemático, Teón de Alejandría, de quien heredó un agudo sentido de la observación y el gusto por el estudio tanto de la astronomía como de las matemáticas y la filosofía. Es la primera mujer matemática de la que se tiene noción. Tenía muchos seguidores de todas partes del mundo romano a los que enseñaba en su casa; fue líder de los neoplatónicos alejandrinos. Murió a manos de los cristianos que le tendieron una emboscada, la desnudaron en la vía pública y allí mismo la descuartizaron.

Aunque no queda ningún escrito de esta notable mujer, se sabe de sus desarrollos, sus teorías y sus ideas por sus discípulos. Hipatía ha sido musa de numerosas obras literarias, y su vida e influencia tema de estudios históricos importantes. Merecía una mejor versión fílmica.

3 comentarios:

  1. gracias por la información sobre Hipatía. Ma. Elisa

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  2. Estimada Rosa, gracias por ponerme en el camino de un tema tan interesante como es el caso de Hipatía, estoy contigo en que la versión cinematografica no ha sido demasiado afortunada, a pesar de no escamitar en nada y con un presupuesto que es de mareo.
    El tema es apasionante le encuentro varios estadios diferentes, por una lado la inteligencia humana, por otro la creencia de sólo estaba o está reservada a los hombres, esos seres superiores......., y por último la dura pelea de siglos por ocupar la mujer un espacio al 50 %, si bien a medida que la mujer sube un escalon más queda patente que no les gusta ya que van perdiendo fuelle.
    Estando en esos asuntos y con la figura de Hipatía, recorde que tenia un libro interesante sobre este tema y lo encontré, lo hojeé, no sin cierta dificultad, me manejo mejor con las letras que con las ciencias, pero si te diré que encontré la clave, en una frase "No se puede ser matemático si llevar un poeta en el alma" de Sofía Kovalevskaya, esa gran mujer fué una gran matématica y tuvo que luchar contra la sociedad, para poderlo ser, llegó a un matrimonio platónico, sólo para tener libertad ante su familia, y así viajar e investigar. Estaría sin parar de contarte anecdotas, de las mejores matématicas de la historia,que cita el libro para mi tienen el doble valor de la lucha como mujeres y profesionales apasionadas, y todas tienen su referente en Hipatía.
    Al final y a la postre todo tiene un móvil, el pensamiento, la ciencia, las artes, nada excluye a nada y siempre alguién empieza esa cruzada, en este caso una mujer dejandose la vida. Han pasado muchos años y la lucha continua en todos los ámbitos, pero cada vez es más fácil,se van acortando distancias, pero esto lo digo con pesar, no debemos descuidarnos el enemigo no está totalmente vencido.
    Un beso, Cósima

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  3. Empiezo por tu final: "no debemos descuidarnos el enemigo no está totalmente vencido". Tienes razón, aunque muchas veces pienso que el enemigo tiene muchas caras y una de ellas somos nosotras mismas ¿no crees?.
    En cuanto a la matemática Kovalévskaya,confieso que sólo sabía, y eso que yo me manejo mejor con las ciencias, de su trabajo muy importante en Alemania. Pero me has picado la curiosidad y me he metido a varias de las entradas de internet sobre ella. Me ha llamado mucho la atención todo lo que tuvo que hacer para poder trabajar en esa área del conocimiento (inclusive casarse para poder mudarse a Alemania). Pero me llamó más aún la atención saber que había estado enamorada de Dostoievsky, del que era amiga. Escarbar en la vida de estas mujeres "luchadoras" siempre tiene sorpresas. La frase que citas de ella, me encantó y me uno a ella.
    Cósim@, un beso.

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