sábado, 23 de enero de 2010

los senderos que se bifurcan

Divorcio en Buda, de Sándor Márai, es una gran novela. En ella se conjugan la elegancia de un lenguaje bien trabajado, la trama de un thriller que no te permite desprenderte del libro hasta que lees la última frase y un entramado complejo de voces y tiempos que el autor maneja con gran maestría.

A pesar de que sólo hay cuatro personajes principales, dos descritos por los otros dos, Sándor Márai penetra tan profundamente en cada uno que al lector no le queda mas remedio que, como si fuera un terapeuta, establecer conexiones y vínculos entre ellos para llegar, en el último párrafo, a un equívoco: ¿Para Kristóf Kömives empieza una nueva vida después del relato de su amigo o, por el contrario, la vida continúa y él reafirma sus rígidas convicciones y forma de ver la vida?

Las diferentes voces que manejan la novela –Kristóf, el doctor Gainer y el narrador- lo hacen de manera muy clara y delimitada que no sólo no confunde al lector sino que lo interioriza con cada uno de ellos y con sus circunstancias.

La idea principal de la novela me sobrecogió: Anna Fazekas se da cuenta, al pasar de los años y a pesar de llevar una vida “satisfactoria”, que su destino estaba en otra parte, que lo perdió, y ello la lleva a suicidarse. Hasta aquí parece una historia fuerte sin mayores recovecos pero la insistencia del doctor Gainer por descubrir si era cierto lo que su mujer afirmaba hace que la trama se complique. El tema entonces se vuelve universal y nos afecta a todos: ¿Ha habido algún momento en nuestras vidas que hemos pensado en otras alternativas de acción –como en el caso de Anna y Kristóf-, por poco indicativas que parezcan? ¿Las personas que nos han rodeado han sentido esa misma llamada? ¿Han soñado con nosotros correspondiendo a sueños nuestros? La novela, a mi juicio, trata de las posibilidades que no experimentamos, de los caminos abiertos que no transitamos, de las alternativas que no consideramos y que, ante un recuento de la vida vivida se vuelven determinantes..., para bien o para mal.

Y, cambiando totalmente de tema, aunque -ojo- también tiene que ver con la vida, nada más espectacular que hacer la salsa mexicana frente a nuestros invitados: agénciense un molcajete, que como dije, han de llevar a la mesa y, en plato aparte, un jitomate, un chile serrano y un ajo asados, cilantro y sal. ¡Y a darle al molcajete! Lo vi en un restaurante en Oaxaca y dejaba a todos los comensales muy satisfechos al participar en el aderezo de su comida.

3 comentarios:

  1. Lo pongo en mi lista de compras.

    Recomiendo Cain de Saramago.

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  2. Ya leí Caín de Saramago. A mi me pareció buenísimo pero, claro, ha escuchado comentarios muy adversos. Es un libro polémico y, por eso mismo, yo también lo recomiendo.

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  3. ¡Al fin soy tu seguidora!
    No he leído esta novela, pero sí otras del autor. Sin duda Sándor Márai es un escritor profundo, que lleva al lector por caminos inesperados, un gran conocedor del alma humana. ¡Habrá que leerlo!

    Alejandra

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