sábado, 14 de agosto de 2010

Comparaciones

Me ha resultado muy interesante en estos días poder hacer la comparación entre la adaptación televisiva (canal Europa,Europa de Sky) y la cinematográfica(en DVD) del libro escrito en 1945 por Evelyn Waugh (Inglaterra 1913-1966), Retorno a Brideshead, memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder. El libro, en palabras del autor, trata de la acción de la gracia divina sobre un grupo de personajes. No estoy tan segura de que las versiones a las que me referiré rescaten lo dicho por el autor; para mi gusto lo enriquecen al poner a discusión, precisamente, la gracia divina. Evelyn Waugh, de famila conservadora anglicana, se convirtió al catolicismo en 1931, fue uno de los pocos escritores ingleses que apoyaron el alzamiento del general Franco en España, y su obra, según sus críticos, está llena de ironía hacia la aristocracia inglesa con la que convivió, siendo muy joven, a partir de su estancia en la Universidad de Oxford. Si bien lo anterior son solo “flashazos” sobre la vida y pensamiento de este autor, creo que son esenciales para entender el conflicto presente en la trama de esta novela. Retorno a Brideshead, tiene mucho de autobiografía (aunque los lugares y las personas adopten nombres ficticios o cambiados) en la que el autor refleja su posición (¿y sus dudas?) frente a la muerte, la religión, la aristocracia, la libertad, el conservadurismo, la guerra y... el paso del tiempo. En la adapatación televisiva (1981) -que vale la pena ver aunque solo sea por las actuaciones de Jeremy Irons, John Gielgud, Laurence Oliver y Jane Asher-, los directores Charles Sturridge y Michael Lindsay-Hogg logran, en sus once capítulos,transmitir al espectador el asombro de un joven agnóstico y austero, principal protagonista, ante la forma de manejarse y de vivir de la aristocracia católica inglesa de aquellos años (y me temo que eso no debe haber cambiado mucho). Charles Ryder es un joven de una zona clase media de Londres, que mantiene una relación respetuosa con su padre, aunque casi inexistente, y que cifra sus expectativas en la posibilidad de entrar al mundo de la intelectualidad. Para ello, pone el pie en la Universidad de Oxford ¿dónde mejor? En sus primeros meses en el college, y a raíz de un encuentro fortuito con el hijo de Lord Marchmain, empieza una vida que parece abrirle caminos más atractivos que las periódicas reuniones con sus aburridos compañeros de su clase de historia. Su sexualidad, a esa edad adolescente, también es parte de la trama y también lo es la confrotación entre el rígido catolicismo inglés, lleno de culpas, y la vida licenciosa de algunos de sus practicantes. Esplendor y decadencia crean una urdimbre que se entrelaza con la muerte y la guerra. A Charles Ryder, la gracia divina lo convierte en un observador de los destinos de la aristócrata famila Marchmain. Filmada en escenarios maravillosos -varios de los colleges más hermosos de Oxford, el majestuoso castillo de Howard en Yorksire, la ciudad de Venecia con sus espléndidas vistas y palacios y hasta el bien conocido trasatlántico de cinco estrellas (y más), el Queen Elizabeth II -, parece no haberse escatimado en nada. La música de Geoffrey Burgon, notable.
Por su parte, la película (2008), es de realización mucho más modesta y aunque también tiene actores de la talla de Emma Thompson y Michael Gambon, no puede compararse en este aspecto con la versión para la pantalla chica. También es disfrutable y su director (Julian Jarrold) hace un buen trabajo, sin embargo, la serie tiene una ventaja adicional: su duración, pues mientras la película transcurre en 135 minutos, la serie se toma cinco veces ese tiempo, con lo cual en esta última se puede lograr un retrato mucho más intimista de los personajes. Pero aún así, en ambas versiones hay algo que me parece importante resaltar: a pesar de que el autor de la novela pone el énfasis en la fuerza del arrepentimiento de los pecados, las adaptaciones tienen su visión particular del asunto y se centran en el tema de la manipulación, mediante la culpa, que ejerce la religión en sus seguidores; en este sentido quizás es más audaz la película: vivir en el pecado, parece decirnos, crea una especie de perturbadora espada de Damocles de la que se sobrevive con el rito de la confesión pero morir en el pecado es inadmisible ya que acarrea un destino de condena eterna. Ni dudarlo, el tema, el autor y las adapataciones, dan para una buena discusión.

.

No hay comentarios:

Publicar un comentario