Para ilustrarme. Tener en tus manos un libro bello, no tiene precio, es un placer. En estos días he tenido la oportunidad de hojear un placentero libro que se relaciona con una pregunta que hice hace tiempo en este mismo blog: ¿qué pasó en México con los trenes? (y hoy agrego, ¿por qué se estancó el desarrollo ferroviario?¿por qué en México no viajamos en el medio de transporte más cómodo, agradable y civilizado que existe?) El libro en cuestión se titula Los ferrocarriles mexicanos en el arte y en la historia (1994). Es este un libro de formato grande, de pasta dura, de hojas de papel couché y con múltiples -y excelentes- fotografias e ilustraciones. La iniciativa de elaborar este libro correspondió a Jorge Tamayo, en ese entonces director general de Ferrocarriles Nacionales. La coordinación estuvo a cargo de Leonor Ludlow y participaron en la investigación personajes de la talla de Marcela Fernández Violante, Carlos Montemayor, Luis Rius y Alfonso Morales, entre otros.
La idea de intercalar la parte histórica del tema, que por sí solo pudiera resultar aburrida para los no iniciados, con la problemática social de los diferentes momentos; con la pintura, la música, el cine, la escultura y la literatura, de diferentes momentos del acontecer mexicano, hacen que de inmediato el lector se sienta identificado y curioso.
Lo que he concluido despues de leer el texto y de ensimismarme con sus fotografías -que por cierto dicen mucho de lo que allí pasó- es que de 1837, cuando el presidente Anastasio Bustamante otorga la concesión para la construcción de un ferrocarril en México, a 1880, se tendieron 1,073 kilómetros de vías férreas y en los siguiente cuatro años este número se incrementó a 5,731 kilómetros. El ferrocarril estaba en auge y el país empezó a comunicarse mediante un medio moderno y eficiente; sin embargo: ...durante los años del progreso nadie hubiera pensado que el mismo vehículo de interacción y cohesión política sería años más tarde el difusor de la insurrección contra ese régimen que ponderó el ferrocarril como bastión del crecimiento económico y la estabilidad política alcanzada. No es exagerado pensar que la campaña que Francisco I. Madero inició en junio de 1909 encontró su apoyo esencial en el ferrocarril. Y los años y los personajes que siguieron también tuvieron como apoyo este medio de transporte. Y claro, ya para el año de 1922: ...la deuda ferroviaria pasó a ser la mitad de la deuda nacional, es decir, la Revolución tuvo su efecto en los ferrocarriles.. En 1933 se funda el primer sindicato de este gremio y en 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decreta la nacionalización de Ferrocarriles Nacionales. Entre 1942-45 se repararon o sustituyeron tres mil kilómetros de rieles y durmientes, y de 1947 a 1955 se repararon 3,631 kilómetros de vías férreas y, se dice en el libro,que de 1950 a 1960 se construyeron cientos de kilómetros de vías. A partir de la Revolución Mexicana, de 1910 y hasta 1996, el gobierno fue propietario y responsable de la operación de la red ferroviaria que existía en México, a través de Ferronales. En el año de 1996, el gobierno estableció un programa para privatizar su sistema ferroviario al dividir Ferronales en diversos sistemas regionales, para posteriormente vender las sociedades concesionarias de cada sistema, mediante licitaciones públicas.Conforme a la publicación “The Railroad Facts” de la Association of American Railroads, Ferromex es hoy el operador ferroviario más grande de México, en términos tanto de cobertura por número de kilómetros como de número de carros usados en la prestación de sus servicios, principalmente servicios de carga general e intermodal por ferrocarril, al igual que otros servicios auxiliares, que incluyen el transporte de pasajeros (casi inexistente), arrastres intraterminal y servicio de terminales automotrices, entre otros. Ferromex cuenta con la cobertura más grande del sistema ferroviario mexicano con 7,108.6 Km. de vías principales y 1,001.9 Km. de ramales ( haga usted cuentas de su crecimiento en cien años).
Lo que se omite en el libro (y que fue la puntilla para el desarrollo ferrocarrilero) es la gran huelga organizada por Demetrio Vallejo que paralizó al país, en la época del presidente López Mateos.
Lo que siguió, tuvo sus altas y sus bajas y sus intentos de revivir al muerto; los especialistas dirían que es un problema multifactorial. Estando de acuerdo, yo lo resumo como: desazón y abandono (baste ver las fotos del libro). Y no puedo dejar de pensar: ay, no nos vaya a pasar lo mismo con otras industrias importantes mexicanas que van por el mismo camino; y haciendo una mayor abstracción, pienso, ¡ay no nos vaya a pasar lo mismo con la educación!
El sistema de ferrocarriles en México es ya una entelequia; asumámoslo. Su futuro lo destina como un servicio de segunda o de tercera. Sin embargo, el libro al que he hecho referencia es un gozo que despierta muchas nostalgias.
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Querida Rosita:
ResponderEliminarEs una realidad lo que mencionas sobre la situación de los ferrocarriles en México. Desde hace varios años, el gobierno ha preferido promover la construcción y uso de las carreteras, algunas con inversión privada.
Al igual que sucedió con los ferrocarriles, muchas de ellas padecen de abandono y no tienen mantenimiento.
¡Cruzo los dedos para que no sigan ese camino: nuestro país, sus ciudadanos, sus empresas e industrias, su educación, sus instituciones, etcétera!
Besos, Ma. Elisa