sábado, 2 de octubre de 2010

De arrebatos a arrebatos

Del escritor Francisco Martín Moreno (México, D.F, 1946), la colección de historias noveladas sobre la vida íntima de destacados personajes del devenir mexicano, Arrebatos carnales (Planeta, 2009), me ha parecido un malogrado arrebato... de indiscreción . En el prólogo, el autor nos invita a acompañarlo a "descubrir secretos ignorados durante siglos" que él mismo conoció "oculto en armarios o escondido debajo de la cama o en la sala de baño o disfrazado para entrar ..." Así, en nuestros ratos de lectura nos convertiremos en cómplices de una especie de cotilleo. Y como no conozco a nadie que no sea chismoso (a) -admitiendo que hay graduaciones- el tema promete múltiples lectores. De hecho, el libro ha estado agotado y, desde su primera edición en noviembre de 2009, lleva por lo menos cinco reimpresiones. Tal ha sido el éxito que el autor planea abordar -es decir, pillar en diversos arrebatos eróticos-, a otros ilustres mexicanos y mexicanas en sendos libros que han de titularse: Con las sábanas blancas y Con las sábanas verdes (creo le van a faltar las sábanas rojas).
Arrebatos carnales, dice su autor, es el afán de escribir sobre personajes de carne y hueso: me aburrí de estudiar permanentemente a los grandes protagonistas de la historia de México como estatuas de mármol blanco, ...como si fueran semidioses incapaces de tener tentaciones, ni debilidades carnales como acontece en todos los seres humanos... en realidad, la Iglesia ha hecho de nosotros unos muy buenos hipócritas...¿hasta qué punto el erotismo ha logrado cambiar la historia de México? De no haber sufrido la decepción amorosa, Morelos nunca hubiera entrado al seminario, ni conocido al cura Miguel Hidalgo... Es importante conocer a este hombre volcánico, que se enfrenta a machetazos por una mujer, gana el duelo, pero ella lo abandona, dando un giro en la vida personal de Morelos y en el destino de México.
Martín Moreno nos cuenta la "verdadera" historia de Maximiliano y Carlota -él bisexual y ella amante de su guardián,el coronel Alfred van der Smissen-;nos advierte sobre Morelos, su amada, su amante y sus tres hijos; nos describe a Porfirio Díaz en la noche de bodas con su segunda esposa, Carmelita Romero Rubio; nos pone al corriente de lo sucedido en el cuarto de hotel, en Toluca, entre José Vasconcelos y Antonieta Rivas Mercado, y nos alerta sobre el amor de Sor Juana por la XI condesa de Paredes de Nava. Sin embargo, el propio Martín Moreno está consciente de que: toda la historia es cuestionable, la historia es una disciplina dinámica, siempre van saliendo nuevas informaciones, nuevos datos y hechos, por lo tanto uno debe permanecer atento; yo escribí estos Arrebatos Carnales, pero no quiere decir que dentro de 20 años o mañana mismo aparezcan nuevos informes y datos duros que cambien la realidad. Pero ¿a qué realidad se refiere este escritor? Es verdad que él trata de corroborar sus decires mediante algunos documentos e inferencias -así debió haber sido dadas las circunstancias- pero el problema es que "sus momentos íntimos", los que le dan valor a este libro -y, por cierto, también su título- son poco creíbles y no llegan a despertar, por un mal manejo de los diálogos, esa llama que uno espera encontrar. No puede uno creer la escena de amor entre Carlota y su amante, desnudos en un paraje de Chalco al que habían llegado para hacer un día de campo, como tampoco es verosímil la charla entre Maximiliano y Carlota cuando ella le confiesa que está embarazada, o la ingenuidad de Carmelita Romero o el diálogo de Porfirio Díaz con Dios, entre otros episodios. Y no digo con esto que el libro no tenga su valor y que no se preste a sabrosas discusiones de sobremesa, pero... para mis expectativas (sobre todo por haber leído otro libro del mismo autor que me gustó y por estar de acuerdo con él en desmistificar a nuestros personajes históricos) a este libro ¡le faltó!

Y para hablar de otra historia de arrebatos me referiré a la película "Wall Street", un verdadero arrebato, en este caso, de codicia. Resulta que en 1987 -¿quién lo recuerda?- el famoso actor Michael Douglas (que tiene ahora 66 años) ganó un Oscar y un Globo de Oro por su actuación en la película cuyo título es un homónimo de la famosa calle de Manhattan en la que se desarrollan las principales transacciones financieras del mundo: Wall Street. Pues bien, hace unos días se estrenó en varias partes del mundo una secuela de esta película, dirigida también por Oliver Stone (JFK: caso abierto, Nacido el 4 de julio, Platoon) y actuada por el propio Michael Douglas, acompañado por el joven Shia LaBeouf (hijo de Indiana Jones en la última película de Spielberg) y por Carey Mulligan (la actriz de An Education). Wall Street: el dinero nunca duerme (2010)retoma la trama de la primera Wall Street y, veinte años después, la refiere a la crisis económica actual: la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias macro y personales. La película trata de tiburones, pero no marinos sino financieros: allí están las mafias, la codicia y la rapidez de los cambios y de las decisiones como parámetros con los que se mueve Wall Steet. Allí no hay querencias, parentescos o amistades, allí lo que impera es la ambición por el dinero. Mediante una fotografía excelente que "mete" al espectador en el Manhattan bullicioso y acelerado, nos enteramos de lo que hacen y deshacen los banqueros en el Olimpo para que, los humildes terrestres, no podamos pagar las hipotecas de nuestras casas. Si sirve de consuelo, ellos también sufren aunque en la escena final, en una evocadora fiesta infantil, los pequeñitos, hijos y nietos de este grupo social que tiene sus oficinas en Wall Street, juegan a hacer pompas de jabón que vuelan por el espacio neoyorkino mientras el espectador no puede dejar de pensar que esas inofensivas esferas transparentes se convertirán en la burbujas inmobiliarias del futuro. O sea que, aunque salgamos de la crisis actual, los futuros banqueros seguirán haciendo de las suyas.

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