Pues sí que fue interesante la presentación de la traducción de Hamlet hecha por el reconocido escritor hispano-mexicano Tomás Segovia.
Resulta que la UAM y ediciones Sin Nombre decidieron solicitar a varios poetas y narradores la traducción de algunos títulos de la obra de W. Shakespeare. El proyecto parece, de entrada, por lo menos inquitante toda vez que lo primero que uno se pregunta es: ¿otra traducción de Otelo, de Rey Lear, de Hamlet? Y sin embargo, por lo menos en el Hamlet de Segovia (ya lo leí), el otra como sinónimo de ¿una más?, con lo que tiene de hartazgo la connotación, da paso a una visión -versión- poética y teatral que sorprende y conmueve. Pero regreso a la tertulia literaria que constituyó la presentación del referido libro: en el podio, tres presentadores (un director de teatro, un traductor y un editor) que acompañaban al poeta Segovia. Todos interesantes, con argumentos inteligentes, dándonos a los asistentes los elementos para juzgar y valorar el trabajo del traductor. Segovia, por su parte, con su fino sentido del humor y con su habitual manejo acrobático de las palabras, que en su hablar parece fácil pero que requiere de mucha maestría, nos contó de los avatares y gozos del traductor.
Aprendí que el traductor casi nunca se lleva los laureles; que hay traducciones académicas literales (puristas) y otras más libres que aportan sentido espacial o temporal a la obra; que en el Hamlet de Tomás, se respetó tanto la prosa original como la parte en verso que Shakespeare escribiera hace más de cuatrocientos años; que el poeta-traductor puso especial atención en honrar el tú y el usted de la versión original que rompen o establecen barreras entre los personajes y que le dió a este Hamlet un sentido de puesta en escena, de teatro puro. Entre otras genialidades de la traducción ¿saben cómo interpreta Tomás Segovia la conocida y manoseada frase ser o no ser, esa es la cuestión -pues agárrense-: ser o no ser, de eso se trata. Genial ¿verdad?. Gocé la tertulia y gocé más la lectura de esta nueva traducción; de eso se trata.
Ya con esta me despido:
La lectura del libro La piel del zorro, de Herta Müller, la rumana premio Nobel de Literatura 2009, cuyas primeras treinta páginas parecen una barrera infranqueable para el entendimiento, de pronto dan paso a una narrativa poética basada en detalladas imágenes que te pescan y te convierten en un lector activo que pelea con un texto crudo y descarnado. El libro es una denuncia de las dictaduras, en particular la que protagonizó la pareja Ceaucescu en Rumania, en donde personajes y objetos oscuros, los informantes, coartan la libertad (y la vida en libertad) de los ciudadanos comunes y corrientes. En un estilo que pondera el detalle por sobre todo lo demás -me hizo recordar a Proust y su novela En busca del tiempo perdido-, Herta Müller crea escenas que van definiendo a los personajes más por su quehacer que por su ser. Creo que la señora Müller escribe bien, es innovadora en su estilo, provoca y hace pensar. Muy recomendable para mover las neuronas.
TIP. En la calle de Nuevo León, en la Condesa, está el restaurante La Lampuga ; la decoración es agradable (tipo bistró francés), el servicio atento y ágil y, lo principal, los alimentos frescos y bien cocinados. Su especialidad es...acertaste ¡el pescado!
(RAE Lampuga 1. f. Pez marino del orden de los Acantopterigios, de cuerpo comprimido lateralmente y que llega a un metro de longitud. Dentro del agua aparece todo dorado, a pesar de que por el lomo, que es casi recto, es verde con manchas de color anaranjado, y por el vientre, plateado. La aleta del lomo, que corre desde el medio de la cabeza hasta la cola, es amarilla con una raya azul en la base; la de la cola es verde, y las restantes, enteramente pajizas. Es comestible, pero se aprecia poco).
sábado, 27 de febrero de 2010
domingo, 21 de febrero de 2010
¿Cuál es tu generación?
Seguramente habrán oído hablar de la generación X, jóvenes que no veían un futuro halagador en sus vidas -años setentas y ochentas-, de la Y y la Z, cada vez más conectadas a la tecnología -los noventas-, de la generación Einstein -fines de los noventas y principios del dos mil-, jóvenes que ven en la sociedad del conocimiento su verdadero nicho y, más recientemente, se habla de la generación GG (que si yo fuera Juan José Millás, el talentoso escritor español proclive a verle segunda cara a todo, diría que el título de esta nueva generación me hizo pensar que se trataba de una mutación en la que las mujeres tenían doble punto G; pero no, mi fantasía no tiene nada que ver con eso). La generación GG, Global Generation, se refiere a esos jóvenes que estudian en su país de origen, se enfrentan al agotamiento de los empleos tradicionales (al desempleo) y al fin optan por una carrera transnacional. Viven y trabajan en diferentes países alrededor del mundo y están conectados a alguna empresa -transnacional, por supuesto- en alguno de los países emergentes: China, Vietnam, India, Rusia, Brasil, Indonesia y Sudáfrica.
Para algunos analistas sociales, esta generación es una esperanza en tanto que es consciente de los retos y necesidades compartidas y está deseosa de contribuir a lograr un mundo más equitativo. Pero..., me pregunto yo: ¿cómo se dará el desarrollo emocional y la estabilidad en estos jóvenes neo-nómadas? ¿no fue necesario que los grupos sociales se volvieran sedentarios para que se diera la civilización en su sentido más amplio? ¿la vida que transcurre a bordo de un avión y el refrigerador vacío en una gélida vivienda son detalles a pasar por alto?
Si no han visto la película “Amor en el aire” (Up in the air) , que ya recomendé en este espacio, quizá es hora de verla. Ah, y no dejen de comprar palomitas sin mantequilla, que es lo último en recomendaciones gastrointestinales para los padecimientos del tracto digestivo.
Para algunos analistas sociales, esta generación es una esperanza en tanto que es consciente de los retos y necesidades compartidas y está deseosa de contribuir a lograr un mundo más equitativo. Pero..., me pregunto yo: ¿cómo se dará el desarrollo emocional y la estabilidad en estos jóvenes neo-nómadas? ¿no fue necesario que los grupos sociales se volvieran sedentarios para que se diera la civilización en su sentido más amplio? ¿la vida que transcurre a bordo de un avión y el refrigerador vacío en una gélida vivienda son detalles a pasar por alto?
Si no han visto la película “Amor en el aire” (Up in the air) , que ya recomendé en este espacio, quizá es hora de verla. Ah, y no dejen de comprar palomitas sin mantequilla, que es lo último en recomendaciones gastrointestinales para los padecimientos del tracto digestivo.
viernes, 12 de febrero de 2010
De chile, de dulce y de manteca
Empiezo por sugerirles que no vayan a ver la película Enemigo interno (a pesar de sus tres estrellas), estelarizada por Nicolas Cage y Eva Mendes y dirigida por el alemán Werner Herzog, cuya trayectoria como director, actor y productor es bien conocida y exitosa. Para muestra: El enigma de Kaspar Hauser (1974) y Fitzcarraldo (1982). A pesar de tantas credenciales, en Enemigo Interno no luce ese curriculum. En un sólo paquete: violencia sexual, corrupción, drogas, asesinatos, prostitución, todo por un único precio y a cargo del mayor enemigo del teniente (tipo doctor House, con vicodín incluído) Mc Dough- Cage: él mismo. El asunto sucede en New Orleans, después del huracán Katrina, y el director se empacha filmando cocodrilos e iguanas para demostrarnos los estragos del fenómeno climático. Claro, ya sé, hay una metáfora: en circustancias de caos aparecen los reptiles (animales y humanos). Demasiado para mi.
Mejor vayan a ver El Conquistador (Mongol) o Enamorándome de mi Ex. La primera es una super producción rusa dirigida por Sergei Brodov y actuada por Tadanobu Asano, en el rol de Genghis Khan. Esta película estuvo nominada para un Oscar en la categoría de película extranjera.
Y si de lo que se trata es de pasar un rato agradable y deleitarte con la adorable Meryl Streep, no se pierdan Enamorándome ... Esta entretenida comedia superó mis expectativas (confieso que no tenía ganas de verla y fui un poco arrastrando los pies). Alec Baldwin, en el rol principal masculino, es (como han pasado los años, como dice la canción) un gordito simpático (aunque canijo).
Del cine a los libros. La Soledad de los números primos, del físico italiano Paolo Giordano, es una novela sobre la soledad y, sobre todo, sobre la complicada tarea de comunicar afecto. Sorprende que un escritor tan joven (26 años) haya tomado un tema tan difícil ( y que implica, creo yo, conocimiento de la vida y experiencia) como el de una inválida- física y emocional- y un superdotado. Son los extremos que quisieran comunicarse pero no son capaces de lograrlo. Los números primos gemelos, los llama él. Mejores diálogos que narrativa (estoy siendo exigente), interesante estructura, buen manejo de la curiosidad del lector, en fin, todo esto para decirles que el libro es un fenómeno de ventas que lleva ya varias traducciones y apenas se presentó hace dos años en la Feria del Libro de Guadalajara.Léanlo, es interesante. Y el chico, promete.
De los libros a los fogones. Lo último en meriendas tempraneras. Fíjense bien. Primer plato un combinado de: vasito (no vaso) de sopa fría de chícharos (hecha con consomé de pollo) y espolvoreada con tocino frito, brocheta de jamón serrano (Redondo Iglesias, no está mal) con mitades de jitomatitos cherry rociados con balsámico; platito (no plato) con rebanada de huevo duro, salmón y hasta arriba cebollita picada y yema de huevo desmenuzada. Segundo plato: tortilla de patatas, cebolla y calabacitas, acompañada de ensalada caprese. Buen pan y buen vino. Y de postre: fresas cocidas con poca agua y azúcar y batidas con queso crema. No se les olvide una fresa (en esta temporada están buenísimas) para el adorno del postre. Voilá.
Mejor vayan a ver El Conquistador (Mongol) o Enamorándome de mi Ex. La primera es una super producción rusa dirigida por Sergei Brodov y actuada por Tadanobu Asano, en el rol de Genghis Khan. Esta película estuvo nominada para un Oscar en la categoría de película extranjera.
Y si de lo que se trata es de pasar un rato agradable y deleitarte con la adorable Meryl Streep, no se pierdan Enamorándome ... Esta entretenida comedia superó mis expectativas (confieso que no tenía ganas de verla y fui un poco arrastrando los pies). Alec Baldwin, en el rol principal masculino, es (como han pasado los años, como dice la canción) un gordito simpático (aunque canijo).
Del cine a los libros. La Soledad de los números primos, del físico italiano Paolo Giordano, es una novela sobre la soledad y, sobre todo, sobre la complicada tarea de comunicar afecto. Sorprende que un escritor tan joven (26 años) haya tomado un tema tan difícil ( y que implica, creo yo, conocimiento de la vida y experiencia) como el de una inválida- física y emocional- y un superdotado. Son los extremos que quisieran comunicarse pero no son capaces de lograrlo. Los números primos gemelos, los llama él. Mejores diálogos que narrativa (estoy siendo exigente), interesante estructura, buen manejo de la curiosidad del lector, en fin, todo esto para decirles que el libro es un fenómeno de ventas que lleva ya varias traducciones y apenas se presentó hace dos años en la Feria del Libro de Guadalajara.Léanlo, es interesante. Y el chico, promete.
De los libros a los fogones. Lo último en meriendas tempraneras. Fíjense bien. Primer plato un combinado de: vasito (no vaso) de sopa fría de chícharos (hecha con consomé de pollo) y espolvoreada con tocino frito, brocheta de jamón serrano (Redondo Iglesias, no está mal) con mitades de jitomatitos cherry rociados con balsámico; platito (no plato) con rebanada de huevo duro, salmón y hasta arriba cebollita picada y yema de huevo desmenuzada. Segundo plato: tortilla de patatas, cebolla y calabacitas, acompañada de ensalada caprese. Buen pan y buen vino. Y de postre: fresas cocidas con poca agua y azúcar y batidas con queso crema. No se les olvide una fresa (en esta temporada están buenísimas) para el adorno del postre. Voilá.
sábado, 30 de enero de 2010
Enganchada
¡Ay, ay, ay! ¡Me he enganchado en la TV! Pues resulta que este lunes pasado empezó en el canal 22 la serie En Terapia y está buenísima. ¡Es todos los días, de nueve a nueve y media de la noche!
Cuando parecía que el formato de las series estaba agotado y era inamovible, llega una nueva propuesta de HBO, ágil e inteligente y... muy intensa. Los actores excelentes (Gabriel Byrne como el psicoanalista y Diane Wiest (Ana y sus hermanas) como la psicoanalista del psicoanalista). Los diálogos, entre sólo dos o tres personas durante media hora, profundos e íntimos.
Cada día el terapeuta atiende a un paciente (cuyo caso continúa, mismo día, la siguiente semana), y los viernes es él quien asiste a una sesión de análisis. Los espectadores somos testigos de confesiones y situaciones complejas que la astucia y entrenamiento profesional del terapeuta van desenredando. Hay que estar preparado para todo, porque la serie parece depararnos lloros, gritos y sombrerazos.
Para mi sorpresa, el productor es Rodrigo García, jóven cineasta (Cosas que diría con sólo mirarla, Nueve vidas y una película por estrenar Passengers), hijo de Gabriel García Márquez.
Y en el cine, desde luego hay que ver en tercera dimensión AVATAR (del francés avatar, y éste del sánscrito. avatâra, descenso o encarnación de un dios. 1. Fase, cambio, vicisitud. 2. En la religión hindú, encarnación terrestre de alguna deidad, en especial Visnú. 3. Reencarnación, transformación). Seguro se va a llevar un montón de merecidos Oscares, sobre todo por los efectos. Para mí, un poco larga y demasiados bombazos aunque por ver la belleza de Pandora (el planeta donde viven los avatares) bien vale la pena aguantarlos.
Continúo:INVICTUS, dirigida por Clint Eastwood y actuada por Morgan Freeman, basada en un libro del periodista John Carlin sobre un suceso real protagonizado por Nelson Mandela, el lider sudafricano es, a mi juicio y entender, una buena película de la que algo se puede aprender, por ejemplo: como ser un verdadero lider. ¿Sabías que durante 27 años que estuvo en la cárcel se dedicó a estudiar a su enemigo (ojo, no a odiarlo), para entenderlo y poder combatirlo? Hay una frase muy buena (que el autor Carlin jura que es verídica), que ha servido para varias discusiones interesantes con mi media naranja, que dice Freeman-Mandela frente a un problema específico: un verdadero lider a veces está en contra de su pueblo y tiene que actuar según su propia y particular visión; tiene que asumir su papel de conductor. El rugby es un tema principal de la película y Clint Eastwood explota lo que de rudo y pedestre tiene este deporte -del que no se nada- para dramatizar la situación política de ese pais en los años noventa.
Y por último, una película oriental llena de premios internacionales: VIOLINES EN EL AIRE (Okuribito en japonés, del cineasta Yojiro Takita). El tema es muy original y lo que en un momento aparece como una situación desagradable y rechazante, el protagonista, un violonchelista, la convierte en poesía y belleza; en arte. El destino juega un papel preponderante en el desarrollo de la trama; si hubiera un narrador seguro que al final de la película nos diría algo por el estilo: aunque a veces no sepamos por qué hacemos tal o cual cosa, llegará el momento en que le encontraremos un sentido a nuestros actos... Creo que, si no vas al cine de malas o de criticón(a), te va a gustar.
Cuando parecía que el formato de las series estaba agotado y era inamovible, llega una nueva propuesta de HBO, ágil e inteligente y... muy intensa. Los actores excelentes (Gabriel Byrne como el psicoanalista y Diane Wiest (Ana y sus hermanas) como la psicoanalista del psicoanalista). Los diálogos, entre sólo dos o tres personas durante media hora, profundos e íntimos.
Cada día el terapeuta atiende a un paciente (cuyo caso continúa, mismo día, la siguiente semana), y los viernes es él quien asiste a una sesión de análisis. Los espectadores somos testigos de confesiones y situaciones complejas que la astucia y entrenamiento profesional del terapeuta van desenredando. Hay que estar preparado para todo, porque la serie parece depararnos lloros, gritos y sombrerazos.
Para mi sorpresa, el productor es Rodrigo García, jóven cineasta (Cosas que diría con sólo mirarla, Nueve vidas y una película por estrenar Passengers), hijo de Gabriel García Márquez.
Y en el cine, desde luego hay que ver en tercera dimensión AVATAR (del francés avatar, y éste del sánscrito. avatâra, descenso o encarnación de un dios. 1. Fase, cambio, vicisitud. 2. En la religión hindú, encarnación terrestre de alguna deidad, en especial Visnú. 3. Reencarnación, transformación). Seguro se va a llevar un montón de merecidos Oscares, sobre todo por los efectos. Para mí, un poco larga y demasiados bombazos aunque por ver la belleza de Pandora (el planeta donde viven los avatares) bien vale la pena aguantarlos.
Continúo:INVICTUS, dirigida por Clint Eastwood y actuada por Morgan Freeman, basada en un libro del periodista John Carlin sobre un suceso real protagonizado por Nelson Mandela, el lider sudafricano es, a mi juicio y entender, una buena película de la que algo se puede aprender, por ejemplo: como ser un verdadero lider. ¿Sabías que durante 27 años que estuvo en la cárcel se dedicó a estudiar a su enemigo (ojo, no a odiarlo), para entenderlo y poder combatirlo? Hay una frase muy buena (que el autor Carlin jura que es verídica), que ha servido para varias discusiones interesantes con mi media naranja, que dice Freeman-Mandela frente a un problema específico: un verdadero lider a veces está en contra de su pueblo y tiene que actuar según su propia y particular visión; tiene que asumir su papel de conductor. El rugby es un tema principal de la película y Clint Eastwood explota lo que de rudo y pedestre tiene este deporte -del que no se nada- para dramatizar la situación política de ese pais en los años noventa.
Y por último, una película oriental llena de premios internacionales: VIOLINES EN EL AIRE (Okuribito en japonés, del cineasta Yojiro Takita). El tema es muy original y lo que en un momento aparece como una situación desagradable y rechazante, el protagonista, un violonchelista, la convierte en poesía y belleza; en arte. El destino juega un papel preponderante en el desarrollo de la trama; si hubiera un narrador seguro que al final de la película nos diría algo por el estilo: aunque a veces no sepamos por qué hacemos tal o cual cosa, llegará el momento en que le encontraremos un sentido a nuestros actos... Creo que, si no vas al cine de malas o de criticón(a), te va a gustar.
sábado, 23 de enero de 2010
los senderos que se bifurcan
Divorcio en Buda, de Sándor Márai, es una gran novela. En ella se conjugan la elegancia de un lenguaje bien trabajado, la trama de un thriller que no te permite desprenderte del libro hasta que lees la última frase y un entramado complejo de voces y tiempos que el autor maneja con gran maestría.
A pesar de que sólo hay cuatro personajes principales, dos descritos por los otros dos, Sándor Márai penetra tan profundamente en cada uno que al lector no le queda mas remedio que, como si fuera un terapeuta, establecer conexiones y vínculos entre ellos para llegar, en el último párrafo, a un equívoco: ¿Para Kristóf Kömives empieza una nueva vida después del relato de su amigo o, por el contrario, la vida continúa y él reafirma sus rígidas convicciones y forma de ver la vida?
Las diferentes voces que manejan la novela –Kristóf, el doctor Gainer y el narrador- lo hacen de manera muy clara y delimitada que no sólo no confunde al lector sino que lo interioriza con cada uno de ellos y con sus circunstancias.
La idea principal de la novela me sobrecogió: Anna Fazekas se da cuenta, al pasar de los años y a pesar de llevar una vida “satisfactoria”, que su destino estaba en otra parte, que lo perdió, y ello la lleva a suicidarse. Hasta aquí parece una historia fuerte sin mayores recovecos pero la insistencia del doctor Gainer por descubrir si era cierto lo que su mujer afirmaba hace que la trama se complique. El tema entonces se vuelve universal y nos afecta a todos: ¿Ha habido algún momento en nuestras vidas que hemos pensado en otras alternativas de acción –como en el caso de Anna y Kristóf-, por poco indicativas que parezcan? ¿Las personas que nos han rodeado han sentido esa misma llamada? ¿Han soñado con nosotros correspondiendo a sueños nuestros? La novela, a mi juicio, trata de las posibilidades que no experimentamos, de los caminos abiertos que no transitamos, de las alternativas que no consideramos y que, ante un recuento de la vida vivida se vuelven determinantes..., para bien o para mal.
Y, cambiando totalmente de tema, aunque -ojo- también tiene que ver con la vida, nada más espectacular que hacer la salsa mexicana frente a nuestros invitados: agénciense un molcajete, que como dije, han de llevar a la mesa y, en plato aparte, un jitomate, un chile serrano y un ajo asados, cilantro y sal. ¡Y a darle al molcajete! Lo vi en un restaurante en Oaxaca y dejaba a todos los comensales muy satisfechos al participar en el aderezo de su comida.
A pesar de que sólo hay cuatro personajes principales, dos descritos por los otros dos, Sándor Márai penetra tan profundamente en cada uno que al lector no le queda mas remedio que, como si fuera un terapeuta, establecer conexiones y vínculos entre ellos para llegar, en el último párrafo, a un equívoco: ¿Para Kristóf Kömives empieza una nueva vida después del relato de su amigo o, por el contrario, la vida continúa y él reafirma sus rígidas convicciones y forma de ver la vida?
Las diferentes voces que manejan la novela –Kristóf, el doctor Gainer y el narrador- lo hacen de manera muy clara y delimitada que no sólo no confunde al lector sino que lo interioriza con cada uno de ellos y con sus circunstancias.
La idea principal de la novela me sobrecogió: Anna Fazekas se da cuenta, al pasar de los años y a pesar de llevar una vida “satisfactoria”, que su destino estaba en otra parte, que lo perdió, y ello la lleva a suicidarse. Hasta aquí parece una historia fuerte sin mayores recovecos pero la insistencia del doctor Gainer por descubrir si era cierto lo que su mujer afirmaba hace que la trama se complique. El tema entonces se vuelve universal y nos afecta a todos: ¿Ha habido algún momento en nuestras vidas que hemos pensado en otras alternativas de acción –como en el caso de Anna y Kristóf-, por poco indicativas que parezcan? ¿Las personas que nos han rodeado han sentido esa misma llamada? ¿Han soñado con nosotros correspondiendo a sueños nuestros? La novela, a mi juicio, trata de las posibilidades que no experimentamos, de los caminos abiertos que no transitamos, de las alternativas que no consideramos y que, ante un recuento de la vida vivida se vuelven determinantes..., para bien o para mal.
Y, cambiando totalmente de tema, aunque -ojo- también tiene que ver con la vida, nada más espectacular que hacer la salsa mexicana frente a nuestros invitados: agénciense un molcajete, que como dije, han de llevar a la mesa y, en plato aparte, un jitomate, un chile serrano y un ajo asados, cilantro y sal. ¡Y a darle al molcajete! Lo vi en un restaurante en Oaxaca y dejaba a todos los comensales muy satisfechos al participar en el aderezo de su comida.
domingo, 17 de enero de 2010
¿CON QUÉ EMPEZAR EL 2010?
Propongo empezar este 2010 con una aseveración (qué mejor): no puedes dejar de leer la novela El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura. El escritor y periodista cubano, reconocido internacionalmente por sus novelas policiacas cuyo detective, Mario Conde, “… no era duro, ni especialmente sagaz, ni siquiera un modelo de conducta…”, pero, eso sí, es un tipo entrañable, publica ahora una novela histórica que estremece. Desde el título te cuestionas: ¿cómo son los hombres que aman a los perros? ¿Hay alguna característica especial que los defina? Y, osada de mí, encontré demasiado rápido las respuestas basándome en los decires populares de siempre: un hombre que ama a los perros es un hombre bueno por naturaleza, transparente, directo. Después de leer la novela, ya pensaría dos veces antes de contestar a mis preguntas. El asunto puede ser más complejo de lo que uno se imagina.
La novela de Padura nos introduce en la vida de (no uno) sino tres hombres que amaban a los perros y le deja la tarea al lector de juzgar sobre la naturaleza y condición humanas de esta trilogía de protagonistas.
Bien escrito y mejor armado, el documento nos refiere a la vida en el exilio de Lev Davídovich Bronshtein, conocido como León Trotsky, cerebro y líder, junto con Lenin, de la Revolución Rusa, y a la de su asesino, el comunista español Ramón Mercader. Ambas historias se mezclan, por razones azarosas, con la de un cubano escritor que, por razones de la vida en Cuba, atiende una clínica veterinaria. Rusia, Turquía, Francia, Noruega, España, Cuba y México son los escenarios geográficos de esta novela histórica, y los años 1929 a los noventas, el escenario del tiempo. Padura, apoyado en una fina investigación, nos lleva de la mano por la Rusia de Stalin, por la Guerra Civil española, por el Nazismo y el Fascismo, por la vida en México de finales de los años treinta, por la Cuba de Fidel. Y logra, con gran maestría, ponernos en los zapatos de tres personajes que han hecho Historia, incluyendo al pueblo cubano. El tema del exilio, tan fuerte y doloroso, es el cuarto protagonista de esta historia novelada.
De verdad, no dejen de leerla y luego la comentamos.
Y por último, una recomendación fílmica para aquellos que tienen hijos mayores (bueno, y también para los que son hijos mayores): Están todos bien, con Robert De Niro. Seguro, no es la mejor película del año pero vale la pena ... quizá para tomar posiciones.
Propongo empezar este 2010 con una aseveración (qué mejor): no puedes dejar de leer la novela El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura. El escritor y periodista cubano, reconocido internacionalmente por sus novelas policiacas cuyo detective, Mario Conde, “… no era duro, ni especialmente sagaz, ni siquiera un modelo de conducta…”, pero, eso sí, es un tipo entrañable, publica ahora una novela histórica que estremece. Desde el título te cuestionas: ¿cómo son los hombres que aman a los perros? ¿Hay alguna característica especial que los defina? Y, osada de mí, encontré demasiado rápido las respuestas basándome en los decires populares de siempre: un hombre que ama a los perros es un hombre bueno por naturaleza, transparente, directo. Después de leer la novela, ya pensaría dos veces antes de contestar a mis preguntas. El asunto puede ser más complejo de lo que uno se imagina.
La novela de Padura nos introduce en la vida de (no uno) sino tres hombres que amaban a los perros y le deja la tarea al lector de juzgar sobre la naturaleza y condición humanas de esta trilogía de protagonistas.
Bien escrito y mejor armado, el documento nos refiere a la vida en el exilio de Lev Davídovich Bronshtein, conocido como León Trotsky, cerebro y líder, junto con Lenin, de la Revolución Rusa, y a la de su asesino, el comunista español Ramón Mercader. Ambas historias se mezclan, por razones azarosas, con la de un cubano escritor que, por razones de la vida en Cuba, atiende una clínica veterinaria. Rusia, Turquía, Francia, Noruega, España, Cuba y México son los escenarios geográficos de esta novela histórica, y los años 1929 a los noventas, el escenario del tiempo. Padura, apoyado en una fina investigación, nos lleva de la mano por la Rusia de Stalin, por la Guerra Civil española, por el Nazismo y el Fascismo, por la vida en México de finales de los años treinta, por la Cuba de Fidel. Y logra, con gran maestría, ponernos en los zapatos de tres personajes que han hecho Historia, incluyendo al pueblo cubano. El tema del exilio, tan fuerte y doloroso, es el cuarto protagonista de esta historia novelada.
De verdad, no dejen de leerla y luego la comentamos.
Y por último, una recomendación fílmica para aquellos que tienen hijos mayores (bueno, y también para los que son hijos mayores): Están todos bien, con Robert De Niro. Seguro, no es la mejor película del año pero vale la pena ... quizá para tomar posiciones.
sábado, 12 de diciembre de 2009
¿Qué hay en la TV?
El otro día en el canal Film & Arts de SKY, disfruté de una película inusual: Muerte en tres actos (3 Acts murder, 2009) del guionista Ian David y del director Rowan Woods, ambos de origen australiano, dedicados a realizar principalmente series televisivas relacionadas con el tema del crimen. No sé si la película a la que hago alusión ya estará en DVD, ojalá,porque vale la pena verla.
En paralelo a la trama, por cierto muy entretenida y estructurada de manera inteligente, se desarrolla un cuestionamiento sobre el papel del novelista y el alcance de su obra, en este caso la novela criminalista.
Basada en un hecho real sobre la vida del escritor Arthur Upfield, al que el destino ligó con la vida de Snowy Rowles, un criminal no confeso que fue condenado y ahorcado en 1932, la historia hace hincapíé en que el escritor de novelas es, por principio, un gran mentiroso que inventa realidades mientras que la realidad puede ser, a veces (¿siempre?), sólo un espejismo de lo verdadero.
La película coincidió con la deliciosa lectura del último libro de cuentos de J.J. Millás, Los objetos nos llaman. En uno de los últimos cuentos del libro, este ingenioso autor se refiere a un escritor mitómano que “... construía con las palabras una realidad alternativa a la real”. En resumen y para mi propia reflexión: ¿los novelistas nos inventan la realidad o la realidad es una alternativa de la novela?
Para finalizar por el día de hoy, me llamó la atención (¿coincidencia?) encontrar en Internet que Agatha Christie tiene una novela titulada Tragedia en tres actos (publicada en Estados Unidos como Murder in three acts (Muerte en tres actos) que, en 1986, se llevó a la pantalla chica. Por cierto, los productores decidieron relocalizar la acción y escogieron a nuestro querido Acapulco como escenario. Es decir, cambiaron la frialdad de la latitud inglesa por el calorcito del trópico. Pobre señor Poirot (Peter Ustinov), debe haber sudado la gota gorda. Habrá que ver esta adaptación pero, de entrada, no suena bien.
En paralelo a la trama, por cierto muy entretenida y estructurada de manera inteligente, se desarrolla un cuestionamiento sobre el papel del novelista y el alcance de su obra, en este caso la novela criminalista.
Basada en un hecho real sobre la vida del escritor Arthur Upfield, al que el destino ligó con la vida de Snowy Rowles, un criminal no confeso que fue condenado y ahorcado en 1932, la historia hace hincapíé en que el escritor de novelas es, por principio, un gran mentiroso que inventa realidades mientras que la realidad puede ser, a veces (¿siempre?), sólo un espejismo de lo verdadero.
La película coincidió con la deliciosa lectura del último libro de cuentos de J.J. Millás, Los objetos nos llaman. En uno de los últimos cuentos del libro, este ingenioso autor se refiere a un escritor mitómano que “... construía con las palabras una realidad alternativa a la real”. En resumen y para mi propia reflexión: ¿los novelistas nos inventan la realidad o la realidad es una alternativa de la novela?
Para finalizar por el día de hoy, me llamó la atención (¿coincidencia?) encontrar en Internet que Agatha Christie tiene una novela titulada Tragedia en tres actos (publicada en Estados Unidos como Murder in three acts (Muerte en tres actos) que, en 1986, se llevó a la pantalla chica. Por cierto, los productores decidieron relocalizar la acción y escogieron a nuestro querido Acapulco como escenario. Es decir, cambiaron la frialdad de la latitud inglesa por el calorcito del trópico. Pobre señor Poirot (Peter Ustinov), debe haber sudado la gota gorda. Habrá que ver esta adaptación pero, de entrada, no suena bien.
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