sábado, 4 de diciembre de 2010

¿las fuerzas del bien contra las del mal?

Hace unos días asistí a la presentación del libro Crónica del delirio de la escritora Adela Salinas (Ciudad de México, 1968). Adela rescata al olvidado pintor francés Paul Antragne, que vivió y murió en México, casi sin dejar huella de su obra, excepto para quienes fueron sus cercanos. En esta biografía novelada a la que Adela dedicó parte de su tiempo de los últimos dicisiete años, aparece un personaje perseguido por múltiples "demonios" que no se traducen más que en soledad y falta de apoyo emocional. Nos dice Adela: ...(Paul) comprendía que sólo a través del diablo podía purificar su miedo y ser acreedor a los brazos de Dios. Siempre vivió con miedo y supo, desde temprana edad, que sólo enfrentándolo era como se podía vencer.
Cuando Paul apenas cumplia los ocho años de edad, en su natal Francia, se encuentra envuelto en una situación incomprensible para un niño: bombardeos, escasez de comida y muerte. La Segunda Guerra Mundial había comenzado y el nombre de Hitler, acompañado de maldad, devastación y miserias, se posesionó de los sueños del infante. Su padre marcharía al frente de combate, del que nunca regresó, y él se quedaría con su madre, para ser evacuados a un lugar extraño, con gente y costumbres diferentes a las suyas; a los diez años pisaba tierras argelinas. Su madre, debilitada y empobrecida, muere en sus brazos y el niño queda paralizado de terror: sin un recuerdo, sin una foto, sin una historia infantil. Es enviado a vivir a un pequeño pueblo al sur de Francia con una tía aristócrata, hermana de su madre. El niño deseaba encontrar allí el calor que tanta falta le hacía y aunque se le dota de todo bien material, las caricias y el amor maternal le son negados. Descubre entonces el surrealismo y a los poetas malditos (Baudelaire, Rimbaud, Bataille y Mallarmé) : ...a sus diez, once, doce años, ya entendía lo que estos libros ofrecían ...el mundo se caía a pedazos delante de sus ojos asombrados e inundados de llanto y silencio sepulcral...
A los 21 años se enlista en las filas de la Legión Extranjera,¡para ir a Argelia! Fue a su regreso de África cuando decide tomar el camino de la pintura; poco después viaja a Estados Unidos y de allí a México, país en el que sus relaciones lo conectan con un grupo de intelectuales locales. Ya no volvería a vivir en ningún otro país hasta su muerte -a los sesenta y un años-, provocada principalmente por un problema de alcoholismo y de las miserias que este mal lleva consigo. Durante su vida en México se dedicó a ser un enfant terrible, dispuesto siempre a épater les bourgeois, que escandalizaba con sus excesos, sus exóticas cenas y sus provocativos cuadros, a propios y extraños. Su obra, perturbadora, se encuentra diseminada entre coleccionistas particulares y mucho me temo que no pasará "la prueba del tiempo". Adela Salinas trata de revivirlo para darle el matiz de un hombre confrontado entre las fuerzas del bien y del mal que, en nuestro país, tuvo sus seguidores, algunos de ellos personajes conocidos en los ámbitos de la cultura, la ciencia y el arte, a los que convocaba para invocar (¿y enfrentar?) a las fuerzas del mal.
Por mi parte pienso que allá cada quien con sus tormentos y sus búsquedas, con sus claro-oscuros, con sus misterios y sus cadáveres en el closet; no juzgo pero no tomo partido por este personaje, aunque puedo reconocer que no dejaba de tener ciertos destellos que, para algunos, lo hicieron atractivo. En cuanto a su pintura, llena de monstruos y horrores (aparecen varios grabados en el libro), me resulta, por decirlo de alguna manera, inocente y con el claro mensaje de asustar, de ofender, de pertubar.
En la presentación del libro, la autora hizo hincapié en que la vida de Paul Antragne fue una búsqueda de "la luz que se esconde dentro de la oscuridad"; del bien a través del mal. Y me pregunto: ¿habrá tal cosa?.
En fin, que es la escritora mexicana Rosa Beltrán la que me saca de dudas (y de aprietos) con un simpático cuento (El salto evolutivo, Revista de la Universidad de México, núm 80, octubre 2010) en el que trata el tema del bien y del mal de manera deliciosamente irónica; el cuento es, nada más y nada menos que "el desafío de una mujer y sus terapeutas que se convierte en una polémica entre Darwin y Freud". Así, la protagonista acude al sicoanálisis porque no encuentra solución a sus problemas siendo que está segura ...de haber jugado limpio; soy buena en el buen sentido del término. Después de recorrer varios divanes, ella siente que ni siquiera los terapeutas la comprenden. Finalmente llega con el doctor Pi, que de inmediato le "da buena espina", tanto así que sólo él llega al meollo del asunto: Mi problema era, (dice la protagonista, guiada por su preclaro terapeuta) que sólo me había situado de un lado de la ecuación: la bondad. Yo había sido la buena, "ergo", la víctima y a los buenos nunca les va bien en los cuentos..."Haz el bien y no mires a quién" es un enunciado que adolece de un defecto grave -dijo (el doctor Pi)- carece de dirección...si decimos (continuó Pi), no hay mal que por bien no venga, algo que no tiene un fundamento, podríamos afirmar con la misma seguridad que no hay bien que por mal no venga...la bondad puede recibir otros nombres, para Schopenhauer también se llamaba cobardía y Séneca la ve como pusilanimidad...Usted justifica su fracaso poniéndole el nombre de bondad. ¿Y cómo curarse entonces de ese mal (del mal de ser tan buena)? El acertado sicólogo le recomienda ver películas de Bette Davis, a la vez que le hace la siguiente reflexión: hay especies de esporas que evolucionan gradualmente de un estado concreto a otro cualitativamente distinto para sobreponerse a medios adversos.¿Y por qué va a mostrar mayor inteligencia una espora? ¿Qué sentido tendría que una espora estuviera mejor dotada que usted? Y así, de Freud, con el mismo tono irónico, la escritora "salta" hacia Darwin. ¿Logrará la paciente evolucionar como la espora y ser mala? El cuento termina con una frase críptica: Habíamos alcanzado (el doctor Pi y ella) el punto de equilibrio. Saque usted sus propias conclusiones.
Entre el delirante Paul Antragne y el sesudo doctor Pi y su chalada paciente, me quedo con estos últimos.

Nota de última hora: En definitiva todo sigue igual con respecto a la ortografía del Español. Las 22 academias del español reunidas en la FIL de Guadalajara votaron por unanimidad dejar las polémicas propuestas en sólo recomendaciones que se recogerán en la Ortografía que publicará la editorial Espasa Calpe. Uf, resonó un respiro general en el mundo hiapano hablante.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Chale con la Real Academia Española

Con gran escándalo, hace unos días se leía en los periódicos:...la Real Academia Española (RAE) elimina la "Ch" y la "Ll" del diccionario. Carambas, fue mi primera reacción, se darán cuenta estos académicos de que la "Ch" es para nosotros, los mexicanos, como la españolísima "ñ", para ellos. ¿Qué vamos a hacer? Para empezar, ¿cómo hemos de sustituir nuestra palabrota preferida (chingar) -con sus múltiples interpretaciones y usanzas locales; chale con la RAE -, cómo vamos a expresar que algo está chido, que la pelota hizo un chanfle, que quieres chalupas de pollo, o que fulana es muy gacha? Pero no, la realidad era muy otra. La RAE ha emitido una serie de reglas que, a mi juicio, parecen tener sentido, pese a algunas excepciones que para mi gusto deberían quedarse tal y como están, a saber: se quita el acento de la palabra "solo". Este acento me parece que tiene bien definida su función ya que si se usa como adverbio -voy sólo si están de acuerdo (o sea, si están de acuerdo iré)- se interpreta de manera diferente a si lo utilizamos como adjetivo: voy solo si están de acuerdo (iré sin compañía); ¿verdad que quitarle el acento se presta a confusión?
Tampoco estoy de acuerdo con la regla que dice que no más acentos a la letra "o" entre números. Y para rebatir la propuesta de la RAE, traigo a colación el conocido cuento del ricachón latinoamericano que mandó pedir a la India uno o dos changos para su jardín, y que escribió 102 en lugar de 1 ó 2 y claro, luego no sabía qué hacer con tanto monito.
Pero por lo demás, creo que no hay ningún problema y que la RAE (que como hemos de recordar limpia, fija y da esplendor) ha tratado, con estas medidas, de unificar criterios, lo cual está muy bien para darle consistencia a nuestra bella lengua:
La “i griega” pasa a llamarse “ye”. Así, desde ahora, la “y” será la “ye”, la “v” será “uve” y la “w” será “doble uve”, la “b” y la “i” dejarán sus apelativos de “be larga” e “i latina” para ser, simplemente, “be” e “i”. Con este cambio, los escritores españoles Juan José Millás y Soledad Puértolas pegaron el grito en el cielo, según leí en la prensa. Yo no le veo mayor objeción.
La Ch y la Ll dejan de ser letras del alfabeto
La Ch y la Ll eran consideradas letras en sí mismas desde el siglo XIX. El nuevo diccionario las suprime y sus entradas aparecen en la C y en la L, respectivamente. El alfabeto contiene, pues, 27 letras.
Éste y este. Se quita el acento en los demostrativos (este/éste), aunque la RAE especifica que será opción de cada persona usar o no los tildes.
“Ex”, “anti” y "pro” ya no estarán separadas de la palabra que los precede. Ahora, “ex”, “anti” y pro” ya no son preposiciones (debían escribirse separadas de la palabra que las precedía), son considerados como prefijos, por lo que se escribirán unidos a la palabra que les precede como, por ejemplo, exmandatario, antideportivo, provida.
Guión… ya no lleva acento. Todos los monosilábicos no llevarán acento aunque terminen en vocal o bien n/s. Es considerado, de ya, como una falta si se escribe truhan con el acento.
La Q pierde fuerza. Qatar, Iraq o Quórum serán Catar, Irak y Cuórum (no me pregunten por qué) y la “q” sólo se reservará para la “ue” e “ui”, como en “que” o en “quiere”. "Insistir en las grafías anteriores se considerará tan extranjerismo como New York".
El conocido escritor Arturo Pérez Reverte, por cierto miembro de la RAE, ha declarado que... se revisen o no se revisen algunas de las modificaciones de la nueva "Ortografía de la lengua española", yo como escritor y académico seguiré escribiendo "guión", "truhán" y "sólo" con acento cuando sea necesario...(¡vaya con don Arturo!).
El día 28 de noviembre se reunirán (en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara) las 22 Academias de la Lengua Española para el debate final. Como se ve (aunque la polémica seguirá, faltaba más) no creo que haya grandes daños que lamentar y me parece que, otra vez, la prensa le dio un sesgo amarillista a lo que pudiera calificarse de ocre oscuro.

sábado, 20 de noviembre de 2010

A SALTO DE MATA

Si alguien está interesado en saber quién era quién en la época de la Revolución mexicana, de 1910 a 1915, no debe dejar de leer el libro A salto de mata (Tusquets, 2009), de la investigadora Susana Quintanilla (ciudad de México, 1956). El libro se anuncia como una biografía de Martín Luis Guzmán, y de hecho lo es, pero también es más que eso. Las cuarenta y nueve hojas de bibliografía consultada por la autora avalan lo anterior. Susana Quintanilla ha hecho una magnífica y detallada investigación alrededor de la vida del escritor y al hacerlo ha retratado a muchos otros personajes principales de la contienda bélica por la que atravesó el país en esos años. También la doctora Quintanilla hurga en los años anteriores a la Revolución y, más allá, nos brinda un buen retrato del padre de Martín Luis, el coronel Martín L. Guzmán Rendón, nacido en Mérida en 1853, personaje controvertido; poco conocido y escasamente reconocido por sus méritos en el desempeño de su labor dentro del ejército mexicano.
Mientras que El águila y la serpiente y Las memorias de Pancho Villa, las dos principales obras escritas por Martín Luis Guzmán, nos dan cuenta novelada de los personajes y acontecimientos de aquellos años, la investigación de Quintanilla nos lleva a los datos "duros", a los hechos, a las relaciones y a las contradicciones entre los archivos documentales y la memoria del autor, tamizada por los años transcurridos entre lo vivido y lo escrito.
La investigadora acierta al llevar al lector a fijarse en los detalles que permitiron -u omitieron- tal o cual situación, tal o cual acción. Queda muy claro en esta investigación que aunque el factor suerte -buena o mala- juega un papel muy importante en el rumbo de la vida de Martín Luis Guzmán (¿y de quién no?), éste tenía, desde temprana edad, la idea de ser escritor. Dice Quintanilla: ...cumpliría 26 años el 6 de octubre de 1913. Tenía dos empleos, la misma cantidad de hijos y una columna literaria que, una vez pulida, podría llegar a ser una obra de mayor alcance. Se sustrajo del caos que lo rodeaba, se rodeó de referencias bibliográficas y de amistades intelectuales, y se dispuso a escribir. En medio de estos afanes fue creciendo en él la exigencia de abandonar todo, paisaje, familia, aires y comida, y de cambiar hasta de amigos. Sin embargo, "el caos en el que vivía" no le permitió conseguir en ese momento su afán y no sería hasta un tiempo después que se dedicaría a cumplir con su destino.
Varios son lo pasajes del libro de Quintanilla que llaman la atención y despiertan el interés pero para mí, los de mayor trascendencia son, por un lado, la lucha personal del joven Guzmán por encontrar sentido a su participación en alguno de los grupos revolucionarios - que eran muchos- y, por otro, su relación con Francisco Villa, un personaje tan alejado de su propio mundo y de sus convicciones y concepciones: un jaguar, como lo describiría en El águila y la serpiente.
En relación con su lucha interna, Quintanilla afirma que Guzmán utiliza un artilugio político y literario para lograr la paz consigo mismo. Existe una carta, no apócrifa pero sí engañosa, ... para dar mayor autenticidad a los últimos episodios del "El águila y la serpiente": ...y (para) acallar las murmuraciones acerca de la actuación de Guzmán en la escena revolucionaria de 1915. La autora nos dice que:...vista de este modo, la carta es...la experiencia de un joven que pasa de las aulas universitarias a pleno movimiento armado. A lo largo de 18 meses el novicio descubre las maravillas y los tormentos de este mundo, la naturaleza salvaje de las criaturas que lo habitan y la incompatibilidad entre ellas y su propio ser. Entonces decide partir al extranjero y honrar de esta forma los valores que lo habían impulsado a correr la aventura. Rompe sus lazos con los distintos bandos en pugna para no traicionar a ninguno de ellos y mantener vivo el espíritu original del levantamiento en contra de Victoriano Huerta.
En cuanto a su relación con Villa, son de rescatar dos momentos principales: la forma en la que lo conoce, descrita magistralmente en El águila y la serpiente, y la situación en la que, sin decirse adios, sino hasta luego, se da la última reunión de estos dos personajes. Ese último día, Villa, en lugar de fusilar a Guzmán - gran incógnita para el escritor durante toda su vida- le dice: Siéntese, siéntese, amiguito, no me cuente sus derrotas... y después de escuchar lo que Guzmán tiene que decirle sobre la salida de Eulalio Gutierrez y otros personajes del momento, le ofrece el puesto de secretario particular. Guzmán pone como condición ir a buscar a su familia, Villa le concede esta petición y él aprovecha la ocasión para huir de las garras del jaguar e internarse en Estados Unidos, y de allí a Europa.
El epílogo es mío: de lo vivido por Guzmán a salto de mata en esos años, de su ágil pluma y de su fina imaginación nace, por un lado, un gran escritor y, por otro, un mito, un héroe de papel: Pancho Villa, el Centauro del Norte.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Arre que llegando al caminito...

Para ilustrarme. Tener en tus manos un libro bello, no tiene precio, es un placer. En estos días he tenido la oportunidad de hojear un placentero libro que se relaciona con una pregunta que hice hace tiempo en este mismo blog: ¿qué pasó en México con los trenes? (y hoy agrego, ¿por qué se estancó el desarrollo ferroviario?¿por qué en México no viajamos en el medio de transporte más cómodo, agradable y civilizado que existe?) El libro en cuestión se titula Los ferrocarriles mexicanos en el arte y en la historia (1994). Es este un libro de formato grande, de pasta dura, de hojas de papel couché y con múltiples -y excelentes- fotografias e ilustraciones. La iniciativa de elaborar este libro correspondió a Jorge Tamayo, en ese entonces director general de Ferrocarriles Nacionales. La coordinación estuvo a cargo de Leonor Ludlow y participaron en la investigación personajes de la talla de Marcela Fernández Violante, Carlos Montemayor, Luis Rius y Alfonso Morales, entre otros.
La idea de intercalar la parte histórica del tema, que por sí solo pudiera resultar aburrida para los no iniciados, con la problemática social de los diferentes momentos; con la pintura, la música, el cine, la escultura y la literatura, de diferentes momentos del acontecer mexicano, hacen que de inmediato el lector se sienta identificado y curioso.
Lo que he concluido despues de leer el texto y de ensimismarme con sus fotografías -que por cierto dicen mucho de lo que allí pasó- es que de 1837, cuando el presidente Anastasio Bustamante otorga la concesión para la construcción de un ferrocarril en México, a 1880, se tendieron 1,073 kilómetros de vías férreas y en los siguiente cuatro años este número se incrementó a 5,731 kilómetros. El ferrocarril estaba en auge y el país empezó a comunicarse mediante un medio moderno y eficiente; sin embargo: ...durante los años del progreso nadie hubiera pensado que el mismo vehículo de interacción y cohesión política sería años más tarde el difusor de la insurrección contra ese régimen que ponderó el ferrocarril como bastión del crecimiento económico y la estabilidad política alcanzada. No es exagerado pensar que la campaña que Francisco I. Madero inició en junio de 1909 encontró su apoyo esencial en el ferrocarril. Y los años y los personajes que siguieron también tuvieron como apoyo este medio de transporte. Y claro, ya para el año de 1922: ...la deuda ferroviaria pasó a ser la mitad de la deuda nacional, es decir, la Revolución tuvo su efecto en los ferrocarriles.. En 1933 se funda el primer sindicato de este gremio y en 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decreta la nacionalización de Ferrocarriles Nacionales. Entre 1942-45 se repararon o sustituyeron tres mil kilómetros de rieles y durmientes, y de 1947 a 1955 se repararon 3,631 kilómetros de vías férreas y, se dice en el libro,que de 1950 a 1960 se construyeron cientos de kilómetros de vías. A partir de la Revolución Mexicana, de 1910 y hasta 1996, el gobierno fue propietario y responsable de la operación de la red ferroviaria que existía en México, a través de Ferronales. En el año de 1996, el gobierno estableció un programa para privatizar su sistema ferroviario al dividir Ferronales en diversos sistemas regionales, para posteriormente vender las sociedades concesionarias de cada sistema, mediante licitaciones públicas.Conforme a la publicación “The Railroad Facts” de la Association of American Railroads, Ferromex es hoy el operador ferroviario más grande de México, en términos tanto de cobertura por número de kilómetros como de número de carros usados en la prestación de sus servicios, principalmente servicios de carga general e intermodal por ferrocarril, al igual que otros servicios auxiliares, que incluyen el transporte de pasajeros (casi inexistente), arrastres intraterminal y servicio de terminales automotrices, entre otros. Ferromex cuenta con la cobertura más grande del sistema ferroviario mexicano con 7,108.6 Km. de vías principales y 1,001.9 Km. de ramales ( haga usted cuentas de su crecimiento en cien años).
Lo que se omite en el libro (y que fue la puntilla para el desarrollo ferrocarrilero) es la gran huelga organizada por Demetrio Vallejo que paralizó al país, en la época del presidente López Mateos.
Lo que siguió, tuvo sus altas y sus bajas y sus intentos de revivir al muerto; los especialistas dirían que es un problema multifactorial. Estando de acuerdo, yo lo resumo como: desazón y abandono (baste ver las fotos del libro). Y no puedo dejar de pensar: ay, no nos vaya a pasar lo mismo con otras industrias importantes mexicanas que van por el mismo camino; y haciendo una mayor abstracción, pienso, ¡ay no nos vaya a pasar lo mismo con la educación!
El sistema de ferrocarriles en México es ya una entelequia; asumámoslo. Su futuro lo destina como un servicio de segunda o de tercera. Sin embargo, el libro al que he hecho referencia es un gozo que despierta muchas nostalgias.

sábado, 6 de noviembre de 2010

De aquéllo y de esto

¿Te acuerdas?: en 1972 se estrenó la película Sleuth (La huella, en México) protagonizada por Sir Laurence Olivier y el conocido actor Michael Caine. El guión, tomado de la obra teatral de Anthony Shaffer, fue adaptado y dirigido por Joseph L. Mankiewicz (quien con esta película terminó su profusa carrera fílmica); como resultado de esta combinación, la cinta logró ser nominada para cuatro Óscares. Años después -tantos como ¡treinta y seis!-, en un "remake" adaptado en esta ocasión por el dramaturgo, guionista, actor, director, poeta y merecedor del premio Nobel 2005, Harold Pinter, Michael Caine protagoniza al personaje de Olivier (Andrew) y Jude Law (Milo) al que hiciera Caine, más de tres décadas atrás. ¿Y la dirección de este reto? pues a cargo, nada menos, que de Kenneth Brannagh, el adaptador de Shakespeare al cine. Solo a este cuarteto (Caine-Law-Pinter-Brannagh) se le pudo ocurrir retar a los gigantes de la primera versión de Sleuth. Además, a esta temeridad, hay que agregar la dificultad propia de la obra: un thriller en el que se establece un duelo histriónico entre los dos actores. Genial. Pues bien, ahora en México hay otros tres valientes que se "avientan" a poner en escena la obra de Shaffer: Daniel Giménez Cacho, José María Yazpik y el director, Enrique Singer (Los Baños y Oleanna).
Juegos Siniestros, como se ha traducido el título de la obra para esta puesta, estará en la cartelera teatral unas cuantas semanas más, según se anuncia. ¿Qué decir de esta nueva versión, habiendo visto las dos adaptaciones mencionadas? Pues yo le pondría "palomita", es decir: me gustó la adaptación, la encontré fina, sin chistes baratos fuera de lugar; me gustó también la dirección, sin grandes estridencias como suele suceder con los actores mexicanos. La escenografía es ingeniosa y resuelve muy bien la monotonía que pudiera producir el que la acción transcurra en un mismo sitio y solo con dos personajes. Por lo que toca a la actuación, los roles de los intérpretes exigen una gran agilidad física y mental de la que hacen gala tanto Giménez Cacho como Yazpik. Ambos actores logran llevar la obra al terreno del duelo de actuaciones que tanto se cuidó en las dos versiones fímicas. En cuanto a la trama, les adelanto algo, eso sí, sin revelar el final: Andrew (Giménez Cacho), es un escritor exitoso de novelas policiacas, de edad madura, que invita a su casa a tomar un trago al joven Milo(Yazpik), dueño de un salón de belleza; a primera vista ambos personajes no tienen mucho en común pero las apariencias engañan (como pasa todo el tiempo en la obra)...a las primeras de cambio, surge el meollo del asunto: Milo es amante de la mujer de Andrew y...
Toda proporción guardada, la versión mexicana de Sleuth, vale la pena verse.

Y lo que me ha dejado dudas es el libro Viaje por la historia de México (2010), editado por Fondo de Cultura Económica y publicado para conmemorar el bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución mexicana. Este libro ha sido "rescatado" (como dice en el prólogo el Presidente Felipe Calderón) de una primera edición que llevó por título Álbum de historia de México (1997, Clío) del finado y distinguido historiador y estudioso, Luis González y González. Pues resulta que compré el citado libro y ahora me entero que la idea del gobierno, al cual le cedió la editorial Clío los derechos de autor, es que cada famila mexicana reciba en su hogar -por correo postal- un ejemplar gratuito (se hizo un tiraje de más de 27 millones de ejemplares, según se dice en el portal de la Secretaría de Educación Pública). Pero esa no es toda mi congoja: en esta nueva edición parece ser que hubo algunos ajustes y arreglos. Por desgracia no he podido conseguir el original que dio pie a este nuevo álbum para poder hacer las comparaciones necesarias, pero aún así me voy a atrever a hacer dos o tres críticas que no se a quien correspondan, si a la coordinación editorial de esta nueva versión o a la original de González y González; en cualquier caso ojalá me perdone don Luis por mi osadía.
En la Presentación a cargo del autor (me imagino que es la original correspondiente a Álbum de la ... ya que el maestro González y González murió en el año 2003) éste nos dice: El álbum no trata de recrear las glorias de nuestra historia de bronce, más bien es un recorrido por nuestro pasado a través de aquellos personajes que fueron representativos de una época o tuvieron especial relevancia en algún momento ...Habrá quien pregunte por la ausencia de algún prohombre ...o critique la inclusión de personas que no sean de su agrado...La elección podría parecer arbitraria, y lo es, pero hay que recordar que una de las características de la historia es que cada persona la ve desde una perspectiva diferente... Y claro, como dicen, sobre advertencia no hay engaño, pero yo, erre que erre, insisto en apuntar que ni están todos los que son ni son todos los que están.
Me llamó la atención, por poner un ejemplo, la inclusión de Napoleón Bonaparte y también, aunque por otras razones, la de René Drucker Colín. De Francisco Villa se dice que era bandolero, agricultor y comerciante (?) y, en cuanto a ausencias, parece no haber habido más que dos mujeres notables en el paisaje histórico mexicano, de los varios siglos que se consignan en el libro (y, por supuesto, no estoy de acuerdo). Dice el presidente Calderón en el citado prólogo: Ojalá las familias disfruten un paseo por el pasado y encuentren hospitalaria su visión generosa, plural, abierta y constructiva. En fin, esperemos que así sea, que Viaje por la historia de México cumpla con su propósito, eso sí, siempre y cuando su lectura sea crítica.

sábado, 23 de octubre de 2010

El fukú

La lectura de la novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, me resultó una experiencia fantástica, portentosa, fascinante; es decir, maravillosa, como su título promete. Su autor, Junot Díaz, es un joven dominicano-americano (nació apenas en 1968) que logró con esta novela obtener el premio Pulitzer 2008, el National Books Critics Circle Award de ese mismo año y ser nombrada la mejor novela de 2007 por las revistas Time y New York Magazine; casi nada. Los personajes se mueven por la novela con un fino sentido del humor (humor negro) y con soltura y gracia en el lenguaje que utilizan, en el que se mezcla el argot juvenil que usan los bróders y los goth -con sus héroes y monstruos de videojuegos-, la jerigonza de los dominicanos de la isla y la que en el Bronx despliegan los dominicanos-americanos. El autor también emplea con maestría, para adentrarnos en lo que nos quiere decir, varias voces narradoras y una estructura novedosa en la que el relato de la vida de Óscar se entremezcla con en el pie de página, espacio que utiliza, de manera paralela, para contarnos la historia de la República Dominicana en la época del nefasto general Trujillo.
Yo había pensado que después de publicada La fiesta del Chivo (Vargas Llosa, 2000), nadie tendría la osadía de escribir algo sobre los horrores del gobierno de Rafael Leónidas Trujillo-qué más podría agregarse- pero, héte ahí, que el joven Díaz se arriesga y el resultado es una novela fresca, novedosa, generacional y que ha de resultar interesante no solo para los adictos a las novelas si no también para lingüistas, filólogos y sociólogos.
La historia va y viene en el tiempo de la familia Cabral: desde el abuelo Abelard hasta Óscar, el nieto, el antihéroe, un nerd obeso que escribe poesía y ve programas de TV británicos bastante nerdosos. A Óscar le ha caído el fukú (...se cree que fue la llegada de los europeos a La Española lo que desencadenó el fukú en el mundo, y desde ese momento todo se ha vuelto una tremenda cagada...) y no tiene éxito con las mujeres, siendo que él es un adolescente muy enamoradizo. La trama, que parece una comedia y a ratos te hace reír con gusto, tiene el trasfondo trágico, tragiquísimo, de un drama familar que se inscribe en el drama de los dominicanos.
En entrevista, Junot Díaz dice que: "en realidad no intenté escribir La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Lo que yo quería escribir era Akira (el clásico de dibujos animados) del tercer mundo y durante un par de años eso fue lo que hice: tratar de escribir un libro que como un idiota me empeñaba en llamar The Secret History... acerca de la destrucción de Nueva York por un psíquico terrorista ... pero ocurrió el 11/S...la creación de arte es algo misterioso. Quizá yo hubiera terminado The Secret History si hubiera sido más fuerte y más listo y no me hubiera cagado de miedo. Pero la salvación nos llega por diversos caminos. Cuando estaba intentando escribir The Secret History, me otorgaron una beca Guggenheim y viví un año en México, D.F., tratando de escribir... me enamoré de la que pensé (y todavía pienso) era una de las ciudades más maravillosas del mundo. Como vivir dos vidas en una. En fin, una vez después de una noche de rumba me encontré...escuchando música y hablando mierda cuando por casualidad agarré una copia de La importancia de llamarse Ernesto y pronuncié el nombre de Oscar Wilde en dominicano y lo que salió fue Óscar Wao... y en la noche cuando estaba echado en la cama pensando en la chica de la que estaba enamorado, una fresita cuya familia era de Cancún, tuve la visión de un pobre nerd negro y jodido del gueto llamado Óscar Wao, el tipo de nerd del gueto que habría sido yo si no me hubieran “descubierto” las chicas el primer año de high school. Óscar saltó de la sombra y de repente me di cuenta de que podía escribir una novela entera acerca de un chico dominicano que no conquista a las chicas, que no puede bailar, que es el opuesto de todos los estereotipos que tenemos los dominicanos de lo que son “nuestros hombres”. Óscar no iba a ser el caribeño sexy por el que la industria del turismo vive y muere. Me di cuenta de que podía escribir acerca de este chico nerd que vive obsesionado por la historia y por las chicas, que sólo es bueno para la fantasía y para la ciencia ficción y que sin embargo (trágica, cómicamente) pertenece a una comunidad y a una cultura que propiamente no se enloquece por los nerds de color ni por sus intereses. Entonces lo hice. Escribí la novela de Óscar. Me llevó siete años y muchas lágrimas pero ahora está terminada y no puedo imaginarme de dónde saqué la fuerza para superar una novela fallida y lograr terminar otra. ... la lección es: atención a los libros que se encuentra, pueden salvarle la vida"
Interesante ¿no? Por cierto, si alguna vez sospecha usted que le ha caído el fukú, no se detenga y diga enérgicamente Zafa seguido del cruce de los dedos índices; esto evitará que la maldición caiga en usted o en su familia. Lo dice Óscar-Junot.

sábado, 16 de octubre de 2010

El mago de Amos Oz

Hoy regreso al escritor Amos Oz, con su libro La caja negra (1987), esa caja que llevan los aviones con el fin de que, en caso de accidente, haya un testigo de las causas que lo motivaron y un testimonio de los últimos momentos previos al percance. De ser necesario recurrir a la caja negra, ésta producirá una historia lacónica, telegráfica, siempre escalofriante y, finalmente, determinante: el desenlace previsto. En su caja negra, el mago de Oz, nos ofrece una historia de "familia" sin ambages, descarnada, que llega hasta nosostros en forma epistolar. Amos Oz escogió quizá la forma más difícil para abordar una narración: las cartas son una especie de marco que acota la realidad; que la filtra, la subjetiviza y, para bien o para mal, la distorsiona. La forma epistolar convierte al lector en un verdadero voyeur, al que siempre se le oculta algo y no tiene la posibilidad de preguntar dada su condición de infractor. Pero creo que de eso se trataba, de presentar a unos personajes que el lector de inmediato odia o adora, pero que al irse definiendo le aportan nuevos elementos para ir variando su apreciación y su posición, a sabiendas de que hay información crucial que no le será revelada.
Querido Alec: Que no hayas destruido esta carta al reconocer mi letra en el sobre prueba que la curiosidad es más poderosa que el odio. O que tu odio necesita carne fresca. Así empieza La caja negra, y el lector queda atrapado entre estas frases y no tiene ya más remedio que seguir leyendo lo que augura un desenlace previsto que no por ello deja de ser sorpresivo. Alec e Ilana no se habían tenido contacto en los últimos siete años, desde su divorcio. Se separaron en condiciones brutales, de gran crueldad. Él es un famoso estudioso del fanatismo, vive en Estados Unidos, mientras que ella se quedó en Israel y se volvió a casar con un ortodoxo. Alec e Ilana tienen un hijo en común, Boaz, que el padre ha ignorado durante todo ese tiempo para castigar a la exesposa. El chico es un joven problemático que no logra encontrar su camino en la vida y ese es el motivo de la primera carta en que Ilana le pide ayuda al hombre que alguna vez amó... Intervienen también en la novela, en la correspondencia epistolar, Boaz, por su puesto, que en sus escasos años ha logrado captar el ambiente "familiar" amplio: Los judíos viven de la Torá, de la política, de discursos y discusiones, en vez de vivir de la vida. Ocurre lo mismo con los árabes. Han aprendido de los judíos a consumirse de tristeza y consumirse unos a otros y consumir personas en vez de comida corriente ; Michael, el marido de Ilana, que representa a la parte de la sociedad judia ortodoxa (a la que Amos ha combatido por su intolerancia durante toda su vida-con su posición pacifista-), y el administrador de los bienes de Alec, un viejo amigo de la familia que introduce una buena dosis de la mezquindad de todo el asunto.
Una novela profunda, desgarradora, muy bien escrita, ingeniosamente estructurada, alertadora de intolerancias; donde el odio y el amor -el hielo y el fuego-, se confunden. La literatura de Amos Oz nos habla de lo íntimo, de lo individual, de lo local, siempre en el contexto de un mensaje: "la paz en los tiempos de guerra". Este autor ha sido varias veces postulado para el premio Nobel de Literatura y, a mi juicio, creo que ya se están tardando en dárselo. Este libro, en particular, es, como dicen los anglófilos: a must.
Me parece correcto terminar el día de hoy con algo que dijo Amos Oz sobre la intolerancia: ... la literatura te introduce en la vida privada de las cosas, en sus secretos, y entonces es mucho más difícil odiar. Para mí, por ejemplo, la traducción más importante de este libro que acabo de publicar es la traducción al árabe. Los lectores del mundo árabe que lean mi historia no tienen que sentir rechazo ni tampoco tiene por qué gustarles, pero sí tienen que saber cómo y por qué o cuáles fueron las razones.
Nota de última hora: Hoy se ha dado a conocer que a Hernán Lara Zavala, narrador, ensayista, editor, profesor mexicano y buen amigo, se le ha otorgado el premio Real Academia Española 2010. Su novela Península, península, tomen nota, es otro must. ¡¡¡Enhorabuena!!!