domingo, 9 de mayo de 2010

Siempre acabamos llegando a donde nos esperan...

Dice José Saramago -a quien no necesito presentarles- que estando una vez en Salzburgo, fue a cenar al restaurante El Elefante de esa ciudad. Ya estando allí, le llamó la atención una serie de figuras de madera de monumentos europeos emblemáticos, puestas en sucesión y encabezadas por la famosa Torre de Belén de Lisboa. Al preguntar por esta extraña decoración, sus contertulios le explicaron que se trataba de la representación del viaje -de Lisboa a Viena- que realizara un elefante en el siglo XVI, regalo de Juan III de Portugal a su primo el archiduque Maximiliano, yerno de Carlos V, con motivo de su boda. Esta estrafalaria historia fue la inspiración del escritor para dar a luz una novela extraordinaria: El viaje del elefante (2008).

Empiezo por decir que Saramago escribe divinamente; con eso, ya lo digo todo. Sus metáforas son las pertinentes: ni una más ni una menos. Su sui generis sintaxis nos acerca a los personajes y su escritura, a renglón seguido, nos hace dudar de la necesidad de algunas reglas gramaticales. Pero, cuidado, solo Saramago puede hacer esto sin crearnos confusión.

Los tres o cuatro personajes principales de la obra, incluido el elefante Salomón, se quedan cortos frente a un narrador gracioso, candoroso, ingenioso, viajero en el tiempo, docto y guía y consejero del lector. El narrador se hace tu amigo y compañero y te hace pasar tan buenos ratos que hasta te hará reir a solas o, ¡qué apuro!, frente a desconocidos -por ejemplo, en la sala de espera del dentista.

La historia de la novela es simple: el itinerario de un viaje. Pero Saramago, sin querer queriendo, nos la complica. Para muestra, baste un botón: el cornaca indio que se hace cargo del elefante, brahmín él, entabla una conversación, inocente en apariencia, con el comandante portugués a cargo de la expedición -por supuesto cristiano-, sobre los dioses y la religión de cada uno. Las dos cuartillas que registran este diálogo, sacan chispas, por decirlo de alguna manera. Y no han pasado más de una veintena de párrafos de este incidente, que nos lleva a concluir, igual que lo hacen los campesinos lugareños que ven por vez primera a un elefante, que el elefante es Dios. Y claro, el elefante hará milagros, algunos espontáneos y otros por encargo, estos últimos dado que no se puede excluir la hipótesis...de que fritz (el cornaca) haya tocado con el bastón en la oreja derecha de Solimán (Salomón), órgano milagrero por excelencia...Como ya deberíamos saber, la representación más exacta, más precisa, del alma humana es el laberinto. En ella todo es posible.

Dice Saramago: se dice, después de que lo hubiera dicho tolstoi, que las familias felices no tienen historia. Tampoco los elefantes felices parecen tenerla. Y don José se atreve a desafiar el dicho para presentarnos una historia (casi) feliz. No te la pierdas. La traducción de Pilar del Río, excelente.

Y puestos en la realidad (casi) real, acaba de aparecer un libro muy recomendable: Historia de México, publicado por Fondo de Cultura Económica, Secretaría de Educación Pública y Academia Mexicana de la Historia, coordinado por su presidenta, Gisela Von Wobeser. En sus casi doscientas ochenta páginas, trece reconocidos historiadores desarrollan otros tantos capítulos que van desde el espacio mexicano, los orígenes y desarrollo de Mesoámerica y la conquista de México hasta el México contemporáneo, pasando por la época colonial, el México independiente y los años revolucionarios. El libro es parte de las conmemoraciones que se llevan a cabo este año con motivo del bicentenario de la guerra de Independencia y el centenario del inicio de la gesta revolucionaria de este país y viene a desbancar a La nueva historia mínima de México que publicara en años recientes El Colegio de México y que fuera, en su momento, un libro muy vendido. Esta nueva crónica de los aconteceres de estas latitudes se presenta en un documento ameno y de fácil lectura; respeta las opiniones diversas de sus autores, actualiza y corrige errores de historias anteriores y es una invitación para adentrarnos en el contenido ¿No sería maravilloso que todos los mexicanos (y algún que otro extranjero) tuviéramos al menos doscientas ochenta páginas de conocimiento de nuestro México lindo y querido, si muero lejos de aqui...Además, estando los libros a los precios que están, éste es un regalo. Buena idea, léanlo y también regálenlo (conste que no llevo comisión alguna).

2 comentarios:

  1. La lectura de "El viaje del Elefante", es como un golpe de aire fresco, al leerlo. Siendo Saramago un Nobel de muy alto pérfil, la lectura se hace muy amena y no por eso fácil técnicamente ya que juega con la sintaxis, y en esa manera de escribir nos atrapa por inusual y divertida, tanto en la forma como en el fondo. Me ha recordado a la figura de Anibal, es algo épico.
    De esta extravagante historia,no por sus protagonistas , hace un libro entrañable y muy gracioso, como comentas, pero no es tan superfluo como se pueda pensar, nos preguntaremos para qué ese viaje, que objeto tiene, al igual que nosotros no sabemos a donde vamos y para que vamos en esta u otra dirección.Creo que para el autor, debio tener un fondo personal, eso sí supo resolverlo al hacer la novela con su clave de humor.

    ¡Por supuesto que todos deberiamos estar al tanto de la Historia de nuestro pais! sobre todo cuando se hace con rigor y con personas de prestigio que nos dan todas las garantias sobre la información, lo pondré en la lista de libros a comprar.Buena idea : leer y regalar.
    Un abrazo, Cósima

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  2. Querida Cósim@:
    Muchas gracias por tu comentario. Un paréntesis: entendí muy bien tu juego de palabras en relación a la paciencia. Me pareció muy ingenioso y divertido. Y ahora sí, a lo de hoy: tienes razón, Saramago juega con la sintaxis y al principio de la lectura de varias de sus novelas resulta un poco "chocante" pero es solo hasta que te habitúas. Después es "coser y cantar"; una delicia. Yo también disfruté mucho esta novela.
    Te mando un beso
    Rosa

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