sábado, 7 de agosto de 2010

Puros cuentos

No he podido encontrar ninguna referencia al último libro que he leído -Después de la tormenta- ni tampoco referencia alguna a su autor, Severino Fernández Nicolás. El libro está publicado por ediciones G.P, en el año de 1974, y fue un regalo que me hizo un familiar para que me ilustrara sobre los años de la posguerra española. Debo decir que está bien escrito, sin destacar, y que el buen manejo de los diálogos logra “engancharte”. La trama se desarrolla en los años cuarenta, primero en la zona de Asturias y después en los alrededores de León. La protagonista principal es una mujer viuda de guerra que para mantener a sus cuatro hijos pequeños se introduce en el mundo del estraperlo: compra-venta ilegal de artículos sujetos a racionamiento por parte del gobierno (en España, el racionamiento, y por tanto también el estraperlo, duró de 1936 hasta 1952). No puedo decir que no aprendí o corroboré algunas ideas con esta lectura pero, por otro lado, me sorprendió el grado de confusión (y quizá hasta mal intencionada) que destila la novela. Menciono sólo dos aspectos: se dice repetidamente que los rebeldes eran los repúblicanos, cuando es un hecho histórico que lo que sucedió en España fue un levantamiento de los llamados nacionales en contra de un gobierno legalmente instituido: la república española. El segundo aspecto que destila manipulación pura es la figura de un republicano, cuñado de la viuda, que ha pasado siete años en la cárcel y que, a su decir, ha aprendido mucho y refrendado su pensamiento político. El tal sujeto es un ser humano despreciable que quiere abusar de su parienta y de la hija de ésta, su sobrina carnal; un animalazo que por fuerza tiene que provocar rechazo en el lector; así que saque usted sus conclusiones. Libros como éste proliferaron en la época franquista y todavía hoy, en el periódico El País se anuncia que se acaba de editar la novela Soldados de la noche (primera de una serie publicada originalmente en 1988) del neoyorkino Alan Furst, “que se le puede atragantar a cualquier lector español medianamente culto” y es que gran parte de la novela transcurre durante la Guerra Civil española de 1936, ... “y revela que el autor tiene apenas vagas ideas de aquel conflicto...”. Mucho cuidado con creernos todo lo que leemos.

Y en este mismo sentido, aunque en este caso se nos advierte que se trata de trasgresiones intencionadas de la realidad, Ficciones de la revolución mexicana (tema muy adecuado para los tiempos que corren) del escritor mexicano Ignacio Solares (Ciudad Juérez, Chihuahua, 1945), es un compendio de diecisiete cuentos que nos llevan a imaginar el qué hubiera pasado si caudillos, héroes, tiranos, traidores y turba que protagonizaron la revolución mexicana hubieran actuado de manera diferente a como los reporta la historia oficial. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si Arnulfo Arroyo hubiera matado a Porfirio Díaz en el atentado de 1897? ¿Qué, si como se pregunta el autor, Madero hubiera mandado fusilar a Huerta por traidor y le hubiera dado el mando del ejército a Felipe Ángeles? ¿Qué, si Pino Suárez, abatido por el tiro de gracia que le propinó el cabo Pimienta, hubiera gritado: la política solo me ha proporcionado dolores y decepciones ...ni siquiera tengo la vocación de martirio del Presidente Madero...? De especial interés resulta el cuento Los mochos, que narra, en voz de José de León Toral, una supuesta conversación con el general Álvaro Obregón, ante un supuesto atentado fallido contra el caudillo. Afirma Toral, después de escuchar una íntima confesión de su interlocutor: Por eso reitero aquí, ante ustedes, ...no fuí yo quien acabó con la vida del general Obregón...Un breve tiempo ahí con él había sido suficiente para darme cuenta del absurdo que había cometido...Entonces el propio general Obregón tomo la pistola, la llevó a su sien.... ¿qué hubiera pasado si Obregón se hubiera suicidado? En esta colección de cuentos, Solares parece rescatar un conjunto de retazos de otras novelas suyas y aprovecharlos para zurcir un traje cuya confección se antoja arriscada, igual que los bigotes de Felipe Ángeles, a decir del escritor (¿o será también ficción?). La nota final, en la que Solares le explica al lector la intención y la motivación de los cuentos, es reveladora y, para mi gusto, hubiera sido mejor como nota preliminar que como epílogo. Aún así, está bien bien escrita y resulta un excelente ejercicio para la imaginación... aunque no nos lleve a ninguna parte.

Y para postre, La humillación de Philip Roth (New Jersey, 1933). Hablar sobre una novela de este Roth (Philip) es garantía de un tema fuerte (Elegía, La mancha humana, American Pastoral, entre otras). Ahora bien, si además se trata de una humillación, como su título indica, el lector no espere un cuento de hadas (o de vampiros, para el caso). Respire hondo...y al ataque. Un escritor sesentón agotado profesionalmente y abandonado por su mujer, encuentra una tabla de salvación en el deseo erótico que se establece mediante una relación “amorosa” fuera de lo común. Escrita en tres actos y en escasas ciento cincuenta y seis cuartillas, esta novela nos enfrenta al derrumbe de un ser humano. Desde nuestro sillón de lectura vamos temiendo a cada hoja que las decisiones que va tomando el actor retirado, quizá explicables y razonables dadas las circunstancias, lo harán llegar al mas profundo de los pozos. ¿Será justificado nuestro temor? Léanla sin escandalizarse; se trata de un intento de sobrevivencia a cualquier costo...¿puro cuento?

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