Si alguien está interesado en saber quién era quién en la época de la Revolución mexicana, de 1910 a 1915, no debe dejar de leer el libro A salto de mata (Tusquets, 2009), de la investigadora Susana Quintanilla (ciudad de México, 1956). El libro se anuncia como una biografía de Martín Luis Guzmán, y de hecho lo es, pero también es más que eso. Las cuarenta y nueve hojas de bibliografía consultada por la autora avalan lo anterior. Susana Quintanilla ha hecho una magnífica y detallada investigación alrededor de la vida del escritor y al hacerlo ha retratado a muchos otros personajes principales de la contienda bélica por la que atravesó el país en esos años. También la doctora Quintanilla hurga en los años anteriores a la Revolución y, más allá, nos brinda un buen retrato del padre de Martín Luis, el coronel Martín L. Guzmán Rendón, nacido en Mérida en 1853, personaje controvertido; poco conocido y escasamente reconocido por sus méritos en el desempeño de su labor dentro del ejército mexicano.
Mientras que El águila y la serpiente y Las memorias de Pancho Villa, las dos principales obras escritas por Martín Luis Guzmán, nos dan cuenta novelada de los personajes y acontecimientos de aquellos años, la investigación de Quintanilla nos lleva a los datos "duros", a los hechos, a las relaciones y a las contradicciones entre los archivos documentales y la memoria del autor, tamizada por los años transcurridos entre lo vivido y lo escrito.
La investigadora acierta al llevar al lector a fijarse en los detalles que permitiron -u omitieron- tal o cual situación, tal o cual acción. Queda muy claro en esta investigación que aunque el factor suerte -buena o mala- juega un papel muy importante en el rumbo de la vida de Martín Luis Guzmán (¿y de quién no?), éste tenía, desde temprana edad, la idea de ser escritor. Dice Quintanilla: ...cumpliría 26 años el 6 de octubre de 1913. Tenía dos empleos, la misma cantidad de hijos y una columna literaria que, una vez pulida, podría llegar a ser una obra de mayor alcance. Se sustrajo del caos que lo rodeaba, se rodeó de referencias bibliográficas y de amistades intelectuales, y se dispuso a escribir. En medio de estos afanes fue creciendo en él la exigencia de abandonar todo, paisaje, familia, aires y comida, y de cambiar hasta de amigos. Sin embargo, "el caos en el que vivía" no le permitió conseguir en ese momento su afán y no sería hasta un tiempo después que se dedicaría a cumplir con su destino.
Varios son lo pasajes del libro de Quintanilla que llaman la atención y despiertan el interés pero para mí, los de mayor trascendencia son, por un lado, la lucha personal del joven Guzmán por encontrar sentido a su participación en alguno de los grupos revolucionarios - que eran muchos- y, por otro, su relación con Francisco Villa, un personaje tan alejado de su propio mundo y de sus convicciones y concepciones: un jaguar, como lo describiría en El águila y la serpiente.
En relación con su lucha interna, Quintanilla afirma que Guzmán utiliza un artilugio político y literario para lograr la paz consigo mismo. Existe una carta, no apócrifa pero sí engañosa, ... para dar mayor autenticidad a los últimos episodios del "El águila y la serpiente": ...y (para) acallar las murmuraciones acerca de la actuación de Guzmán en la escena revolucionaria de 1915. La autora nos dice que:...vista de este modo, la carta es...la experiencia de un joven que pasa de las aulas universitarias a pleno movimiento armado. A lo largo de 18 meses el novicio descubre las maravillas y los tormentos de este mundo, la naturaleza salvaje de las criaturas que lo habitan y la incompatibilidad entre ellas y su propio ser. Entonces decide partir al extranjero y honrar de esta forma los valores que lo habían impulsado a correr la aventura. Rompe sus lazos con los distintos bandos en pugna para no traicionar a ninguno de ellos y mantener vivo el espíritu original del levantamiento en contra de Victoriano Huerta.
En cuanto a su relación con Villa, son de rescatar dos momentos principales: la forma en la que lo conoce, descrita magistralmente en El águila y la serpiente, y la situación en la que, sin decirse adios, sino hasta luego, se da la última reunión de estos dos personajes. Ese último día, Villa, en lugar de fusilar a Guzmán - gran incógnita para el escritor durante toda su vida- le dice: Siéntese, siéntese, amiguito, no me cuente sus derrotas... y después de escuchar lo que Guzmán tiene que decirle sobre la salida de Eulalio Gutierrez y otros personajes del momento, le ofrece el puesto de secretario particular. Guzmán pone como condición ir a buscar a su familia, Villa le concede esta petición y él aprovecha la ocasión para huir de las garras del jaguar e internarse en Estados Unidos, y de allí a Europa.
El epílogo es mío: de lo vivido por Guzmán a salto de mata en esos años, de su ágil pluma y de su fina imaginación nace, por un lado, un gran escritor y, por otro, un mito, un héroe de papel: Pancho Villa, el Centauro del Norte.
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Rosita querida, excelente epílogo. Ma. Elisa
ResponderEliminarGracias, querida.
ResponderEliminarbesos
p.d ¿ya viste que en la FIL de Guadalajara el gran éxito es el libro con las obreas completas de Martín Luis Guzmán? Fantástico, ¿no?