sábado, 5 de junio de 2010

Lo que no se sabe

¡Qué historia, qué dirección, qué actuación, qué película y qué conclusión! Voy por partes: Robert Harris es un escritor inglés de bestsellers políticos. Estudió letras inglesas en Cambridge, y siendo aún muy joven se convirtió en editor de tres de los más conocidos periódicos británicos. De ahí dió un salto a los libros históricos para pasar a la ficción con la novela Fatherland y posteriormente con Enigma -llevada al cine y estelarizada por Kate Winslet; una trama sobre la segunda guerra mundial ¿la recuerdan?. Pues bien, el señor Harris escribió, en 2007, The ghost writer, un thriller político que, tiempo más tarde, transformaría en guión, junto con el conocido director de cine Roman Polanski, para producir la película homónima. De Polanski no tengo nada qué añadir que ustedes no sepan ya y me voy derecho a los actores: una constelación. Pierce Brosnan (igual de guapo), Ewan McGregor (me encanta), Olivia Williams (que la hemos visto en varias películas; la última, en Una educación donde interpretaba a Miss Stubbs, la profesora) y Tom Wilkinson (que a mi juicio es uno de los mejores actores ingleses del momento). En cuanto a la película, la trama se desarrolla en Estados Unidos en donde, en un solitario paraje (una isla), con toda clase de lujos y tecnología, vive temporalmente un ex primer ministro británico Adam Lang (Brosnan-Tony Blair) que ha contratado a un escritor para que le escriba sus memorias. El escritor muere de manera sospechosa y tiene que contratar a un sustituto que empieza a sospechar...y es entonces cuando the plot thickens.
La película no deja un momento para el cabeceo; está muy bien hecha y mantiene la atención del público en sus casi dos horas de duración. Pero cuando uno sale del cine a enfrentarse con la realidad, esta película tiene la virtud de sumarse a los acontecimientos recientes: en septiembre de 2009, usted recordará, Roman Polanski huyó de Estados Unidos, acusado de violar a una menor de edad, allá por los ochentas, treinta años atrás. Polanski estaba por terminar el rodaje de la película cuando sucedió lo anterior y ésta entonces se concluyó, como usted imaginará, en condiciones bastante adversas.
¿Tuvo algo que ver el enredo real con la ficción fílmica? ¿Hay algo de verdad en las relaciones del exministro Lang y su esposa (¿Tony Blair y Cherie?) con Estados Unidos? Véala y me cuenta.



Y para aquéllos que ya hayan leído La Elegancia del erizo (Muriel Barbery, 2006) y les haya gustado -para todo hay gustos; alguien me dijo que el libro era una bobada-, les tengo una buena noticia: en el año 2000, la misma autora escribió su primer libro (La golosina) que hoy vuelve a publicar la editorial Seix Barral con el título Rapsodia Gourmet. Resulta que la ópera prima de Barbery, francesa nacida en Casablanca en 1969, ha sido traducida a 12 idiomas y ganó en su momento el reconocido premio Meilleur Livre de Littérature Gourmande, aunque no fue el éxito de ventas de La Elegancia..., y quizá por eso es menos conocida.
Barbery comparte en sus dos novelas un mismo edificio burgués francés, en el corazón de París, así como algunos de los personajes que lo habitan. En Rapsodia Gourmet, el edificio de la Rue Grenelle se reduce prácticamente a una habitación en donde yace, a punto de morir, monsieur Pierre Arthens, uno de los críticos gastronómicos más famosos del mundo; ése que, con el poder de su sus sentidos, ha destrozado y encumbrado la carrera de múltiples resposables de fogones por doquier.
Es odiado y querido por voces diversas -entre ellas de animales y objetos inanimados- que se expresan en cada uno de los capítulos de la novela. Pero el pobre de monsieur Arthens no logra morirse de una vez porque hay un sabor, de los múltiples que ha degustado, que no recuerda: el sabor de la felicidad; aquel sabor, con aquella textura, con aquel olor, con aquel sonido al masticarse , con aquella gama de colores, que una vez lo hizo sentirse sublime. Por momentos Arthens se confunde y cree haberlo encontrado: ...bajo el tilo centenario,entre perfumes y papilas,mordía los hermosos frutos púrpura escogidos por la tía Marthe..., pero no, no era ése, así que debe seguir su agonía. Arthens escarba entre los más recónditos entresijos de su memoria y por allí aparecen sus abuelos, sus padres, sus desatendidos hijos, su venida a menos esposa, sus amigos y enemigos, sus amantes..., en fin, todo aquél o aquéllo que tenga algo que decir sobre los sabores de Arthens. El resultado: una novela sensual y elegante..., un bocado exquisito.

Y los aburro con unas cuantas líneas más para redondear el asunto Barbery: Mona Achache, directora de cine francesa, se ha atrevido a llevar a las pantallas una adaptación libre de la novela La Elegancia del Erizo (El Erizo, 2009). Y digo que se ha atrevido porque el reto de traducir el código literario de la novela no era sencillo. Sin embargo, para mi gusto, resultó un film interesante aunque creo que se cometería un error al tratar de compararlo con la novela. Achache tuvo el buen tino de haber hecho una interpretación libre del documento literario y el resultado es una película fresca y sin ataduras..., que nos recuerda la novela. La música de Gabriel Yared, buenísima y buenas también las interpretaciones de Josiane Balasko, Garance Le Guillermic y Togo Igawa.

1 comentario:

  1. Gracias, por la adelantada invitación a ver la película, que llegará a México algún día. Supongo estas en España, Barcelona, te mando un beso y un saludo a Tomas.

    Alejandro

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