Me ha resultado un verdadero agasajo volver a leer El águila y la serpiente , una de las emblemáticas novelas de Martín Luis Guzmán (Chihuahua, 1887- Cd. de México, 1976). Tanto esta narración como sus otras dos grandes novelas, La sombra del caudillo y Memorias de Pancho Villa, se inscriben en la corriente literaria de la época revolucionaria, caracterizada por la descripción de anécdotas vividas por los autores, por testimonios de primera mano, y por apreciaciones personales de la situación y de los personajes del momento. Por tanto, si bien es cierto que la novela de la Revolución no hace un análisis con visión amplia de lo que sucedía en ese momento en el país (ese paquete le tocó a los historiadores), sí en cambio permite al lector adentrarse en el ambiente de la época y en algunos de sus personajes en el entendido de que, de esa aventura, uno saldrá con una "visión de rendija". Pero, ¿no es fascinante conocer a Carranza a través de los ojos de uno de sus opositores?: Don Venustiano no bailaba -o bailaba poco-, pero se sentía siempre en su elemento si frecuentaba el trato con las damas. Su fortaleza en punto a bailecitos y bochinches no conocía término... Cerca de él no pueden estar mas que los aduladores y serviles, o los que fingen serlo para que Carranza les sirva en sus propósitos personales. Es un corruptor por sistema: alienta las malas pasiones, las mezquindades y aun los latrocinios de cuantos lo rodean, lo cual hace a fin de manejar y dominar mejor a unos y otros.
¿Y qué tal ver a José Vasconcelos, a Alberto Pani, a Alfonso Reyes, con la mirada del amigo, del par? ¿O saber de primera mano lo que los intelectuales de esos días pensaban acerca de Villa o de Zapata?: Y de este modo, por más de media hora, nos entregamos (Villa y Guzmán) a una conversación extraña, a una conversación que puso en contacto dos órdenes de categorías mentales ajenas entre sí. A cada pregunta o respuesta de una u otra parte, se percibía que allí estaban tocándose dos mundos distintos y aun irreconciliables en todo, salvo en el accidente casual de sumar sus esfuerzos para la lucha. Nosotros, pobres ilusos -porque solo ilusos éramos entonces-, habíamos llegado hasta ese sitio cargados con la endeble experiencia de nuestros libros y nuestros primeros arranques. ¿Y a qué llegábamos? A que nos cogiera de lleno y por sorpresa la tragedia del bien y del mal, que no saben de transacciones: que puros, sin mezclarse uno y otro, deben vencer o resignarse a ser vencidos. Veníamos huyendo de Victoriano Huerta, el traidor, el asesino, e íbamos por la misma dinámica de la vida y por cuanto en ella hay de más generoso, a caer en Pancho Villa, cuya alma, más que de hombre, era de jaguar, de jaguar en esos momentos domesticado para nuestra obra o para la que creíamos era nuestra obra; jaguar a quien, acariciadores, pasábamos la mano sobre el lomo, temblando de que nos tirara un zarpazo.
La novela está estructurada en dos grandes capítulos: Esperanzas revolucionarias y En la hora del triunfo y cada una de esta partes, a su vez, se compone de siete libros en los que el autor organiza de manera inteligente y ágil el cúmulo de recuerdos que su pluma logró atrapar. Los sucesos que describe tienen lugar entre 1913 y 1915, así que los más de diez años que median entre lo pasado y la publicación del libro, no hicieron sino depurar las experiencias del autor para beneficio de sus lectores. Y no sólo eso, me parece una acción valiente "encuerar" a algunos nombres de notables que, en 1926, cuando aparece el libro, todavía andaban dando guerra por estos lares.
El primer episodio del primer capítulo: La bella espía, es un cuento delicioso con el que Martín Luis Guzmán nos hace cómplices de un enredo que tanto cae en lo casero como en el terreno de los grandes vuelos de la política pero que, sobre todo, nos abre la puerta para escuchar todo lo que sigue(a veces situaciones muy graves y muy fuertes, con la certeza de que será contado con gran maestría narrativa.
En esta segunda lectura, encuentro dos aspectos principales que antes pasé por alto: el primero tiene que ver con la decepción de Martín Luis Guzmán por el camino que tomó la Revolución, contrario a los ideales originales de muchos, y que hoy cobra mayor fuerza al cumplirse los cien años de esa mentada gesta. Nos dice el autor: Yo tenía entonces ideas demasiado optimistas -y, en consecuencia, absurdas- sobre la posibilidad de ennoblecer la política de México. Creía aún que a los ministerios podían y debían ir hombres de grandes dotes intelectuales y morales, y hasta consideraba deber de los buenos revolucionarios el declinar los altos puestos para que se confiaran a lo mas apto posible y mas ilustre... El paisaje del campo -¡yermas tierras de Tacuba, polvorientas y tristes!- me hizo sentir otra vez lo absurdo de la situación política en que nos movíamos.
El segundo aspecto es una apreciación personal que con seguridad encontrará objeciones: veinte años después de escribir El águila y la serpiente, que derrocha la frescura de su joven adulto escritor, un mucho más maduro Martín Luis Guzmán emprende la tarea de escribir las memorias de Pancho Villa¡nada menos que puesto en los zapatos del sanguinario "Centauro del Norte"! Y ese bandido, violador y asaltador se convierte, gracias a don Martín, en un personaje literario heroico, arrojado y temerario -aunque, a fin de cuentas, inventado - que resultó atractivo para la historia oficial - al grado de haber puesto su nombre en letras de oro en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Pero Martín Luis Guzmán lo conoce bien y no se deja engañar; prueba de ello son los muchos párrafos en los que narra varios episodios que hacen evidente su posición frente a Villa: ¡terribles días aquellos en que los asesinatos y los robos eran las campanadas del reloj que marcaba el paso del tiempo! La Revolución, noble esperanza nacida hace cuatro años antes, amenazaba disolverse en mentira y crimen. ¿De qué servía que un pequeñísimo grupo conservara intactos los ideales? Por menos violento, ese grupo era ya, y no dejaría de ser, el más inadecuado para la lucha; lo cual, por sí solo, convertía a la Revolución en un contrasentido: el de encomendar a los egoistas y criminales un movimiento generoso y purificador por esencia...Un poco más allá estaba el tren de Villa con su guardia de dorados. De éstos brillaban al sol la actitud pistolera, los presagios de su crueldad, la dureza de su fatalismo sanguinario e ignorante. Más lejos se extendían las pobres milpas en rastrojo, por donde había yo visto pasar, venticuatro horas antes, a los cinco falsificadores condenados a muerte, sin juicio ni ley. Y todo ello servía de marco a un cuadro que me obsesionaba imaginativamente y en el cual veía yo a mi maestro Agustín Aragón explicando a sus alumnos, frente a encerados cubiertos de alfas, de betas, de gammas, las leyes de la Mecánica y las del movimiento de los astros. Ignorancia, mediocridad y violencia frente a educación.
Posdata: Me llamó la atención el estado en aquellos días de nuestros ferrocarriles mexicanos ¿Alguien sabe qué nos pasó?: trenes de generales, trenes de civiles iban y venían por las principales vías...convoyes de guerra o máquinas fugaces seguidas de un coche salón y un cabús, donde viajaban, a la velocidad del rayo...se saludaban las locomotoras, charlaban las tripulaciones y, si los trenes llevaban políticos de altura, los viajeros descendían del tren y hablaban gravemente. Así fue como Vasconcelos y yo nos encontramos una de aquellas mañanas, entre Torreón y Fresnillo...
Amigos: Ya con ésta me despido,chabacanos en canasta:ya no quiero saber nada,con lo que he sabido basta.Ya con ésta me despido,con una estrella de oriente:no se les vaya a olvidar lo que tenemos pendiente.
domingo, 29 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
De esto y de aquéllo
No puedo hablar de la obra del escritor valenciano Manuel Vicent (Castellón, 1936) mas que por su libro Verás el cielo abierto (2005). Lo único que sé de él es que es un escritor y periodista prolífico y que dos de sus novelas (Son de mar y Tranvía a la Malvarrosa) han sido adaptadas y llevadas a la pantalla grande. Sobre Verás el cielo abierto , el propio autor nos dice: me gustaría que se leyera este libro...como se entra en una habitación íntima, en una tarde de lluvia y uno se pone cómodo, se sirve un té o una copa y se siente a gusto sin necesidad de ir a otra parte. Unas veces esta habitación será luminosa con la ventana abierta por donde llegan los perfumes desde el fondo de la memoria; otras, podrá ser cálida y confortable...Si el lector, al terminar el libro, cree que ha pasado la tarde en el mejor lugar...podré imaginar que he escrito lo que quería. Y en efecto, la lectura del libro me produjo una plácida y singular sensación de "estar a gusto". La trama, si es que la hay, versa sobre una serie de vivencias del escritor, quizá aquellas que importan en el repaso de su vida, y que al mezclarse con sus pensamientos actuales producen afirmaciones profundas y compartidas: fue mi primer amor, nos dice, y a medida que me fui haciendo adulto se multiplicó en las mujeres que amé, porque el amor es lo eterno y no lo amado. O en otro pasaje: Si yo fuera un buen pescador pondría esta llampuga de carnada para ver si pica una lecha de siete kilos y redoblo la suerte, pero no quiero arriesgarme a tener este sobresalto. Los placeres hay que limitarlos. En el fondo, ése ha sido mi quebranto...Huyendo de los placeres comprometidos siempre me he refugiado en las estrellas, en esas luces lejanas que te observan y no te juzgan.
Bellamente escrito, ameno y sin mayores complicaciones, creo que Vicent logra cabalmente su cometido: agasajarnos con un hermoso escrito que nos brinda luminosidad, nos produce sensación de calidez y, como en el caso del siguiente diálogo, nos provoca admiración por el momento que logra plasmar:
-¿Qué quieres saber?
-No sé, algo que me conmueva. No me importa que te lo inventes.
Y pasando la hoja, nos encontramos con que hace escasos dos años, la BBC de Londres produjo una serie para televisión en la que relata un insólito juicio llevado a cabo en una de las barracas del tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz (Juicio a Dios). Dirigida por Andy DeEmmony (conocido director de teleseries), la película se basa en un guión del escritor inglés Frank Cottrell Boyce y cuenta con un elenco de notables actores, entre ellos, el británico Rupert Graves (¿se acuerdan de la película Damage, con Jeremy Irons y Juliette Binoche, en la que la novia del hijo se hace amante del padre? Pues sí, Rupert era el hijo-novio engañado).
Con formato más próximo al teatro que al cine, la trama se desarrolla básicamente en un solo espacio: un inmundo galerón en el que convive un grupo de seres humanos: hacinados, mal comidos, mal tratados y, sobre todo, humillados, que solo esperan la orden para ser llevados a la cámara de gases. Aún así, siguen respirando con la esperanza de que su número no sea el siguiente y puedan sobrevivir aunque sea en esas condiciones. El mundo se ha volteado al revés y ustedes se han caído, les dice el carcelero, un exconvicto que en esas circunstancias les hace ver, a ellos -médicos,abogados,religiosos, científicos- que allí, en ese infierno, él es "el rey, el presidente, el canciller, el Führer..., Dios".
Cada uno de los mil prisioneros que alberga la barraca tiene su historia particular, a cual más trágica, que, en general, se lleva con resignación y miedo y se palia con la oración; sólo una voz se levanta (que a partir de ahí tendrá otros seguidores) ante la magnitud del infortunio y de la deseperación y reta a Dios por haberlos llevado, sin crimen cometido, a esa situación. La película comienza en las épocas recientes, con un grupo de turistas que realizan una visita guiada por el que fuera escenario del holocausto del siglo pasado. Una jovencita, al ver el lúgubre ambiente se pregunta: ¿cómo es posible que estas atrocidades se cometieran? y la respuesta da comienzo a la situación del lugar en 1945, en la que un grupo de judios a punto de ser exterminados, realiza un juicio contra la acción de Dios. Entre ellos constituyen un tribunal con tres jueces: el padre de la corte o defensor, el dayan o inquisidor y el jefe de la corte, encargado de coordinar el juicio. Este último pregunta quien es el acusador y cuál la acusación, "yo" responde el retador de Dios y dice: "la acusación es por asesinato y colaboracionismo". Claro que estas palabras desatan una fuerte discusión que llega finalmente a un acuerdo: enjuiciar a Dios por incumplimiento de contrato; por haber roto el pacto establecido con Moisés en el desierto, en el que afirmó que de todos los pueblos, el judío sería el elegido. Lo que sigue, propiamente el juicio (con una duración de noventa minutos), mantiene al espectador sin respiración. Opción muy recomendada que, ahí les va un supertip, se puede ver en la televisión en el canal Film&Arts o en Youtube, en su computadora. De verdad, no se la pierdan y luego la platicamos.
Bellamente escrito, ameno y sin mayores complicaciones, creo que Vicent logra cabalmente su cometido: agasajarnos con un hermoso escrito que nos brinda luminosidad, nos produce sensación de calidez y, como en el caso del siguiente diálogo, nos provoca admiración por el momento que logra plasmar:
-¿Qué quieres saber?
-No sé, algo que me conmueva. No me importa que te lo inventes.
Y pasando la hoja, nos encontramos con que hace escasos dos años, la BBC de Londres produjo una serie para televisión en la que relata un insólito juicio llevado a cabo en una de las barracas del tristemente célebre campo de concentración de Auschwitz (Juicio a Dios). Dirigida por Andy DeEmmony (conocido director de teleseries), la película se basa en un guión del escritor inglés Frank Cottrell Boyce y cuenta con un elenco de notables actores, entre ellos, el británico Rupert Graves (¿se acuerdan de la película Damage, con Jeremy Irons y Juliette Binoche, en la que la novia del hijo se hace amante del padre? Pues sí, Rupert era el hijo-novio engañado).
Con formato más próximo al teatro que al cine, la trama se desarrolla básicamente en un solo espacio: un inmundo galerón en el que convive un grupo de seres humanos: hacinados, mal comidos, mal tratados y, sobre todo, humillados, que solo esperan la orden para ser llevados a la cámara de gases. Aún así, siguen respirando con la esperanza de que su número no sea el siguiente y puedan sobrevivir aunque sea en esas condiciones. El mundo se ha volteado al revés y ustedes se han caído, les dice el carcelero, un exconvicto que en esas circunstancias les hace ver, a ellos -médicos,abogados,religiosos, científicos- que allí, en ese infierno, él es "el rey, el presidente, el canciller, el Führer..., Dios".
Cada uno de los mil prisioneros que alberga la barraca tiene su historia particular, a cual más trágica, que, en general, se lleva con resignación y miedo y se palia con la oración; sólo una voz se levanta (que a partir de ahí tendrá otros seguidores) ante la magnitud del infortunio y de la deseperación y reta a Dios por haberlos llevado, sin crimen cometido, a esa situación. La película comienza en las épocas recientes, con un grupo de turistas que realizan una visita guiada por el que fuera escenario del holocausto del siglo pasado. Una jovencita, al ver el lúgubre ambiente se pregunta: ¿cómo es posible que estas atrocidades se cometieran? y la respuesta da comienzo a la situación del lugar en 1945, en la que un grupo de judios a punto de ser exterminados, realiza un juicio contra la acción de Dios. Entre ellos constituyen un tribunal con tres jueces: el padre de la corte o defensor, el dayan o inquisidor y el jefe de la corte, encargado de coordinar el juicio. Este último pregunta quien es el acusador y cuál la acusación, "yo" responde el retador de Dios y dice: "la acusación es por asesinato y colaboracionismo". Claro que estas palabras desatan una fuerte discusión que llega finalmente a un acuerdo: enjuiciar a Dios por incumplimiento de contrato; por haber roto el pacto establecido con Moisés en el desierto, en el que afirmó que de todos los pueblos, el judío sería el elegido. Lo que sigue, propiamente el juicio (con una duración de noventa minutos), mantiene al espectador sin respiración. Opción muy recomendada que, ahí les va un supertip, se puede ver en la televisión en el canal Film&Arts o en Youtube, en su computadora. De verdad, no se la pierdan y luego la platicamos.
sábado, 14 de agosto de 2010
Comparaciones
Me ha resultado muy interesante en estos días poder hacer la comparación entre la adaptación televisiva (canal Europa,Europa de Sky) y la cinematográfica(en DVD) del libro escrito en 1945 por Evelyn Waugh (Inglaterra 1913-1966), Retorno a Brideshead, memorias sagradas y profanas del capitán Charles Ryder. El libro, en palabras del autor, trata de la acción de la gracia divina sobre un grupo de personajes. No estoy tan segura de que las versiones a las que me referiré rescaten lo dicho por el autor; para mi gusto lo enriquecen al poner a discusión, precisamente, la gracia divina. Evelyn Waugh, de famila conservadora anglicana, se convirtió al catolicismo en 1931, fue uno de los pocos escritores ingleses que apoyaron el alzamiento del general Franco en España, y su obra, según sus críticos, está llena de ironía hacia la aristocracia inglesa con la que convivió, siendo muy joven, a partir de su estancia en la Universidad de Oxford. Si bien lo anterior son solo “flashazos” sobre la vida y pensamiento de este autor, creo que son esenciales para entender el conflicto presente en la trama de esta novela. Retorno a Brideshead, tiene mucho de autobiografía (aunque los lugares y las personas adopten nombres ficticios o cambiados) en la que el autor refleja su posición (¿y sus dudas?) frente a la muerte, la religión, la aristocracia, la libertad, el conservadurismo, la guerra y... el paso del tiempo. En la adapatación televisiva (1981) -que vale la pena ver aunque solo sea por las actuaciones de Jeremy Irons, John Gielgud, Laurence Oliver y Jane Asher-, los directores Charles Sturridge y Michael Lindsay-Hogg logran, en sus once capítulos,transmitir al espectador el asombro de un joven agnóstico y austero, principal protagonista, ante la forma de manejarse y de vivir de la aristocracia católica inglesa de aquellos años (y me temo que eso no debe haber cambiado mucho). Charles Ryder es un joven de una zona clase media de Londres, que mantiene una relación respetuosa con su padre, aunque casi inexistente, y que cifra sus expectativas en la posibilidad de entrar al mundo de la intelectualidad. Para ello, pone el pie en la Universidad de Oxford ¿dónde mejor? En sus primeros meses en el college, y a raíz de un encuentro fortuito con el hijo de Lord Marchmain, empieza una vida que parece abrirle caminos más atractivos que las periódicas reuniones con sus aburridos compañeros de su clase de historia. Su sexualidad, a esa edad adolescente, también es parte de la trama y también lo es la confrotación entre el rígido catolicismo inglés, lleno de culpas, y la vida licenciosa de algunos de sus practicantes. Esplendor y decadencia crean una urdimbre que se entrelaza con la muerte y la guerra. A Charles Ryder, la gracia divina lo convierte en un observador de los destinos de la aristócrata famila Marchmain. Filmada en escenarios maravillosos -varios de los colleges más hermosos de Oxford, el majestuoso castillo de Howard en Yorksire, la ciudad de Venecia con sus espléndidas vistas y palacios y hasta el bien conocido trasatlántico de cinco estrellas (y más), el Queen Elizabeth II -, parece no haberse escatimado en nada. La música de Geoffrey Burgon, notable.
Por su parte, la película (2008), es de realización mucho más modesta y aunque también tiene actores de la talla de Emma Thompson y Michael Gambon, no puede compararse en este aspecto con la versión para la pantalla chica. También es disfrutable y su director (Julian Jarrold) hace un buen trabajo, sin embargo, la serie tiene una ventaja adicional: su duración, pues mientras la película transcurre en 135 minutos, la serie se toma cinco veces ese tiempo, con lo cual en esta última se puede lograr un retrato mucho más intimista de los personajes. Pero aún así, en ambas versiones hay algo que me parece importante resaltar: a pesar de que el autor de la novela pone el énfasis en la fuerza del arrepentimiento de los pecados, las adaptaciones tienen su visión particular del asunto y se centran en el tema de la manipulación, mediante la culpa, que ejerce la religión en sus seguidores; en este sentido quizás es más audaz la película: vivir en el pecado, parece decirnos, crea una especie de perturbadora espada de Damocles de la que se sobrevive con el rito de la confesión pero morir en el pecado es inadmisible ya que acarrea un destino de condena eterna. Ni dudarlo, el tema, el autor y las adapataciones, dan para una buena discusión.
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Por su parte, la película (2008), es de realización mucho más modesta y aunque también tiene actores de la talla de Emma Thompson y Michael Gambon, no puede compararse en este aspecto con la versión para la pantalla chica. También es disfrutable y su director (Julian Jarrold) hace un buen trabajo, sin embargo, la serie tiene una ventaja adicional: su duración, pues mientras la película transcurre en 135 minutos, la serie se toma cinco veces ese tiempo, con lo cual en esta última se puede lograr un retrato mucho más intimista de los personajes. Pero aún así, en ambas versiones hay algo que me parece importante resaltar: a pesar de que el autor de la novela pone el énfasis en la fuerza del arrepentimiento de los pecados, las adaptaciones tienen su visión particular del asunto y se centran en el tema de la manipulación, mediante la culpa, que ejerce la religión en sus seguidores; en este sentido quizás es más audaz la película: vivir en el pecado, parece decirnos, crea una especie de perturbadora espada de Damocles de la que se sobrevive con el rito de la confesión pero morir en el pecado es inadmisible ya que acarrea un destino de condena eterna. Ni dudarlo, el tema, el autor y las adapataciones, dan para una buena discusión.
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sábado, 7 de agosto de 2010
Puros cuentos
No he podido encontrar ninguna referencia al último libro que he leído -Después de la tormenta- ni tampoco referencia alguna a su autor, Severino Fernández Nicolás. El libro está publicado por ediciones G.P, en el año de 1974, y fue un regalo que me hizo un familiar para que me ilustrara sobre los años de la posguerra española. Debo decir que está bien escrito, sin destacar, y que el buen manejo de los diálogos logra “engancharte”. La trama se desarrolla en los años cuarenta, primero en la zona de Asturias y después en los alrededores de León. La protagonista principal es una mujer viuda de guerra que para mantener a sus cuatro hijos pequeños se introduce en el mundo del estraperlo: compra-venta ilegal de artículos sujetos a racionamiento por parte del gobierno (en España, el racionamiento, y por tanto también el estraperlo, duró de 1936 hasta 1952). No puedo decir que no aprendí o corroboré algunas ideas con esta lectura pero, por otro lado, me sorprendió el grado de confusión (y quizá hasta mal intencionada) que destila la novela. Menciono sólo dos aspectos: se dice repetidamente que los rebeldes eran los repúblicanos, cuando es un hecho histórico que lo que sucedió en España fue un levantamiento de los llamados nacionales en contra de un gobierno legalmente instituido: la república española. El segundo aspecto que destila manipulación pura es la figura de un republicano, cuñado de la viuda, que ha pasado siete años en la cárcel y que, a su decir, ha aprendido mucho y refrendado su pensamiento político. El tal sujeto es un ser humano despreciable que quiere abusar de su parienta y de la hija de ésta, su sobrina carnal; un animalazo que por fuerza tiene que provocar rechazo en el lector; así que saque usted sus conclusiones. Libros como éste proliferaron en la época franquista y todavía hoy, en el periódico El País se anuncia que se acaba de editar la novela Soldados de la noche (primera de una serie publicada originalmente en 1988) del neoyorkino Alan Furst, “que se le puede atragantar a cualquier lector español medianamente culto” y es que gran parte de la novela transcurre durante la Guerra Civil española de 1936, ... “y revela que el autor tiene apenas vagas ideas de aquel conflicto...”. Mucho cuidado con creernos todo lo que leemos.
Y en este mismo sentido, aunque en este caso se nos advierte que se trata de trasgresiones intencionadas de la realidad, Ficciones de la revolución mexicana (tema muy adecuado para los tiempos que corren) del escritor mexicano Ignacio Solares (Ciudad Juérez, Chihuahua, 1945), es un compendio de diecisiete cuentos que nos llevan a imaginar el qué hubiera pasado si caudillos, héroes, tiranos, traidores y turba que protagonizaron la revolución mexicana hubieran actuado de manera diferente a como los reporta la historia oficial. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si Arnulfo Arroyo hubiera matado a Porfirio Díaz en el atentado de 1897? ¿Qué, si como se pregunta el autor, Madero hubiera mandado fusilar a Huerta por traidor y le hubiera dado el mando del ejército a Felipe Ángeles? ¿Qué, si Pino Suárez, abatido por el tiro de gracia que le propinó el cabo Pimienta, hubiera gritado: la política solo me ha proporcionado dolores y decepciones ...ni siquiera tengo la vocación de martirio del Presidente Madero...? De especial interés resulta el cuento Los mochos, que narra, en voz de José de León Toral, una supuesta conversación con el general Álvaro Obregón, ante un supuesto atentado fallido contra el caudillo. Afirma Toral, después de escuchar una íntima confesión de su interlocutor: Por eso reitero aquí, ante ustedes, ...no fuí yo quien acabó con la vida del general Obregón...Un breve tiempo ahí con él había sido suficiente para darme cuenta del absurdo que había cometido...Entonces el propio general Obregón tomo la pistola, la llevó a su sien.... ¿qué hubiera pasado si Obregón se hubiera suicidado? En esta colección de cuentos, Solares parece rescatar un conjunto de retazos de otras novelas suyas y aprovecharlos para zurcir un traje cuya confección se antoja arriscada, igual que los bigotes de Felipe Ángeles, a decir del escritor (¿o será también ficción?). La nota final, en la que Solares le explica al lector la intención y la motivación de los cuentos, es reveladora y, para mi gusto, hubiera sido mejor como nota preliminar que como epílogo. Aún así, está bien bien escrita y resulta un excelente ejercicio para la imaginación... aunque no nos lleve a ninguna parte.
Y para postre, La humillación de Philip Roth (New Jersey, 1933). Hablar sobre una novela de este Roth (Philip) es garantía de un tema fuerte (Elegía, La mancha humana, American Pastoral, entre otras). Ahora bien, si además se trata de una humillación, como su título indica, el lector no espere un cuento de hadas (o de vampiros, para el caso). Respire hondo...y al ataque. Un escritor sesentón agotado profesionalmente y abandonado por su mujer, encuentra una tabla de salvación en el deseo erótico que se establece mediante una relación “amorosa” fuera de lo común. Escrita en tres actos y en escasas ciento cincuenta y seis cuartillas, esta novela nos enfrenta al derrumbe de un ser humano. Desde nuestro sillón de lectura vamos temiendo a cada hoja que las decisiones que va tomando el actor retirado, quizá explicables y razonables dadas las circunstancias, lo harán llegar al mas profundo de los pozos. ¿Será justificado nuestro temor? Léanla sin escandalizarse; se trata de un intento de sobrevivencia a cualquier costo...¿puro cuento?
Y en este mismo sentido, aunque en este caso se nos advierte que se trata de trasgresiones intencionadas de la realidad, Ficciones de la revolución mexicana (tema muy adecuado para los tiempos que corren) del escritor mexicano Ignacio Solares (Ciudad Juérez, Chihuahua, 1945), es un compendio de diecisiete cuentos que nos llevan a imaginar el qué hubiera pasado si caudillos, héroes, tiranos, traidores y turba que protagonizaron la revolución mexicana hubieran actuado de manera diferente a como los reporta la historia oficial. ¿Qué hubiera pasado, por ejemplo, si Arnulfo Arroyo hubiera matado a Porfirio Díaz en el atentado de 1897? ¿Qué, si como se pregunta el autor, Madero hubiera mandado fusilar a Huerta por traidor y le hubiera dado el mando del ejército a Felipe Ángeles? ¿Qué, si Pino Suárez, abatido por el tiro de gracia que le propinó el cabo Pimienta, hubiera gritado: la política solo me ha proporcionado dolores y decepciones ...ni siquiera tengo la vocación de martirio del Presidente Madero...? De especial interés resulta el cuento Los mochos, que narra, en voz de José de León Toral, una supuesta conversación con el general Álvaro Obregón, ante un supuesto atentado fallido contra el caudillo. Afirma Toral, después de escuchar una íntima confesión de su interlocutor: Por eso reitero aquí, ante ustedes, ...no fuí yo quien acabó con la vida del general Obregón...Un breve tiempo ahí con él había sido suficiente para darme cuenta del absurdo que había cometido...Entonces el propio general Obregón tomo la pistola, la llevó a su sien.... ¿qué hubiera pasado si Obregón se hubiera suicidado? En esta colección de cuentos, Solares parece rescatar un conjunto de retazos de otras novelas suyas y aprovecharlos para zurcir un traje cuya confección se antoja arriscada, igual que los bigotes de Felipe Ángeles, a decir del escritor (¿o será también ficción?). La nota final, en la que Solares le explica al lector la intención y la motivación de los cuentos, es reveladora y, para mi gusto, hubiera sido mejor como nota preliminar que como epílogo. Aún así, está bien bien escrita y resulta un excelente ejercicio para la imaginación... aunque no nos lleve a ninguna parte.
Y para postre, La humillación de Philip Roth (New Jersey, 1933). Hablar sobre una novela de este Roth (Philip) es garantía de un tema fuerte (Elegía, La mancha humana, American Pastoral, entre otras). Ahora bien, si además se trata de una humillación, como su título indica, el lector no espere un cuento de hadas (o de vampiros, para el caso). Respire hondo...y al ataque. Un escritor sesentón agotado profesionalmente y abandonado por su mujer, encuentra una tabla de salvación en el deseo erótico que se establece mediante una relación “amorosa” fuera de lo común. Escrita en tres actos y en escasas ciento cincuenta y seis cuartillas, esta novela nos enfrenta al derrumbe de un ser humano. Desde nuestro sillón de lectura vamos temiendo a cada hoja que las decisiones que va tomando el actor retirado, quizá explicables y razonables dadas las circunstancias, lo harán llegar al mas profundo de los pozos. ¿Será justificado nuestro temor? Léanla sin escandalizarse; se trata de un intento de sobrevivencia a cualquier costo...¿puro cuento?
sábado, 24 de julio de 2010
El evangelio de Saramago
Comentar la novela El Evangelio según Jesucristo, del Nobel José Saramago, recién fallecido, tiene su complicación. No me refiero a una dificultad producto de alguna escritura rocambolesca ni tampoco a la que podría originarse por la confusión de su pensamiento; por el contrario, si algo ha de decirse en este sentido tendrá que ser sobre la sencillez de las frases que utiliza, la finura de las descripciones y la claridad del detalle con que Saramago explica el tema. Sin embargo, hay complicación porque la ocurrencia del portugués de escribir un evangelio narrado por el propio Jesús -un autoevangelio-, donde llena huecos de información de los cuatro evangelios canónicos de la Biblia, puede resultar chocante para algunos. ¿Para quién escribió este libro su autor? Desde luego no para aquéllos que por principio ni lo van a comprar ni lo van a leer -ahí no hay nada que hacer-, pero sí para los que tienen preguntas sin contestar, dentro o fuera de la fe católica: ¿cómo era José, cómo María, cómo era la relación entre ellos, cómo fue la concepción, cómo muere José, por qué Jesús sale de su casa, a qué edad, cómo conoce a Maria Magdalena, qué le dice a Jesús el soldado que lo lleva al sacrificio, qué dudas tenía Jesús, qué culpas cargaba?
Como marco general de la novela, cabe decir que el laureado escritor portugués, siendo ateo, o eso es lo que deduzco de su trayectoria de vida -no lo sé con certeza-, no niega (ni pone en duda en ningún momento) la existencia de Dios; lo que sí hace (sin cuestionar su omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia), es representarlo a la imagen y semejanza del hombre (consecuencia directa de que Dios haya hecho al hombre a su imagen y semejanza), con sus contradicciones, sus dudas y su lucha entre el bien y el mal: Dios y el Diablo enfrentados, dándole uno sentido a la existencia del otro. En cuanto a Jesús, es, para el portugués, un joven atormentado por la culpa de su padre -quiero saber sobre la culpa, dice a sus trece años frente a los sabios del Templo, de la culpa que yo pueda tener incluso sin haber pecado directamente-, que busca en su pasado el sentido de su presente y de su futuro. Y en este intento de Saramago de darnos (de darse a sí mismo) una versión más terrenal de la vida y obra de Jesús de Nazaret, nos hace dos advertencias principales; en la primera justifica su visión de un Jesús terrenal: ...es posible que estas suposiciones (las de este evangelio) parezcan inadecuadas no sólo a la persona sino también al tiempo y al lugar, osando imaginar sentimientos modernos y complejos en la cabeza de un aldeano palestino nacido tantos años antes de que Freud, Jung, Groddeck y Lacan vinieran al mundo, pero nuestro error, permítasenos la presunción, ni es craso ni escandaloso si tenemos en cuenta el hecho de que abundadan, en los escritos que a estos judios sirven de alimento espiritual, ejemplos tales y tantos que nos autorizan a pensar que un hombre, sea cual sea la época en la que viva o haya vivido, es mentalmente contemporáneo de otro hombre de otra época cualquiera. En la segunda observación -que no tiene importancia en el contexto en el que está colocada en el texto pero sí, a mi jucio, en todo el contenido del libro- nos habla del ejercicio literario: ...en esto de mentir y decir la verdad hay mucho que opinar, lo mejor es no arriesgar juicios morales perentorios porque, si damos tiempo al tiempo, siempre llega un día en que la verdad se vuelve mentira y la mentira verdad... Con estos dos avisos, el autor nos proporciona los elementos para abordar la lectura sin prejuicios. Vamos ahí.
Cuenta este evangelio que José el carpintero padre de Jesús, vive atormentando desde que, en Belén, escuchó de la matanza de niños inocentes y él, en vez de avisar al pueblo de las intenciones de Herodes y sus soldados, decide huir hacia Nazaret con su mujer y su hijo recién nacido. Trece años después, José es crucificado al ser confundido con un guerrillero rebelde y Jesús hereda la culpa del padre (en forma de sueño recurrente), lo que lo obliga a salir de su casa para entender el misterio de su pasado, saber de dónde viene, quién es y para qué obra está predestinado. Su encuentro con Pastor (el Diablo), que lo instruye durante más de quince años en el arte de cuidar rebaños, constituye un duro enfrentamiento verbal, muy interesante, sobre asuntos existenciales. Finalmente el Diablo le dice: no has aprendido nada, vete, y así Jesús emprenderá otro camino que lo llevará a su destino final. En esta travesía conoce a María de Magdala (María Magdalena) que se deslumbra ante el forastero y le ofrece su amor y solidaridad: ...así tenemos que empezar todos, hombres que no conocían mujer y mujeres que no conocían hombre, un día el que sabía enseñó y el que no sabía aprendió... Esta María va poco a poco sustituyendo a María, la madre, que, a pesar de las circunstancias adversas, logra entender y asimilar el simbolismo de este cambio de estafeta: Yo te bendigo, María de Magdala, por el bien que a mi hijo Jesús has hecho, hoy y para siempre te bendigo. Una vez saldado el complejo asunto familar (de la madre que acepta la relación del hijo con una ex prostituta), Jesús, ya siempre en compañía de su mujer, continua hacía los designios de Dios. Y es con Dios y con el Diablo con los que tiene, en medio de una espesa bruma y durante cuarenta días, una profunda y sobrecogedora conversación que confronta a los tres personajes (y de paso al lector). El libro termina con la muerte de Jesús crucificado: se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazaret y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas. En un artículo de Agustina Jojärt cuyas ideas comparto, nos dice: quizá este sea el evangelio que faltaba: una historia acerca de Jesús, contada por Jesús; cuando el Hijo de Dios es más hombre de lo que cualquiera de nosotros podría haberse imaginado entonces el cristal se torna a veces transparente, otras veces turbio. La imagen que se crea de este Jesús deja de ser incuestionable y acabada. Y agrega: Si bien este Evangelio, según Jesús, según Saramago, es un relato por momentos próximo a nuestras propias capacidades, por momentos extraordinario y divino -como se espera que suceda con lo que del Hijo de Dios proviene-, es de sospechar que algunos hechos y conceptos difieren de los dados a conocer ya por otros Evangelios. Pero no debe buscarse una lógica comprensible que explique al poeta, sino reconocer su íntimo propósito; tal vez, allí esté la magia de lo que diga o se calle. De esta manera, Saramago construye su idea del mundo: quien quiera oír, que oiga.
Y ojo, para no enredarnos: no sé si la idea del mundo de Saramago coincide con tu idea del mundo o con la mía o con la nuestra; lo que sí se, es que El Evangelio según Jesucristo no es un libro sobre teología, es una novela y, desde el punto de vista de la literatura, muy buena.
Como marco general de la novela, cabe decir que el laureado escritor portugués, siendo ateo, o eso es lo que deduzco de su trayectoria de vida -no lo sé con certeza-, no niega (ni pone en duda en ningún momento) la existencia de Dios; lo que sí hace (sin cuestionar su omnipotencia, omnipresencia y omnisciencia), es representarlo a la imagen y semejanza del hombre (consecuencia directa de que Dios haya hecho al hombre a su imagen y semejanza), con sus contradicciones, sus dudas y su lucha entre el bien y el mal: Dios y el Diablo enfrentados, dándole uno sentido a la existencia del otro. En cuanto a Jesús, es, para el portugués, un joven atormentado por la culpa de su padre -quiero saber sobre la culpa, dice a sus trece años frente a los sabios del Templo, de la culpa que yo pueda tener incluso sin haber pecado directamente-, que busca en su pasado el sentido de su presente y de su futuro. Y en este intento de Saramago de darnos (de darse a sí mismo) una versión más terrenal de la vida y obra de Jesús de Nazaret, nos hace dos advertencias principales; en la primera justifica su visión de un Jesús terrenal: ...es posible que estas suposiciones (las de este evangelio) parezcan inadecuadas no sólo a la persona sino también al tiempo y al lugar, osando imaginar sentimientos modernos y complejos en la cabeza de un aldeano palestino nacido tantos años antes de que Freud, Jung, Groddeck y Lacan vinieran al mundo, pero nuestro error, permítasenos la presunción, ni es craso ni escandaloso si tenemos en cuenta el hecho de que abundadan, en los escritos que a estos judios sirven de alimento espiritual, ejemplos tales y tantos que nos autorizan a pensar que un hombre, sea cual sea la época en la que viva o haya vivido, es mentalmente contemporáneo de otro hombre de otra época cualquiera. En la segunda observación -que no tiene importancia en el contexto en el que está colocada en el texto pero sí, a mi jucio, en todo el contenido del libro- nos habla del ejercicio literario: ...en esto de mentir y decir la verdad hay mucho que opinar, lo mejor es no arriesgar juicios morales perentorios porque, si damos tiempo al tiempo, siempre llega un día en que la verdad se vuelve mentira y la mentira verdad... Con estos dos avisos, el autor nos proporciona los elementos para abordar la lectura sin prejuicios. Vamos ahí.
Cuenta este evangelio que José el carpintero padre de Jesús, vive atormentando desde que, en Belén, escuchó de la matanza de niños inocentes y él, en vez de avisar al pueblo de las intenciones de Herodes y sus soldados, decide huir hacia Nazaret con su mujer y su hijo recién nacido. Trece años después, José es crucificado al ser confundido con un guerrillero rebelde y Jesús hereda la culpa del padre (en forma de sueño recurrente), lo que lo obliga a salir de su casa para entender el misterio de su pasado, saber de dónde viene, quién es y para qué obra está predestinado. Su encuentro con Pastor (el Diablo), que lo instruye durante más de quince años en el arte de cuidar rebaños, constituye un duro enfrentamiento verbal, muy interesante, sobre asuntos existenciales. Finalmente el Diablo le dice: no has aprendido nada, vete, y así Jesús emprenderá otro camino que lo llevará a su destino final. En esta travesía conoce a María de Magdala (María Magdalena) que se deslumbra ante el forastero y le ofrece su amor y solidaridad: ...así tenemos que empezar todos, hombres que no conocían mujer y mujeres que no conocían hombre, un día el que sabía enseñó y el que no sabía aprendió... Esta María va poco a poco sustituyendo a María, la madre, que, a pesar de las circunstancias adversas, logra entender y asimilar el simbolismo de este cambio de estafeta: Yo te bendigo, María de Magdala, por el bien que a mi hijo Jesús has hecho, hoy y para siempre te bendigo. Una vez saldado el complejo asunto familar (de la madre que acepta la relación del hijo con una ex prostituta), Jesús, ya siempre en compañía de su mujer, continua hacía los designios de Dios. Y es con Dios y con el Diablo con los que tiene, en medio de una espesa bruma y durante cuarenta días, una profunda y sobrecogedora conversación que confronta a los tres personajes (y de paso al lector). El libro termina con la muerte de Jesús crucificado: se fue muriendo en medio de un sueño, estaba en Nazaret y oía que su padre le decía, encogiéndose de hombros y sonriendo también, Ni yo puedo hacerte todas las preguntas, ni tú puedes darme todas las respuestas. En un artículo de Agustina Jojärt cuyas ideas comparto, nos dice: quizá este sea el evangelio que faltaba: una historia acerca de Jesús, contada por Jesús; cuando el Hijo de Dios es más hombre de lo que cualquiera de nosotros podría haberse imaginado entonces el cristal se torna a veces transparente, otras veces turbio. La imagen que se crea de este Jesús deja de ser incuestionable y acabada. Y agrega: Si bien este Evangelio, según Jesús, según Saramago, es un relato por momentos próximo a nuestras propias capacidades, por momentos extraordinario y divino -como se espera que suceda con lo que del Hijo de Dios proviene-, es de sospechar que algunos hechos y conceptos difieren de los dados a conocer ya por otros Evangelios. Pero no debe buscarse una lógica comprensible que explique al poeta, sino reconocer su íntimo propósito; tal vez, allí esté la magia de lo que diga o se calle. De esta manera, Saramago construye su idea del mundo: quien quiera oír, que oiga.
Y ojo, para no enredarnos: no sé si la idea del mundo de Saramago coincide con tu idea del mundo o con la mía o con la nuestra; lo que sí se, es que El Evangelio según Jesucristo no es un libro sobre teología, es una novela y, desde el punto de vista de la literatura, muy buena.
lunes, 12 de julio de 2010
Las dudas
La película La duda (2008), protagonizada por Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman (en 2005 recibió el Oscar al mejor actor por su interpretación de Truman Capote) y Amy Adams (Julie & Julia) plantea una problemática que en los últimos tiempos ha sido primera plana en los periódicos de todo el mundo: la pederastia en los colegios religiosos. En una escuela en el Bronx, en 1964, el padre Flynn, liberal y moderno, se enfrenta con la la hermana Aloysius Beauvier, la estricta e intolerante directora de la institución que durante años la ha conducido mediante el miedo y el castigo. Un nuevo alumno negro ha llegado al colegio y éste es el pretexto para que se desate una lucha “a muerte" entre los dos personajes. La trama se va por el lado del abuso sexual, y el religioso es acusado por un delito en el que no hay pruebas concretas, sólo insinuaciones. El espectador, para no quedarse con la duda, ha de tomar partido. Muy interesante y ¡muy bien dirigida y actuada!
Rodrigo García, el hijo cineasta del famoso escritor Gabriel García Márquez, se ha apuntado otro acierto en sus haberes. Después de las series televisivas Terapia y Six feet under, que me encantaron,acaba de estrenar la película Madres e hijas (Mother and child, 2010) protagonizada por Naomi Watts (inglesa-australiana, nominada al Oscar en 2004 por su trabajo en la película 21 gramos), Annette Bening (dos veces candidata al Oscar como mejor actriz por American Beauty y Conociendo a Julia) y Kerry Washington (El último rey de Escocia, Mr and Ms Smith), en la que se mete en las profundidades de las relaciones entre una madre y una hija. La anécdota es única pero García sabe encontrar las generalidades para que los espectadores se sientan involucrados con la historia. Las figuras masculinas de la película son hombres sensibles y anuentes a las circunstancias pero, tal y como es en la realidad, hay lazos que no les compete anudar. Entre las madres y las hijas existe un lenguaje en el que sin mediar palabra se comunican, en el que se trasmiten deseos y frustaciones y en el que se establece, siempre, una lucha para independizarse la una de la otra. El lazo invisible, incoloro, inodoro, intanginble e indestructible entre madre e hija perdura en el tiempo, el espacio y hasta en la muerte. Eso es lo que nos quiere decir Rodrigo García en esta película en la que ha dejado que los actores actúen con naturalidad, que se expresen y que sean. Un acierto. De acuerdo al cinasta: la película versa sobre “tres mujeres fuertes y controladoras que se enfrentan a cosas que no pueden controlar"; demasiado sintético para mí, que le encontré a esta película muchas otras gracias. Les aseguro que no se van a dormir. Por cierto, los productores del film son los mexicanos González Iñárritu, Del Toro y Cuarón.
También González Iñárritu es el productor ejecutivo de otra película de Rodrigo García: Nueve vidas. La busqué en DVD y ¡bingo!, la encontré. Este film, estrenado en el 2005, sigue la misma línea de los trabajos del cineasta colombiano-mexicano: es la representación intimista de las mujeres protagonistas; nueve momentos (de diez o doce minutos cada uno en pantalla) en el transcurrir de sus vidas que nos dejan ver las cárceles en las que están atrapadas. De hecho, la primera historia nos presenta a una mujer en prisión mientras que las restantes protagonistas, aunque están libres, viven aprisionadas por sus propios fantasmas: sus cuerpos, sus relaciones familiares, sus pasados, sus circunstancias. Y si el guión (también autoría de Rodrigo García) es muy interesante, la dirección y la forma de darle continuidad a los pequeños “flashazos” de cada historia, me pareció magistral. Encontré una narración (de Julie Lynn, productora asociada) de cómo se hizo la filmación; comparto algunos párrafos: El desafío de hacer una película en nueve escenas continuas de entre 10 y 14 minutos se convirtió en una bendición y una maldición. Solamente nueve localizaciones – pero nueve lugares que tenían que estar inmaculados y preparados para rodar planos muy largos que se moverían en cualquier dirección. Solamente entre dos y cuatro días de trabajo para cada actor con la complicación de contar con actores muy solicitados, y el problema añadido de encontrar hueco en sus agendas durante el corto periodo de producción. Solamente tres semanas de rodaje que requerían un equipo muy preparado y experimentado dispuesto a embarcarse en este desafío técnico y humano...La idea de tomas continuas, fue por supuesto, particularmente interesante para nuestro reparto. No hay oportunidad de parar y volver a comenzar a mitad de una escena, no hay planos de resguardo ni de repetir para conseguir diferentes estilos y sutilezas. Muy emocionante, ya que sería la oportunidad de una interpretación continua y real. De hecho, más de un actor dijo que considerásemos hacer “Ocho Vidas” si su pieza no funcionaba. El reparto al completo fue excepcional. Todos tenían ganas de entregarse por completo y demostrar su enorme talento. Rodrigo siempre dice que nunca conoce completamente a sus personajes hasta que el actor se lo presenta. Para esta película esto es especialmente verdad ya que estos actores, extraordinariamente dotados, añadieron tanto a los personajes que los llevaron a otro nivel.
Amigos, ¡lo qué hay tras bambalinas!
Rodrigo García, el hijo cineasta del famoso escritor Gabriel García Márquez, se ha apuntado otro acierto en sus haberes. Después de las series televisivas Terapia y Six feet under, que me encantaron,acaba de estrenar la película Madres e hijas (Mother and child, 2010) protagonizada por Naomi Watts (inglesa-australiana, nominada al Oscar en 2004 por su trabajo en la película 21 gramos), Annette Bening (dos veces candidata al Oscar como mejor actriz por American Beauty y Conociendo a Julia) y Kerry Washington (El último rey de Escocia, Mr and Ms Smith), en la que se mete en las profundidades de las relaciones entre una madre y una hija. La anécdota es única pero García sabe encontrar las generalidades para que los espectadores se sientan involucrados con la historia. Las figuras masculinas de la película son hombres sensibles y anuentes a las circunstancias pero, tal y como es en la realidad, hay lazos que no les compete anudar. Entre las madres y las hijas existe un lenguaje en el que sin mediar palabra se comunican, en el que se trasmiten deseos y frustaciones y en el que se establece, siempre, una lucha para independizarse la una de la otra. El lazo invisible, incoloro, inodoro, intanginble e indestructible entre madre e hija perdura en el tiempo, el espacio y hasta en la muerte. Eso es lo que nos quiere decir Rodrigo García en esta película en la que ha dejado que los actores actúen con naturalidad, que se expresen y que sean. Un acierto. De acuerdo al cinasta: la película versa sobre “tres mujeres fuertes y controladoras que se enfrentan a cosas que no pueden controlar"; demasiado sintético para mí, que le encontré a esta película muchas otras gracias. Les aseguro que no se van a dormir. Por cierto, los productores del film son los mexicanos González Iñárritu, Del Toro y Cuarón.
También González Iñárritu es el productor ejecutivo de otra película de Rodrigo García: Nueve vidas. La busqué en DVD y ¡bingo!, la encontré. Este film, estrenado en el 2005, sigue la misma línea de los trabajos del cineasta colombiano-mexicano: es la representación intimista de las mujeres protagonistas; nueve momentos (de diez o doce minutos cada uno en pantalla) en el transcurrir de sus vidas que nos dejan ver las cárceles en las que están atrapadas. De hecho, la primera historia nos presenta a una mujer en prisión mientras que las restantes protagonistas, aunque están libres, viven aprisionadas por sus propios fantasmas: sus cuerpos, sus relaciones familiares, sus pasados, sus circunstancias. Y si el guión (también autoría de Rodrigo García) es muy interesante, la dirección y la forma de darle continuidad a los pequeños “flashazos” de cada historia, me pareció magistral. Encontré una narración (de Julie Lynn, productora asociada) de cómo se hizo la filmación; comparto algunos párrafos: El desafío de hacer una película en nueve escenas continuas de entre 10 y 14 minutos se convirtió en una bendición y una maldición. Solamente nueve localizaciones – pero nueve lugares que tenían que estar inmaculados y preparados para rodar planos muy largos que se moverían en cualquier dirección. Solamente entre dos y cuatro días de trabajo para cada actor con la complicación de contar con actores muy solicitados, y el problema añadido de encontrar hueco en sus agendas durante el corto periodo de producción. Solamente tres semanas de rodaje que requerían un equipo muy preparado y experimentado dispuesto a embarcarse en este desafío técnico y humano...La idea de tomas continuas, fue por supuesto, particularmente interesante para nuestro reparto. No hay oportunidad de parar y volver a comenzar a mitad de una escena, no hay planos de resguardo ni de repetir para conseguir diferentes estilos y sutilezas. Muy emocionante, ya que sería la oportunidad de una interpretación continua y real. De hecho, más de un actor dijo que considerásemos hacer “Ocho Vidas” si su pieza no funcionaba. El reparto al completo fue excepcional. Todos tenían ganas de entregarse por completo y demostrar su enorme talento. Rodrigo siempre dice que nunca conoce completamente a sus personajes hasta que el actor se lo presenta. Para esta película esto es especialmente verdad ya que estos actores, extraordinariamente dotados, añadieron tanto a los personajes que los llevaron a otro nivel.
Amigos, ¡lo qué hay tras bambalinas!
sábado, 10 de julio de 2010
Encuerarse
Me ha llamado la atención la convocatoria que desde hace cuatro años lanza la editorial Santillana junto con la Universidad Internacional Menéndez Pelayo: Lecciones y maestros, en la que se reúne, en el hermoso pueblo medieval de Santillana del Mar, a unos cuantos escritores para analizar la obra de tres de ellos. En esta ocasión, sentados en el banquillo, estaban: Héctor Aguilar Camín, Rosa Montero y Manuel Vicent. En los tres días que dura el encuentro, entiendo que las reuniones comienzan con la disección de la obra de los autores analizados (uno cada día), nada menos que a cargo del propio interesado. Como se ve, parece tratarse de una especie de autopsicoanálisis literario grupal, es decir, se trata de “encuerarse” en público. El periódico reporta que Aguilar Camín, que fue el primero en la pasarela, se refirió a sí mismo en tercera persona para decir que no sabía qué decir del escritor que llevaba su mismo nombre. Dijo que ese escritor escribía sin fe en lo que escribe, y que lo que escribe está lleno de fragmentos que no van a ninguna parte. Dijo que por dentro se le revuelven los temas de siempre: el poder, la política, el amor, las mujeres misteriosas, el periodismo, la historia, el whisky y el México, trágico, pujante y violento. Dijo que su carrera de escritor la había empezado tarde en la vida, con su novela Morir en el Golfo, y que ahora, el escritor del que habla quisiera escribir al menos un libro largo, ya que conoce el “estado de gracia” que ello representa. Debió ser una sesión muy especial ya que con sólo la lectura de la breve síntesis periódística, Aguilar Camín, por lo menos a mí, me mueve algunas fibras y me hace resonar con él. Y me hace tener ganas de releer Morir en el Golfo y me mueve a animarlo a que escriba esa novela larga que está esperando su pluma. Cuando tocó el turno a Rosa Montero, dijo de sí misma que a veces le era difícil diferenciar lo vivido de lo soñado y de lo inventado, todo parte de una misma nebulosa. Empezó a escribir desde niña pero aún así considera que escribir una novela no es “coser y cantar”, es más bien como picar piedra y requiere de tomar decisiones en cada párrafo y para cada palabra. Sus novelas, dijo, son carreras de larga distancia. Rosa Montero, para el que la haya leído sabrá que es una profesional de la escritura. De ella se dijo que tiene tres temas recurrentes en sus novelas: la muerte, la memoria y la mentira, mismos que liga con la libertad, la felicidad y la verdad posible. Uno de mis libros favoritos es La loca de la casa de doña Rosa Montero. Se los recomiendo.
Finalmente, le tocó su turno a Manuel Vicent (Castellón, 1936). De él no he leído nada y lo confieso con algo de vergüenza y pena porque su “radiografía” en este encuentro también me hace entrar en resonancia con su visión de la literatura y de la vida. Dijo que la doble vertiente entre la estética y la moral ha sido el fundamento de toda su literatura y añadió: la rebeldía consiste en no resignarse nunca a vivir sin belleza y sin libertad y también sin un placer exento de melancolía...Habrá que leerlo.
Y Woody Allen, otro encuerado. Para aquellos que dijeron, despues de Vicky Cristina Barcelona, que Woody Allen estaba acabado, su última película Whatever Works (2009), es genial. El principal protagonista, Boris Yellnikoff (estelarizada por Larry David, muy conocido por haber sido el cocreador y guionista de la exitosa serie televisiva Seinfeld) toma la palabra y se dirige a la cámara para, mediante un monólogo, introducirnos a su vida (que, por cierto, y no me sorprende, se parece mucho a la de Allen). A partir de ahí se desarrolla la trama de la película que resulta divertida, ágil y profunda. Las tesis principales: el factor suerte y la aceptación de que todo lo que te haga sentir bien está bien, aunque suene desquiciado y sea abigarrado. En palabras de Allen en Match Point, otro de sus bien conocidos filmes: aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. ¿Será?
Finalmente, le tocó su turno a Manuel Vicent (Castellón, 1936). De él no he leído nada y lo confieso con algo de vergüenza y pena porque su “radiografía” en este encuentro también me hace entrar en resonancia con su visión de la literatura y de la vida. Dijo que la doble vertiente entre la estética y la moral ha sido el fundamento de toda su literatura y añadió: la rebeldía consiste en no resignarse nunca a vivir sin belleza y sin libertad y también sin un placer exento de melancolía...Habrá que leerlo.
Y Woody Allen, otro encuerado. Para aquellos que dijeron, despues de Vicky Cristina Barcelona, que Woody Allen estaba acabado, su última película Whatever Works (2009), es genial. El principal protagonista, Boris Yellnikoff (estelarizada por Larry David, muy conocido por haber sido el cocreador y guionista de la exitosa serie televisiva Seinfeld) toma la palabra y se dirige a la cámara para, mediante un monólogo, introducirnos a su vida (que, por cierto, y no me sorprende, se parece mucho a la de Allen). A partir de ahí se desarrolla la trama de la película que resulta divertida, ágil y profunda. Las tesis principales: el factor suerte y la aceptación de que todo lo que te haga sentir bien está bien, aunque suene desquiciado y sea abigarrado. En palabras de Allen en Match Point, otro de sus bien conocidos filmes: aquél que dijo "más vale tener suerte que talento", conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. ¿Será?
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