Hoy empiezo mal, y es que no crea usted que todo es miel sobre hojuelas; es decir, que -entérese- no todo en la vida encaja a la perfección y es bueno y amistoso y enaltece a nuestra especie. Esta semana me ha topado con la mezquindad: ese sentimiento humano que denota falta de nobleza en quienes lo poseen y lo practican sin recato. Resulta que los llamados niños de Rusia, tres mil niños españoles que fueron enviados a ese país entre 1937 y 1938 para salvarlos de la guerra civil española (y de ellos, por cierto, alrededor de un diez por ciento hubo de formar parte del ejército soviético en la Segunda Guerra Mundial) van a ser desalojados, por el Ayuntamiento de Moscú, del centro social donde aún se reunen 161 niños, hoy ancianos, que viven en esa ciudad.
La comunicación del señor N. Petrov, director del departamento de la propiedad del consistorio moscovita, que los refiere como “arrendatarios malintencionados”, plantea: o un aumento de diez veces la renta que se venía pagando cada treinta días (de 635 a 6,291 euros al mes), o los pondrá de patitas en la calle. Y como si la memoria histórica no existiera, en un acto que solo lo empobrece, el gobierno ruso quiere cobrarse en euros, al estilo Shylock, los últimos gratos momentos de convivencia de estos ancianos que se reunen para recordar aquellas ilusiones infantiles que se fueron perdiendo lejos de sus padres y de su patria. El asunto es triste y adolece de la nobleza que se require para aceptar la deuda moral que ese país tiene con esos niños-ancianos. Como dirían los ingleses: shame on you.
Y para seguir con el tema de la mezquindad, qué mejor que leer
“Los adioses” del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. Novela corta pero densa, de estructura simple -en apariencia- pero compleja para el análisis, de resbaladizo personaje principal, de trama que asemeja una cosa y es otra; narración que parece contar una simple anécdota y es un tratado sobre la mezquindad humana, el arte del rumor y la maledicencia. No puedo decir que me gustó porque, la verdad, me cayó como una losa en la espalda. Lo que sí puedo es recomendarla, porque es muy interesante, y discutirla con algún otro ávido lector para compartir visiones.
Lo que no recomiendo es la película Un sueño posible (The blind side, John Lee Hancock, 2009), estelarizada por Sandra Bullock - que se hizo acreedora al Oscar por la mejor actuación en la entrega pasada - y que aunque no tiene nada que ver con la mezquindad -todo lo contrario- es cursilona y nunca llega a despertar emoción alguna. La verdad, ni para pasar el rato.
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La falta de nobleza, o no tener verguenza, no es nuevo bajo el sol, ¿Hacia donde vamos en este mundo? Si ya no ha sido un camino de rosas,la de estos niños-ancianos, si ya su vida no ha sido fácil, les estaban esperando para una de sus últimas bromas de la vida, eso si, el diligente señor Petrov, un hombre sin alma, se ha prestado para esta operación, como si de un avispado inversor se tratara.
ResponderEliminarHoy, como bien dices no son fáciles los temas.
Ahora, sigo con Onetti:
Hace tiempo leí "Los adioses", y la he vuelto hojear para refrescar la memoria y no ha variado la impresión que me produjo, encuentro de siempre al autor hermético y díficil, y cuando lo leo que no ha sido mucho, me ahoga, y pierdo la energia. En este relato la figura del tabernero no se me hace simpatica con sus juicios, que a veces son insolentes y sus opiniones que pasan por encima de los personajes manipulando la historia.
Se va creando en el relato una niebla que va envolviendo al lector, a los personajes, a la trama que nos la pone muy díficil de encontrar, y al final de alguna manera o de otra sólo se quiere salir de la historia, porque logra que no sepamos que hacer con la puesta en escena, la enfermedad, el narrador, las cartas, la mujeres y al final la muerte. Un precioso ejercicio de autor que me desespera como lectora .
Creo que la mezquindad, viene bien a los dos temas que nos ocupan.
Y la Bullock no está a la altura.
Espero tu opinion y te diré que me haces trabajar, un beso Cósima
Cósima, querida:
ResponderEliminar¿Has leído algo de la vida de Onetti? Los últimos años los pasó recluido en su casa (los últimos diez en cama y no por prescripción médica). Un hombre de una timidez abrumadora (baste ver alguna de las pocas entrevistas que concedió)y, sin embargo, se casó varias veces. Es considerado por sus pares más reconocidos como el fundador de la narrativa moderna hispanoamericana.
Creó un espacio virtual (Santa María) en donde desarrolló personajes y situaciones para ese lugar. Dícese (él mismo) influenciado por Faulkner y Conrad. Sin duda un personaje singular muy meritorio (un clasico latinamericano) y cuya obra no dejará de ser tema de académicos. Pero coincido contigo en que sus novelas son (para los mortales) herméticas y difíciles. Están rodeadas de esa niebla (que buen concepto escogiste) que se te pega y te ahoga. Aún así, creo que no he agotado la lectura de Onetti (esperaré para aboradarlo el "mood" adecuado)
Te envio un beso, y si te hago trabajar de más piensa que es un ejercicio netamente terapéutico.
Rosa
¡Vaya trabajera que tengo! mira, estoy pensando y pensando y comparando libro trás libro a partir de la reflexion sobre Onetti, y la verdad es que....En mi opinion, y sólo he relacionado a cuatro escritores con sus ciudades, a saber, Faulkner, Onetti, G.Márquez y Rulfo.
ResponderEliminarPienso que son grandes en la literatura mundial,y todos necesitan fabular:
Faulkner creó Yoknapatawpha y nos vuelve locos con su anarquico lenguaje para explicarnos las miserias humanas haciendose su mundo particular, quizás sea el más lejano a mi, Onetti, como bien dices recibe su influencia y crea su Santa María con ese fondo gris denso, oscuro y meláncolico que contrasta con Macondo la ciudad de G. Márquez, es la fuerza, el color, la vida generación trás generación dentro de lo onírico y la soledad que tambien está presente pero... de otro modo ,con otra visión, fijate que incluso Comala la ciudad de Rulfo, ciudad fantasma, que nos recuerda la muerte constamente pero tacítamente, que se puede confudir con la vida, no me ahoga tanto y como necesito respirar me quedo con Macondo y Comala, me ilusionan y dejo aparcadas de momento las ciudades de Faulkner y Onetti, se necesita un momento puntual y
cuando tenga un rato lúcido intentaré leerlos.
El ejercicio es interesante y terapéutico, tenemos las neuronas sin parar.
Ya me diras, un beso
Cósima
Pues sí que has hecho un buen trabajo. Coincido contigo letra por letra. Y ese estudio comparativo que propones sobre esos cuatro autores que han logrado darle una personalidad propia a sus imaginarios pueblos, bien podría ser una tesis doctoral.¡ A qué nivel estamos llegando!
ResponderEliminarUn beso grande
Rosa