domingo, 13 de junio de 2010

Dos a una

Basada en una novela del escritor estadounidense Philip Roth, la película La Mancha Humana (2003) contiene, como la vida misma, muchas historias a la vez e igual número de implicaciones y complicaciones. Robert Benton (Kramer contra Kramer o En un lugar del corazón) dirige en esta ocasión a un elenco espectacular: Nicole Kidman y Anthony Hopkins, en los papeles estelares y Gary Sinise y Ed Harris, en los secundarios. El film empieza con una charla de tres hombres haciendo jogging en un campus universitario en la que nos remiten al caso Lewinsky-Clinton (1999)-¡seguro se acuerdan!- y al ambiente moralista de aquellos días en Estados Unidos. Esta escena es relevante porque sirve de marco para el desarrollo de la trama fílmica: el respetado profesor Coleman Silk, es acusado por sus pares -y demandado por unos alumnos de origen africano- de manera injusta, por supuestamente haber hecho comentarios racistas. Esta polémica no sólo termina con su carrera académica sino que también acaba con la vida de su esposa, que sufre un ataque cardiaco. Hasta aquí, una historia para reflexionar. Pero la trama sigue adelante: él conoce a un escritor al que le solicita que escriba su historia y esta relación, que se convierte en amistad, tiene el efecto de sacar de su ensimismamiento al escritor, que se había alejado del mundanal ruido; segunda historia. Tercera: Silk conoce y establece una relación sexual y sentimental con una joven mucho menor que él; mi última relación, dice. La chica, la Kidman, tiene una historia personal terrible, empezando por un marido golpeador ex combatiente de Vietnam; cuarta historia. El profesor tiene una serie de flashbacks- quinta historia- que nos llevan a su juventud de la que guarda un secreto inconfesable. Y, finalmente, la sexta, el desenlace de la historia entre Silk y Faunia-Nicole. A mí, me gustó. Está en DVD.


ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS EN 3D (Tim Burton, 2010). La película es una adaptación o una mezcla de las dos novelas fundamentales del matemático inglés, profesor de la Universidad de Oxford -faltaba más- Charles Dodgson. En 1865, Dodgson, bajo el seudónimo de Lewis Caroll, publica Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y, posteriormente, y debido al éxito de la primera, publica una segunda novela titulada A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. La vida de Dodgson-Caroll es por demás interesante y una zambullida a su biografía no le hace mal a nadie, sobre todo, porque da alguna luz a estos cuentos infantiles que no son para niños y quizá tampoco para adultos que no estén preparados para encontrar algo más de lo que dicen las palabras o la trama de las aventuras de la jovencita Alicia. En 1865, cuando Alicia persigue a un conejo y cae en un hoyo sin fondo y se encuentra en la posición de escoger una llave y abrir varias puertas cerradas y hacerse pequeñita y enorme y conocer a la reina de corazones, faltaban aún treinta y cuatro años para que Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis, publicara su famoso libro que revolucionaría el pensamiento en el siglo XIX: La Interpretación de los Sueños. Y parafraseando al poeta Tomás Segovia, por ahí va el asunto de Alicia. Coincidencia o no, la actriz de la película de Tim Burton es Mia Wasinkowska, la misma que en el la serie de TV, EN TERAPIA, protagonizaba a esa jovencita que tenía problemas no resueltos con sus padres; la encantadora y conflictuada Sophie ¿se acuerdan? Pues bien, Sophie-Alicia-Mia, después de enfrentarse a todo tipo de situaciones difíciles y angustiosas, todas consigo misma, decide tomar la espada, matar al dragón, tomar decisiones y..., ser ella. Bien por Alicia.
Chicos y grandes salimos del cine encantados tratando de asir la mariposa azul que, en el último segundo de la película, se escapa del sueño, de la pantalla y..., hasta del cine, claro, por efecto del 3D.

Ay, y quién me manda ir a ver una comedia alemana-turca. Soul kitchen (2010) del director alemán de origen turco Fatih Akin, es de una simplonería espeluznante. El autor tiene otras películas que han merecido el apluso de la crírtica (Contra la pared, 2004 y Al otro lado, 2007) e incluso obtenido premios internacionales. Me imagino que ahora, con mayor confianza en sí mismo, quiso incursionar de manera más ligera en el complicado tema del mestizaje en Alemania.
El protagonista tiene un restaurante de mala muerte en el que sirve, literalmente, “comida hecha con las patas” y que a un grupo de asiduos les parece bien por lo que se refiere al costo-beneficio. En cuanto pretende hacer algo más sofisticado, se le va la clientela y, entre dolores de espalda, la novia de raza pura que se le va a Singapur, un hermano ladrón y jugador y un amigo de la mafia, pierde el changarro, la novia, el amigo y el hermano. Ah, pero aparece una masajista (¿latinoamericana?) que lo saca de todos sus embrollos. Lo que nunca, y solo entre nosotros: me eché una cabeceadita,¿me habré perdido lo importante del filme?. Si quiere, vaya a verla pero conste que es bajo su propio riesgo.

Y sólo para la picaresca: escuché la siguiente conversación en la calle entre dos señoras mayores: ¿Cruzamos la calle? -dijo una-, y la otra le contestó: No, ¿no ves que no hay cruce de cerda, tía?. De pronto pensé que esa señora trataba muy mal a su tía pero luego me di cuenta que había querido decir: no hay cruce de cebra, querida. Hay de formas a formas ¿o no?

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