lunes, 6 de septiembre de 2010

Coincidencias

En esta semana terminé de leer el libro Un mundo para Julius (1970) del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique (Lima, 1939); por otro lado, tuve la oportunidad de ver la última película del cineasta mexicano Luis Estrada (1962), El Infierno. Dos temas opuestos que, me temo, tienen muchas coincidencias.
El libro describe con fino detalle la vida de la oligarquía peruana (o cualquier otra; todas son parecidas) valiéndose de la inocencia de un niño de cinco años que va creciendo con el lector hasta los once años de edad. Vivencias, relaciones, enseñanzas y descubrimientos infantiles y adolescentes forman un todo con el que Alfredo Bryce ironiza sobre la vida de los más ricos. Viven en palacios pero se construyen otros, tienen coches pero compran más, hacen fiestas pero son insuficientes; viven con la superficialidad en la boca y, peor aún, en la cabeza. El mensaje general de la novela es que los super ricos (aquéllos que en Estados Unidos son casi 300 y en México, 13; los billonarios) ni sufren ni padecen, viven en una especie de limbo en el que las desgracias que les ocurren se superan como por arte de magia: papá murió cuando el último de los hermanos en seguir preguntando dejó de preguntar cuando volvía papá de viaje, cuando mamá dejó de lloorar y salió un día de noche, cuando se acabaron las visitas que entraban calladitas y pasaban de frente al salón más oscuro del palacio (hasta en eso había pensado el arquitecto), cuando los sirvientes recobraron su mediano tono de voz al habla, cuando alguien encendió la radio un día, papá murió.
El niño Julio (Julius), el pequeño de la familia, criado entre las criadas, es el único que parece darse cuenta que fuera del palacio donde vive hay otros mundos a los que él, por desgracia para su curiosidad infantil, no tiene acceso: ... recuerdas que durante los viajes a los que nos llevaba mi madre cuando éramos niños, solíamos escaparnos del vagón-cama para ir a corretear por los vagones de tercera clase. Los hombres que veíamos recostados en el hombro de un desconocido en un vagón sobrecargado, o simplemente tirados por el suelo, nos fascinaban. Nos parecían más reales que las gentes que frecuentaba nuestra familia... hemos nacido pasajeros de primera clase; pero, a diferencia del reglamento de los grandes barcos, aquello parecía prohibirnos las terceras clases.
En algunos episodios la novela se torna chocante, seguro de manera premeditada por el autor, y el lector tiene que regresar, para mantener el equilibrio, a aquel título de telenovela que en los años setentas tanto reconfortara a las clases medias: "Los ricos también lloran". Pero el punto que yo quería resaltar tiene que ver con el mundo que se le ofrece a ese niño rodeado de encajes y tafetanes. A diferencia de lo que uno pensaría en el sentido de que el poder económico te brinda todas las opciones posibles, parece ser, de acuerdo a la novela, que el tener todos los bienes materiales que se te ocurra, te predestina, te limita, te acota. Julius no tiene más remedio que ser como sus hermanos y sus padres y sus tíos; no puede ser como las sirvientas, o los vagabundos o los albañiles en los que él encontraba, contradictoriamente, un mundo más rico. La novela termina con un Julius que percibe este sino: ...quedaba un vacío grande, hondo, oscuro... Y Julius no tuvo más remedio que llenarlo con un llanto largo y silencioso, llenecito de preguntas, eso sí.

¿Y qué mundo le ofrece El Infierno, la película, a los jóvenes? En el otro lado de la gama social está la pobreza, los pobres que ansían ser ricos. En un pueblo del norte de este sufrido país bicentenario, se centra la trama de la película, cuyo guión, al igual que el de La ley de Herodes del mismo director, es de la autoría de Jaime Sampietro.
Cuando El Benny (Damián Alcázar) regresa a su pueblo después de veinte años de bracero en Estados Unidos, encuentra que el narco se ha apoderado de la región y que los habitantes, cual más, cual menos, queriendo y no queriendo, directa e indirectamente, tienen nexos con la mafia. El Benny, que regresa al terruño, al hogar, a trabajar por los suyos, no tiene otro remedio que enrolarse en el crimen organizado y ahí empieza una historia violenta, sangrienta y despiadada... dicen que de humor negro. El final es evidente, El Benny muere y su sobrino, al que el tío trata de llevar por otro camino, no puede, al igual que el Julius de la novela de Bryce Echenique, evitar su sino: se vuelve mafioso. El director, mediante una caricatura de hechos, nos muestra el mundillo manejado por las mafias en connivencia con las autoridades. Nos muestra los extremos, los excesos, las parodias a las que se puede llegar y que empiezan a parecerse mucho a la realidad que nos rodea. Creo y espero que esta película sea en el futuro un referente del pasado; hoy en el presente, no le encontré el humor (ni blanco ni negro), no me hizo reír en un solo momento y sí, me preocupó enormemente el mundo que hoy le ofrecemos a nuestros julios.

4 comentarios:

  1. Rosita:
    El tema que abordas hoy es motivo frecuente de reflexión personal, ¿cómo ofrecer a mis niños una amplia visión del mundo que les rodea?, ¿cómo hacer para no limitar sus horizontes con mis propios intereses? Esto empeora cuando volteo y veo una sociedad en decadencia, en la que mis niños son de los pocos privilegiados a los que con todo y mi preocupación, se les ofrece un vasto mundo de posibilidades, a diferencia de muchos millones de niños y jóvenes para los que su destino está marcado. ¿Qué hacer? ¿cómo contribuir para que esto cambie? Tema angustiante el que elegiste hoy, definitivamente, la película "El Infierno" no me tendrá dentro de su lista de espectadores.
    Un beso,
    Alejandra

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  2. Querida Rosita, el otoño está cerca y vuelvo a leer tus críticas con entusiasmo.Necesito este orden que nos impone esta época del año,y la disciplina de un trabajo semanal que me ayuda a recomponer la cabeza y las ideas.
    Sería muy largo contestar a todo tu trabajo de estos meses que me parece admirable, pero si te parece me pondré al dia con Julius.
    No he leido la novela, pero si conozco al autor, uno de los buenos de la cantera Peruana.
    Como siempre , algún hecho importante y que no podemos controlar "el fatum" (destino) y la muerte. es el punto de inflexion para posteriores acontecimientos, en el que nos ocupa, es la muerte del papá de JUlius.
    Este niño tiene la necesidad de transgredir, y pasar la raya de lo prohibido en su caso, al querer el contacto con ese otro mundo (los criados)es un imán y allí encuentra todo lo que necesita y no conoce, el miedo, hambre, las necesidades básicas "Tener todos los bienes te límita y predestina", ¡que buena reflexion!.
    Me pregunto ahora y aquí, que responsabilidad tenemos nosotros en nuestro tiempo con los más jóvenes,alguna tenemos y vamos viendo generaciónes válidas, pero tan ajenas a lo que podría suponer la felicidad de una vida más sencilla "nada sabe tan bueno como lo que cuesta".
    Los tópicos suele ser muy válidos en estos casos pero cuando ponemos pie en tierra, vemos que la felicidad es otra cosa, los oligarcas manejan todo lo que pueden pero siempre algo se les escapa.....El consumo te consume, y caemos todos los dias ante esto.
    Muchos darian todo por comprar lo cotidiano y sincero: el café con unos amigos, una carta de amor, una flores....nos estamos perdiendo un mundo bonito y debemos ser avispados y no dejarnos comer el terreno, los que vienen detras tienen derecho a disfrutar de otro mundo, no sé si la ambición les dejará.
    Un bonito libro para esta ocasión, MENOS ES MAS.
    Un beso, Cósima

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  3. Querida Alejandra:

    Si bien mi reseña de esta semana rezuma pesimismo (y no es para menos), ahí te va un comentario más optimista que justamente me lo provoca tu respuesta: yo tengo mucha fe en el ser humano, en su ingenio y en los múltiples casos en los que ha mostrado su buena fe y su inteligencia colectiva; saldremos de esta crisis al igual que hemos salido de muchas otras. Hay muchas, cientos, miles, ejercitos de madres que, como tú, están preocupadas(y, sobre todo, ocupadas) por el futuro de sus hijos. Ellas (nosotras) lo van (lo vamos) a lograr. Mi padre siempre nos decía: "acordaros que, a la larga, el bien siempre triunfa sobre el mal". Habrá que estar muy cerca de nuestros niños y jóvenes (cada quien desde su trinchera) y tener un poco de paciencia.
    te mando un gran beso
    R

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  4. QUERIDA CÓSIMA, TE HE EXTRAÑADO. TUS COMENTARIOS SIEMPRE SON MOTIVADORES Y UNA INVITACIÓN A REFLEXIONAR EN ALGÚN ASUNTO QUE O NO HE TOMADO EN CUENTA EN EL BLOG, O ME HACE PENSAR DOS VECES. QUÉ BUENO QUE YA ESTÁS POR AQUÍ. DICES QUE "LOS QUE VIENEN DETRÁS TIENEN DERECHO A DISFRUTAR DE OTRO MUNDO, NO SÉ SI LA AMBICIÓN LOS DEJARÁ". TIENES TODA LA RAZÓN: NUESTRA GENERACIÓN (Y TODAS LAS ANTERIORES) HEMOS HECHO COSAS BUENAS Y MALAS,HEMOS DADO PASOS HACIA ADELANTE Y TAMBIÉN, PROVOCADO RETROCESOS, PERO EN DEFINITIVA, TOCA A LAS GENERACIONES QUE SIGUEN (AL IGUAL QUE NOS TOCÓ A NOSOSTROS) BUSCAR SUS PROPIOS PARADIGMAS Y SUS PROPIAS UTOPÍAS. A NIVEL INDIVIDUAL MUCHOS LOGRARÁN ALCANZAR UNA VIDA PLENA, VEREMOS QUÉ PASA A NIVEL COLECTIVO.
    CÓSIMA, UN BESO FUERTE.
    ROSITA

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