La película La duda (2008), protagonizada por Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman (en 2005 recibió el Oscar al mejor actor por su interpretación de Truman Capote) y Amy Adams (Julie & Julia) plantea una problemática que en los últimos tiempos ha sido primera plana en los periódicos de todo el mundo: la pederastia en los colegios religiosos. En una escuela en el Bronx, en 1964, el padre Flynn, liberal y moderno, se enfrenta con la la hermana Aloysius Beauvier, la estricta e intolerante directora de la institución que durante años la ha conducido mediante el miedo y el castigo. Un nuevo alumno negro ha llegado al colegio y éste es el pretexto para que se desate una lucha “a muerte" entre los dos personajes. La trama se va por el lado del abuso sexual, y el religioso es acusado por un delito en el que no hay pruebas concretas, sólo insinuaciones. El espectador, para no quedarse con la duda, ha de tomar partido. Muy interesante y ¡muy bien dirigida y actuada!
Rodrigo García, el hijo cineasta del famoso escritor Gabriel García Márquez, se ha apuntado otro acierto en sus haberes. Después de las series televisivas Terapia y Six feet under, que me encantaron,acaba de estrenar la película Madres e hijas (Mother and child, 2010) protagonizada por Naomi Watts (inglesa-australiana, nominada al Oscar en 2004 por su trabajo en la película 21 gramos), Annette Bening (dos veces candidata al Oscar como mejor actriz por American Beauty y Conociendo a Julia) y Kerry Washington (El último rey de Escocia, Mr and Ms Smith), en la que se mete en las profundidades de las relaciones entre una madre y una hija. La anécdota es única pero García sabe encontrar las generalidades para que los espectadores se sientan involucrados con la historia. Las figuras masculinas de la película son hombres sensibles y anuentes a las circunstancias pero, tal y como es en la realidad, hay lazos que no les compete anudar. Entre las madres y las hijas existe un lenguaje en el que sin mediar palabra se comunican, en el que se trasmiten deseos y frustaciones y en el que se establece, siempre, una lucha para independizarse la una de la otra. El lazo invisible, incoloro, inodoro, intanginble e indestructible entre madre e hija perdura en el tiempo, el espacio y hasta en la muerte. Eso es lo que nos quiere decir Rodrigo García en esta película en la que ha dejado que los actores actúen con naturalidad, que se expresen y que sean. Un acierto. De acuerdo al cinasta: la película versa sobre “tres mujeres fuertes y controladoras que se enfrentan a cosas que no pueden controlar"; demasiado sintético para mí, que le encontré a esta película muchas otras gracias. Les aseguro que no se van a dormir. Por cierto, los productores del film son los mexicanos González Iñárritu, Del Toro y Cuarón.
También González Iñárritu es el productor ejecutivo de otra película de Rodrigo García: Nueve vidas. La busqué en DVD y ¡bingo!, la encontré. Este film, estrenado en el 2005, sigue la misma línea de los trabajos del cineasta colombiano-mexicano: es la representación intimista de las mujeres protagonistas; nueve momentos (de diez o doce minutos cada uno en pantalla) en el transcurrir de sus vidas que nos dejan ver las cárceles en las que están atrapadas. De hecho, la primera historia nos presenta a una mujer en prisión mientras que las restantes protagonistas, aunque están libres, viven aprisionadas por sus propios fantasmas: sus cuerpos, sus relaciones familiares, sus pasados, sus circunstancias. Y si el guión (también autoría de Rodrigo García) es muy interesante, la dirección y la forma de darle continuidad a los pequeños “flashazos” de cada historia, me pareció magistral. Encontré una narración (de Julie Lynn, productora asociada) de cómo se hizo la filmación; comparto algunos párrafos: El desafío de hacer una película en nueve escenas continuas de entre 10 y 14 minutos se convirtió en una bendición y una maldición. Solamente nueve localizaciones – pero nueve lugares que tenían que estar inmaculados y preparados para rodar planos muy largos que se moverían en cualquier dirección. Solamente entre dos y cuatro días de trabajo para cada actor con la complicación de contar con actores muy solicitados, y el problema añadido de encontrar hueco en sus agendas durante el corto periodo de producción. Solamente tres semanas de rodaje que requerían un equipo muy preparado y experimentado dispuesto a embarcarse en este desafío técnico y humano...La idea de tomas continuas, fue por supuesto, particularmente interesante para nuestro reparto. No hay oportunidad de parar y volver a comenzar a mitad de una escena, no hay planos de resguardo ni de repetir para conseguir diferentes estilos y sutilezas. Muy emocionante, ya que sería la oportunidad de una interpretación continua y real. De hecho, más de un actor dijo que considerásemos hacer “Ocho Vidas” si su pieza no funcionaba. El reparto al completo fue excepcional. Todos tenían ganas de entregarse por completo y demostrar su enorme talento. Rodrigo siempre dice que nunca conoce completamente a sus personajes hasta que el actor se lo presenta. Para esta película esto es especialmente verdad ya que estos actores, extraordinariamente dotados, añadieron tanto a los personajes que los llevaron a otro nivel.
Amigos, ¡lo qué hay tras bambalinas!
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