sábado, 10 de julio de 2010

Encuerarse

Me ha llamado la atención la convocatoria que desde hace cuatro años lanza la editorial Santillana junto con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo: Lecciones y maestros, en la que se reúne, en el hermoso pueblo medieval de Santillana del Mar, a unos cuantos escritores para analizar la obra de tres de ellos. En esta ocasión, sentados en el banquillo, estaban: Héctor Aguilar Camín, Rosa Montero y Manuel Vicent. En los tres días que dura el encuentro, entiendo que las reuniones comienzan con la disección de la obra de los autores analizados (uno cada día), nada menos que a cargo del propio interesado. Como se ve, parece tratarse de una especie de autopsicoanálisis literario grupal, es decir, se trata de “encuerarse” en público. El periódico reporta que Aguilar Camín, que fue el primero en la pasarela, se refirió a sí mismo en tercera persona para decir que no sabía qué decir del escritor que llevaba su mismo nombre. Dijo que ese escritor escribía sin fe en lo que escribe, y que lo que escribe está lleno de fragmentos que no van a ninguna parte. Dijo que por dentro se le revuelven los temas de siempre: el poder, la política, el amor, las mujeres misteriosas, el periodismo, la historia, el whisky y el México, trágico, pujante y violento. Dijo que su carrera de escritor la había empezado tarde en la vida, con su novela Morir en el Golfo, y que ahora, el escritor del que habla quisiera escribir al menos un libro largo, ya que conoce el “estado de gracia” que ello representa. Debió ser una sesión muy especial ya que con sólo la lectura de la breve síntesis periódística, Aguilar Camín, por lo menos a mí, me mueve algunas fibras y me hace resonar con él. Y me hace tener ganas de releer Morir en el Golfo y me mueve a animarlo a que escriba esa novela larga que está esperando su pluma. Cuando tocó el turno a Rosa Montero, dijo de sí misma que a veces le era difícil diferenciar lo vivido de lo soñado y de lo inventado, todo parte de una misma nebulosa. Empezó a escribir desde niña pero aún así considera que escribir una novela no es “coser y cantar”, es más bien como picar piedra y requiere de tomar decisiones en cada párrafo y para cada palabra. Sus novelas, dijo, son carreras de larga distancia. Rosa Montero, para el que la haya leído sabrá que es una profesional de la escritura. De ella se dijo que tiene tres temas recurrentes en sus novelas: la muerte, la memoria y la mentira, mismos que liga con la libertad, la felicidad y la verdad posible. Uno de mis libros favoritos es La loca de la casa de doña Rosa Montero. Se los recomiendo.

Finalmente, le tocó su turno a Manuel Vicent (Castellón, 1936). De él no he leído nada y lo confieso con algo de vergüenza y pena porque su “radiografía” en este encuentro también me hace entrar en resonancia con su visión de la literatura y de la vida. Dijo que la doble vertiente entre la estética y la moral ha sido el fundamento de toda su literatura y añadió: la rebeldía consiste en no resignarse nunca a vivir sin belleza y sin libertad y también sin un placer exento de melancolía...Habrá que leerlo.

Y Woody Allen, otro encuerado. Para aquellos que dijeron, despues de Vicky Cristina Barcelona, que Woody Allen estaba acabado, su última película Whatever Works (2009), es genial. El principal protagonista, Boris Yellnikoff (estelarizada por Larry David, muy conocido por haber sido el cocreador y guionista de la exitosa serie televisiva Seinfeld) toma la palabra y se dirige a la cámara para, mediante un monólogo, introducirnos a su vida (que, por cierto, y no me sorprende, se parece mucho a la de Allen). A partir de ahí se desarrolla la trama de la película que resulta divertida, ágil y profunda. Las tesis principales: el factor suerte y la aceptación de que todo lo que te haga sentir bien está bien, aunque suene desquiciado y sea abigarrado. En palabras de Allen en Match Point, otro de sus bien conocidos filmes: aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. ¿Será?

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