lunes, 17 de abril de 2017
¿Puede un libro cambiar tu vida?
Vea usted, de los cientos o miles de
autores magníficos y de las tantas obras excelentes que estos autores
magníficos han escrito, me pregunto hoy cuál es el LIBRO que, literalmente, me
ha cambiado la vida. Lo primero que he pensado ha sido -siendo lectora
insaciable, gustosa del buen leer como de la buena comida o el buen vino, y
teniendo en mi haber tantos libros leídos y degustados-, que ésta iba a ser una
ardua tarea que me llevaría días o meses de reflexión; pero no, de inmediato, en segundos, se me ha
venido a la mente ese libro, el libro que me permite contestar y afirmar que
sus páginas lograron que hubiera un
antes y un después en mi existencia. Su
autor y sus personajes me llevaron a tierras desconocidas y harto misteriosas, me enseñaron el arte de
utilizar la palabra adecuada para cada cosa y la frase precisa para cada
situación; me abrió puertas cerradas y, por sobre todo lo demás, me hizo darme
cuenta, por perogrullada que parezca, que una misma puesta en escena, con los
mismos personajes y entorno, en un mismo tiempo y espacio, puede ser descrita,
narrada, entendida y asimilada de múltiples maneras diferentes; fue una verdadera revelación. Solía
pensar que las cosas sucedían como yo las había visto y vivido y, de repente,
me di cuenta que la verdad absoluta no es tal, que la verdad no es única; es, si acaso, el conjunto de
percepciones individuales descritas por cada uno de los los presentes en el momento y sitio específicos. Por eso es tan dificil reconstruir hechos, desde los
más inocentes hasta los más complejos. Desde su lectura, soy más cauta en mis juicios,
más sensible y más analítica: ojo, me digo, los demás han visto otra cosa diferente, aunque esa diferencia sea cuestión de matices.
El libro (o la tetralogía) El cuarteto de
Alejandría, de Lawrence Durell, tuvo ese enorme impacto en mi forma de ver
las cosas. Lo dicho: hay un antes y un después de Durell en mi vida.
sábado, 22 de enero de 2011
A la sombra del Ángel
"A la sombra del Ángel" (1995) es una novela singular; veamos. Según se dice en la contraportada que tengo en mis manos, se han vendido más de 150,000 ejemplares, es decir, clasifica como bestseller. Por otro lado, está escrita originalmente en inglés aunque se trate de personajes de habla hispana y suceda en México (...lindo y querido si muero lejos de tí...) y su autora, Katheryn S. Blair, es una periodista norteamericana nacida en Cuba.
"A la sombra del Ángel" es una novela histórica (género tan socorrido en estos días), de cerca de 600 páginas; opera prima que ha logrado posicionarse en el mercado literario con tres ediciones y diez reimpresiones. La autora tardó en reunir información, y en investigar sobre los personajes y sus circunstancias, cerca de veinte años en los que llevó a cabo múltiples entrevistas con los protagonistas directos de la historia que relata. El tema es la vida de la mexicana Antonieta Rivas Mercado y el libro comienza por su muerte: su suicidio en la Catedral de Notre Dame, en París, el 11 de febrero de 1931.
Con esta mezcolanza de antecedentes es natural que empiece uno la lectura del mamotreto (mamotreto: libro o legajo muy voluminoso, RAE) con cierta desconfianza, y si, además, las primeras cuartillas nos resultan, aunque bien escritas, cursis (no sabría decir por qué), ya tenemos el lío armado. Pero si, como me sucedió a mí, logra usted superar esta primera impresión y llega hasta -alrededor- de la página 73, la novela se transforma y se vuelve reveladora. A partir de este momento, Katheryn deja atrás el tonito repipi del principio y nos presenta una vida (la de la señora Rivas Mercado) estigmatizada durante las épocas de la revolución y la posrevolución mexicanas, contada a través de diversas voces que le dan credibilidad y autenticidad y que van, sin duda, más allá de la versión oficial de esos hechos históricos. ¿Qué pasaba en los hogares mexicanos antes y después de la caída de Porfirio Diaz? ¿Cómo vivió la gente la decena trágica, la entrada de Zapata y Villa a la capital, la de los carrancistas, el movimiento cristero? ¿Quiénes eran, en el trato cotidiano, Diego Rivera, Lupe Marín, Carlos Chávez, Manuel Rodríguez Lozano, Tina Modotti, Frida Khalo, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, el Dr. Atl, Nahui Ollin? ¿Cuáles eran las debilidades del arquitecto Rivas Mercado, constructor del Ángel de la Independencia, ángel emblematico de la Ciudad de México? Y, más allá de su Ulises Criollo, de su acción política, filosófica, educativa: ¿quién era José Vasconcelos en la intimidad? ¿quiénes los verdaderos héroes y quiénes los villanos de la historia? Y finalmente, Antonieta Rivas Mercado, ¿quién era ella? La autora nos describe a su personaje principal con más claros que oscuros; toma partido y nos ofrece su visión desde una clara posición de comprensión, de admiración y de aflicción por el triste destino de su personaje. Nos muestra una Antonieta escritora, bailarina, políglota, promotora del voto femenino, creadora de proyectos culturales, mecenas de artistas e intelectuales importantes y testigo directo de la marcha pública del país entre 1909 y 1931. Sin embargo, la autora pone la "carga fuerte" en la Antonieta que tiene una intensa participación en la campaña presidencial de José Vasconcelos -desde la trinchera del vasconcelismo pero también desde su posición de amante de este personaje-, que si bien le hace vivir días de intenso esplendor político y amoroso, al final, una vez perdidas las batallas pública y privada, la lleva al desmoronamiento y a la ruina material y moral. En su corta pero interesante vida, Antonieta probó, desde la cuna de oro, hasta la pobreza material y anímica.
Por cierto, se me olvidaba otra curiosidad: la autora es esposa del único hijo que tuvo Antonieta Rivas Mercado con su marido, Albert Blair, un entusista norteamericano que vino a México a luchar al lado de Francisco I. Madero. Tuvo, pues, doña Katheryn, información de primerísima mano para escribir su recomendable saga.
"A la sombra del Ángel" es una novela histórica (género tan socorrido en estos días), de cerca de 600 páginas; opera prima que ha logrado posicionarse en el mercado literario con tres ediciones y diez reimpresiones. La autora tardó en reunir información, y en investigar sobre los personajes y sus circunstancias, cerca de veinte años en los que llevó a cabo múltiples entrevistas con los protagonistas directos de la historia que relata. El tema es la vida de la mexicana Antonieta Rivas Mercado y el libro comienza por su muerte: su suicidio en la Catedral de Notre Dame, en París, el 11 de febrero de 1931.
Con esta mezcolanza de antecedentes es natural que empiece uno la lectura del mamotreto (mamotreto: libro o legajo muy voluminoso, RAE) con cierta desconfianza, y si, además, las primeras cuartillas nos resultan, aunque bien escritas, cursis (no sabría decir por qué), ya tenemos el lío armado. Pero si, como me sucedió a mí, logra usted superar esta primera impresión y llega hasta -alrededor- de la página 73, la novela se transforma y se vuelve reveladora. A partir de este momento, Katheryn deja atrás el tonito repipi del principio y nos presenta una vida (la de la señora Rivas Mercado) estigmatizada durante las épocas de la revolución y la posrevolución mexicanas, contada a través de diversas voces que le dan credibilidad y autenticidad y que van, sin duda, más allá de la versión oficial de esos hechos históricos. ¿Qué pasaba en los hogares mexicanos antes y después de la caída de Porfirio Diaz? ¿Cómo vivió la gente la decena trágica, la entrada de Zapata y Villa a la capital, la de los carrancistas, el movimiento cristero? ¿Quiénes eran, en el trato cotidiano, Diego Rivera, Lupe Marín, Carlos Chávez, Manuel Rodríguez Lozano, Tina Modotti, Frida Khalo, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, el Dr. Atl, Nahui Ollin? ¿Cuáles eran las debilidades del arquitecto Rivas Mercado, constructor del Ángel de la Independencia, ángel emblematico de la Ciudad de México? Y, más allá de su Ulises Criollo, de su acción política, filosófica, educativa: ¿quién era José Vasconcelos en la intimidad? ¿quiénes los verdaderos héroes y quiénes los villanos de la historia? Y finalmente, Antonieta Rivas Mercado, ¿quién era ella? La autora nos describe a su personaje principal con más claros que oscuros; toma partido y nos ofrece su visión desde una clara posición de comprensión, de admiración y de aflicción por el triste destino de su personaje. Nos muestra una Antonieta escritora, bailarina, políglota, promotora del voto femenino, creadora de proyectos culturales, mecenas de artistas e intelectuales importantes y testigo directo de la marcha pública del país entre 1909 y 1931. Sin embargo, la autora pone la "carga fuerte" en la Antonieta que tiene una intensa participación en la campaña presidencial de José Vasconcelos -desde la trinchera del vasconcelismo pero también desde su posición de amante de este personaje-, que si bien le hace vivir días de intenso esplendor político y amoroso, al final, una vez perdidas las batallas pública y privada, la lleva al desmoronamiento y a la ruina material y moral. En su corta pero interesante vida, Antonieta probó, desde la cuna de oro, hasta la pobreza material y anímica.
Por cierto, se me olvidaba otra curiosidad: la autora es esposa del único hijo que tuvo Antonieta Rivas Mercado con su marido, Albert Blair, un entusista norteamericano que vino a México a luchar al lado de Francisco I. Madero. Tuvo, pues, doña Katheryn, información de primerísima mano para escribir su recomendable saga.
sábado, 15 de enero de 2011
Para cinéfilos y comelones
Desde que descubrí hace unos pocos años al genial director de cine Zhang Yimou (Sorgo Rojo, 1987, Ni uno menos, 1999, La maldición de la flor dorada, 2006, entre otras), me he vuelto seguidora (perseguidora) de películas orientales. Y he visto de todo: desde aquéllas a las que sólo me bastan unos cuantos minutos para descubrir que se trata de una mamarrachada, hasta verdaderas joyas, por cierto, escondidas entre las cientos de películas occidentales que se nos ofertan por estas latitudes. Zhang Yimou pertenece a una generación de cineastas chinos que se ha caracterizado por llevar al cine narraciones minuciosas e intimistas sin dejar, por otro lado, de señalar los problemas sociales que ha sufrido su pueblo, en especial las mujeres, desde las épocas de las dinastías imperiales hasta los años de la Revolución Cultural. Tal es el caso de La boda de Tuya (2007), del realizador Wang Quan´an, que ganó el máximo galardón (el León de Oro) del Festival de Cine de Berlín de 2007.
En el marco de la árida estepa mongola se desarrolla una conmovedora historia de amor protagonizada por una rústica campesina (Tuya) que lucha contra sus circunstancias: un marido inválido, un clima inclemente, la aparición de una lesión física que en pocos años le impedirá trabajar en el campo y la pérdida de sus ovejas, principal patrimonio familiar. Ante este duro panorama, Tuya decide divorciarse y volverse a casar, siempre y cuando el nuevo marido acepte vivir con el anterior esposo. La situación, como es de comprender, es bastante inusual y aunque la belleza de Tuya atrae a muchos pretendientes, ninguno parece estar a la altura del esfuerzo moral y ético que la situación plantea. Al final, Tuya se ve obligada a escoger (después de rechazar a varios "buenos partidos") al único que está de acuerdo con sus condiciones, lo que le implica un costo emocional muy alto.
A la par de un bien descrito relato intimista, que llega a conmover, la película tiene esa otra parte descriptiva y costumbrista del cine moderno chino que nos adentra en ese país y que, para aquellos que no hemos estado en esos confines, resulta no sólo ilustrativa sino sorprendente por su desarrollo... en fin, véanla, muy recomendable (se encuentra en los DVD comerciales).
Otra historia: Dear Wendy (2005) es un film realizado por Thomas Vinterberg (La celebración) basado en un guión de Lars Von Trier, el conocido director y guionista danés, ganador de múltiples premios internacionales (Dogville, Manderlay, Anticristo). Por cierto, me parece interesante comentar que esta misma pareja, (Vinterberg-Von Trier), impulsó, en 1995, un movimiento en el cine (Dogma 95) en el que mediante un manifiesto, un grupo de directores afines se comprometió a seguir una serie de reglas a partir de las cuales se buscaba mostrar al público "la verdad profunda". Las películas, de acuerdo a ese manifiesto, deberían ser filmadas en escenarios naturales, evitando las escenografías de estudio, con cámara en mano o al hombro, grabadas con sonido directo y sin musicalizaciones especiales dando así, a la historia, el peso principal y un tono más realista; el manifiesto era una especie de voto de castidad. Fue un movimiento que trató de frenar el uso desmedido de los efectos especiales, tan socorridos en los films hollywoodenses. Es por eso que las películas producidas por esta mancuerna tienen un sello especial que puede o no gustar; a mí, este estilo, me resulta interesante y provocador.
Dear Wendy es una coproducción danesa, inglesa, alemana y francesa en la que el actor principal es el inglés Jamie Bell, (¿se acuerdan del niño bailarín de Billy Elliot (2000)?), pues ahora Bell, Dick en esta película, es un adolescente miedoso y retraido que, a pesar de declararse pacifista, tiene una relación casi amorosa con una pistola (Wendy). Y resulta que no es el único adolescente de un aburrido pueblo norteamericano en las mismas condiciones que Dick: hay otros cinco "raros" que, lidereados por él, deciden compartir su secreto (son pacifistas enamorados de las armas de fuego) y formar un club (los dandys) que los identifique y los haga moralmente más fuertes, mediante la posesión de un arma que no han de disparar mas que en las instalaciones (una mina abandonada) del club. Todo iba muy bien hasta que un suceso fortuito "pincha" la burbuja de inocencia en la que viven y los pone "cara a cara" frente a la "maldita realidad". La película es una crítica severa hacia la política armamentista de Estados Unidos y a su población de pacifistas con armas (esos que declaran buscar la paz pero se arman como si estuvieran en guerra). Y si bien el tema podría haber sido tratado desde su ángulo más crudo (insisto, el tema es fuerte), director y guionista deciden hacer una especie de "western", a lo Quentín Tarantino -sabes a lo que me refiero- que le quita solemnidad y en momentos hasta llega a ser divertido (por lo estrafalario), si es que no fuera tan trágico. No se me ocurre otra manera más inteligente de tratar este espinoso tema: una "antipandilla" que a fuerza de vivir en una sociedad sin expectativas no tiene otro remedio que refugiarse en una utopia que fracasa. La "antipandilla", al salir de su burbuja se convierte, automáticamente, en una pandilla de jóvenes delincuentes comunes y corrientes. Es decir, si leemos entre líneas, la juventud de nuestro país vecino, según Lars Von Trier y Vinterberg, está siendo "educada" para la delincuencia en una sociedad sin perspectivas éticas y estéticas.
La crítica ha sido muy dispareja; yo, por lo pronto, me declaro del lado de los que la recomiendan (la ví en televisión).
Por último, a petición general, una pequeña disgresión en este blog de reseñas: una receta de cocina fácil, barata y sabrosa (probada):
Sopa de Lechuga
½ lechuga
1 cebolla chica
½ barrita de mantequilla
2 tazas de caldo de pollo o de carne (de preferencia natural)
sal, pimienta negra, nuez moscada al gusto
2 cucharadas de crema
cuadritos de pan frito al gusto
2 tazas de leche
100 grms. de tocino picado y muy frito
Se frie la cebolla en la mantequilla hasta que esté transparente (a fuego bajo para que no se queme), se le agrega la lechuga y el caldo y se deja que dé un primer hervor. Se licúa y se le agrega la leche, la sal, la pimienta, la nuez moscada; se revuelve y se vuelve a poner al fuego sin dejar hervir. Al momento de servir se le agrega la crema y los cuadritos de pan frito con el tocino. Se puede presentar fría o caliente. ¡Suerte!
En el marco de la árida estepa mongola se desarrolla una conmovedora historia de amor protagonizada por una rústica campesina (Tuya) que lucha contra sus circunstancias: un marido inválido, un clima inclemente, la aparición de una lesión física que en pocos años le impedirá trabajar en el campo y la pérdida de sus ovejas, principal patrimonio familiar. Ante este duro panorama, Tuya decide divorciarse y volverse a casar, siempre y cuando el nuevo marido acepte vivir con el anterior esposo. La situación, como es de comprender, es bastante inusual y aunque la belleza de Tuya atrae a muchos pretendientes, ninguno parece estar a la altura del esfuerzo moral y ético que la situación plantea. Al final, Tuya se ve obligada a escoger (después de rechazar a varios "buenos partidos") al único que está de acuerdo con sus condiciones, lo que le implica un costo emocional muy alto.
A la par de un bien descrito relato intimista, que llega a conmover, la película tiene esa otra parte descriptiva y costumbrista del cine moderno chino que nos adentra en ese país y que, para aquellos que no hemos estado en esos confines, resulta no sólo ilustrativa sino sorprendente por su desarrollo... en fin, véanla, muy recomendable (se encuentra en los DVD comerciales).
Otra historia: Dear Wendy (2005) es un film realizado por Thomas Vinterberg (La celebración) basado en un guión de Lars Von Trier, el conocido director y guionista danés, ganador de múltiples premios internacionales (Dogville, Manderlay, Anticristo). Por cierto, me parece interesante comentar que esta misma pareja, (Vinterberg-Von Trier), impulsó, en 1995, un movimiento en el cine (Dogma 95) en el que mediante un manifiesto, un grupo de directores afines se comprometió a seguir una serie de reglas a partir de las cuales se buscaba mostrar al público "la verdad profunda". Las películas, de acuerdo a ese manifiesto, deberían ser filmadas en escenarios naturales, evitando las escenografías de estudio, con cámara en mano o al hombro, grabadas con sonido directo y sin musicalizaciones especiales dando así, a la historia, el peso principal y un tono más realista; el manifiesto era una especie de voto de castidad. Fue un movimiento que trató de frenar el uso desmedido de los efectos especiales, tan socorridos en los films hollywoodenses. Es por eso que las películas producidas por esta mancuerna tienen un sello especial que puede o no gustar; a mí, este estilo, me resulta interesante y provocador.
Dear Wendy es una coproducción danesa, inglesa, alemana y francesa en la que el actor principal es el inglés Jamie Bell, (¿se acuerdan del niño bailarín de Billy Elliot (2000)?), pues ahora Bell, Dick en esta película, es un adolescente miedoso y retraido que, a pesar de declararse pacifista, tiene una relación casi amorosa con una pistola (Wendy). Y resulta que no es el único adolescente de un aburrido pueblo norteamericano en las mismas condiciones que Dick: hay otros cinco "raros" que, lidereados por él, deciden compartir su secreto (son pacifistas enamorados de las armas de fuego) y formar un club (los dandys) que los identifique y los haga moralmente más fuertes, mediante la posesión de un arma que no han de disparar mas que en las instalaciones (una mina abandonada) del club. Todo iba muy bien hasta que un suceso fortuito "pincha" la burbuja de inocencia en la que viven y los pone "cara a cara" frente a la "maldita realidad". La película es una crítica severa hacia la política armamentista de Estados Unidos y a su población de pacifistas con armas (esos que declaran buscar la paz pero se arman como si estuvieran en guerra). Y si bien el tema podría haber sido tratado desde su ángulo más crudo (insisto, el tema es fuerte), director y guionista deciden hacer una especie de "western", a lo Quentín Tarantino -sabes a lo que me refiero- que le quita solemnidad y en momentos hasta llega a ser divertido (por lo estrafalario), si es que no fuera tan trágico. No se me ocurre otra manera más inteligente de tratar este espinoso tema: una "antipandilla" que a fuerza de vivir en una sociedad sin expectativas no tiene otro remedio que refugiarse en una utopia que fracasa. La "antipandilla", al salir de su burbuja se convierte, automáticamente, en una pandilla de jóvenes delincuentes comunes y corrientes. Es decir, si leemos entre líneas, la juventud de nuestro país vecino, según Lars Von Trier y Vinterberg, está siendo "educada" para la delincuencia en una sociedad sin perspectivas éticas y estéticas.
La crítica ha sido muy dispareja; yo, por lo pronto, me declaro del lado de los que la recomiendan (la ví en televisión).
Por último, a petición general, una pequeña disgresión en este blog de reseñas: una receta de cocina fácil, barata y sabrosa (probada):
Sopa de Lechuga
½ lechuga
1 cebolla chica
½ barrita de mantequilla
2 tazas de caldo de pollo o de carne (de preferencia natural)
sal, pimienta negra, nuez moscada al gusto
2 cucharadas de crema
cuadritos de pan frito al gusto
2 tazas de leche
100 grms. de tocino picado y muy frito
Se frie la cebolla en la mantequilla hasta que esté transparente (a fuego bajo para que no se queme), se le agrega la lechuga y el caldo y se deja que dé un primer hervor. Se licúa y se le agrega la leche, la sal, la pimienta, la nuez moscada; se revuelve y se vuelve a poner al fuego sin dejar hervir. Al momento de servir se le agrega la crema y los cuadritos de pan frito con el tocino. Se puede presentar fría o caliente. ¡Suerte!
sábado, 8 de enero de 2011
Vargas Llosa y el hablador
En 1987 Mario Vargas Llosa publica su pequeña novela, El hablador, veinte años después de haber publicado La ciudad y los perros (1963), La casa verde (1966) y Conversación en la Catedral (1969). La publica, tras catorce años de que apareciera en el mercado literario Pantaleón y las visitadoras, once después de La tía Julia y el escribidor, seis después de La guerra del fin del mundo y tres, de La historia de Mayta. Después de El hablador vendrían, entre otras, Elogio a la madrastra (1988), Los cuadernos de don Rigoberto (1997), La fiesta del chivo (2000), Travesuras de la niña mala (2006) y, el año pasado, El sueño del celta.
Dentro de este festín de estupendas novelas, que por una u otra razón han dejado huella en sus lectores, sea por el magistral manejo de sus complejas tramas, sea por el uso excepcional que el autor le da a las palabras o por los diálogos que llegan a a ser parte de los personajes, El hablador, con su estructura lineal y sus únicas dos voces narrativas bien diferenciadas, que comparten los capítulos del libro, ha sido relegada como una novela menor de este autor. Poco conocida y, menos aún comentada, sus escasas doscientas páginas aparecen como un relato cualquiera. Pero no, no es un relato común y corriente. Haga usted el siguiente experimento: léala y comprobará que la novela se queda rumiando en su cabeza por largo tiempo. Mientras estamos en ese cometido, la narración nos lleva a compartir con una de las voces protagonistas (que uno deduce que se trata del propio autor) una obsesión añeja y recurrente: ¿quién es el hablador, cuál es su misión?. Y una vez terminado el libro se nos queda sembrada una inquietud, un sentimiento, una denuncia, una convicción que nos ha de asaltar de vez en vez: en el mercado, viendo la televisión, platicando con los amigos, durante el ocio, trabajando. Tal es la profundidad de lo que allí está escrito. Este libro es una visión completa del quehacer del autor como novelista, de su ejercicio como hablador "civilizado" frente a un origen nómada -no personal sino genérico- que se desvanece poco a poco junto con los tiempos que corren. No he dicho que el segundo narrador es la voz de un indio machiguenga (o de un judío amigo de juventud del primero -de apodo el Mascarita- que se mimetiza con los machiguengas del Amazonas al asumir su vocación de hablador). El hablador es un narrador andante ( ¿un judio errante?) que va de aldea en aldea trasmitiendo la cosmogonía de su tribu; quizá de todas las tribus. Así, el hablador civilizado narra su historia atormentado por el destino de los indígenas que, sin haber salido de la época prehistórica, cohabitan en un mundo paralelo que tiende a arrasarlos: el mundo del desarrollo y la modernidad. Su supervivencia ya no estriba en esa feroz lucha diaria contra la naturaleza, ahora sus depredadores tienen otros rostros más ocultos y peligrosos. El hablador indígena no sabe más que de sus mitos y sus creencias; no sabe más que de su misión transmisora y no es consciente de la existencia de ese otro narrador civilizado que lo engloba... aunque él, el cuentista prehistórico, sea el origen. Y esa no sólo es la trama, ¡es también la estructura de la novela!
En el discurso del 7 de diciembre pasado, en la entrega que se le hizo del Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa vuelve a la carga con sus obsesiones, quizá para exorcizarlas, dándole su lugar y su importancia a cada quien -a cada hablador: a él y al hablador machiguenga. Por lo menos en tres de los párrafos de ese extraordinario discurso, don Mario me remitió a El hablador, gran novela:
...Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.
Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
Qué maravilla...
Dentro de este festín de estupendas novelas, que por una u otra razón han dejado huella en sus lectores, sea por el magistral manejo de sus complejas tramas, sea por el uso excepcional que el autor le da a las palabras o por los diálogos que llegan a a ser parte de los personajes, El hablador, con su estructura lineal y sus únicas dos voces narrativas bien diferenciadas, que comparten los capítulos del libro, ha sido relegada como una novela menor de este autor. Poco conocida y, menos aún comentada, sus escasas doscientas páginas aparecen como un relato cualquiera. Pero no, no es un relato común y corriente. Haga usted el siguiente experimento: léala y comprobará que la novela se queda rumiando en su cabeza por largo tiempo. Mientras estamos en ese cometido, la narración nos lleva a compartir con una de las voces protagonistas (que uno deduce que se trata del propio autor) una obsesión añeja y recurrente: ¿quién es el hablador, cuál es su misión?. Y una vez terminado el libro se nos queda sembrada una inquietud, un sentimiento, una denuncia, una convicción que nos ha de asaltar de vez en vez: en el mercado, viendo la televisión, platicando con los amigos, durante el ocio, trabajando. Tal es la profundidad de lo que allí está escrito. Este libro es una visión completa del quehacer del autor como novelista, de su ejercicio como hablador "civilizado" frente a un origen nómada -no personal sino genérico- que se desvanece poco a poco junto con los tiempos que corren. No he dicho que el segundo narrador es la voz de un indio machiguenga (o de un judío amigo de juventud del primero -de apodo el Mascarita- que se mimetiza con los machiguengas del Amazonas al asumir su vocación de hablador). El hablador es un narrador andante ( ¿un judio errante?) que va de aldea en aldea trasmitiendo la cosmogonía de su tribu; quizá de todas las tribus. Así, el hablador civilizado narra su historia atormentado por el destino de los indígenas que, sin haber salido de la época prehistórica, cohabitan en un mundo paralelo que tiende a arrasarlos: el mundo del desarrollo y la modernidad. Su supervivencia ya no estriba en esa feroz lucha diaria contra la naturaleza, ahora sus depredadores tienen otros rostros más ocultos y peligrosos. El hablador indígena no sabe más que de sus mitos y sus creencias; no sabe más que de su misión transmisora y no es consciente de la existencia de ese otro narrador civilizado que lo engloba... aunque él, el cuentista prehistórico, sea el origen. Y esa no sólo es la trama, ¡es también la estructura de la novela!
En el discurso del 7 de diciembre pasado, en la entrega que se le hizo del Premio Nobel de Literatura, Vargas Llosa vuelve a la carga con sus obsesiones, quizá para exorcizarlas, dándole su lugar y su importancia a cada quien -a cada hablador: a él y al hablador machiguenga. Por lo menos en tres de los párrafos de ese extraordinario discurso, don Mario me remitió a El hablador, gran novela:
...Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.
Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.
De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.
Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
Qué maravilla...
sábado, 18 de diciembre de 2010
Cuentos cortos de Navidad
Primer cuento: Pierre y Danielle
Hace muchos años, en la campiña francesa, rodeados por escenarios bucólicos, dos jóvenes provenzales se conocieron, se enamoraron, se casaron y vivieron... casi felices -a no ser por un maletín que perturbó sus vidas durante años. Ella se dedicó al hogar mientras que él, todo un "manitas", hacía arreglos en las casas de la región. Debía Pierre tener cerca de cuarenta años, ya con dos hijos y un poco entrado en carnes, cuando lo mandaron llamar para un trabajo de electricidad en el "castillo" -mansión construida en la edad media y habitada en esa época por un famoso pintor. Con su alegría de vivir y su gracia personal, Pierre muy pronto se relacionó con los habitantes de la casona. Ellos -una hermosa y cálida señora joven y su anciano marido de redondos ojos y siempre con un pincel en la mano- pronto le tomaron aprecio y para demostráselo le regalaron una maleta con más de cien dibujos de la autoría del viejo excéntrico. Danielle, al ver el obsequio, protestó por la insensibilidad de los "patrones", pues habiendo tantas cosas que se necesitaban en su modesto hogar, esos trazos y esas pinceladas indescifrables, "sin pies ni cabeza", no les servirían para nada. Su enfurruño la llevó a guardar en el ático el dichoso maletín y a maldecir la tacañería de los dueños del palacete. Muchos años después, Danielle, ya encanecida, rescató aquella valija vieja y empolvada y decidió darles a los rescatados bosquejos una utilidad: los enviaría como tarjetas de navidad a niños alrededor del mundo. Mediante algunas organizaciones no gubernamentales consiguó direcciones, compró unos lindos sobres grandes, escribió sobre cada uno de los dibujos: Joyeux Noël y... voilá, los dibujos volaron y los niños que los recibieron fueron muy felices. ¿Qué dices, qué hay otro final para esa historia? ¿Qué el matrimonio ha sido demandado por los familiares del pintor? ¿Qué los cuadros valían una fortuna? ¿Qué Danielle y Pierre, ya viejos, nunca podrán disfrutar del tesoro que durante tantos años ocultaron?
Segundo cuento. Goteras
Los koalas y los canguros se pusieron felices cuando recibieron la noticia de que había nacido aquel niño rubito y de nariz de pompón. Sus padres, auténticos saltimbanquis, precursores del Cirque du Soleil, recorrían el enorme continente con su magnífico espectáculo circense. El pequeño niño fue creciendo entre gente que cambiaba constantemente y no tuvo oportunidad de echar raíces en ningún lugar. Acudió a múltiples escuelas y conoció a millares de niños y a no pocos maestros pero con ninguno tuvo tiempo de intimar. Y a despecho de lo que pudieran pensar algunos pedagogos reconocidos, su educación resultó perfecta para los tiempos que corren: adquirió habilidades que otros no tenían, sobre todo el don de la ubicuidad; podía estar (claro, virtualmente) en muchos sitios a la vez. También hablaba múltiples idiomas, era adaptable a cualquier circunstancia y estaba enterado del acontecer mundial contemporáneo. No sabía mucho de historia ni de culturas antiguas pero era muy bueno en el manejo de las tecnologías modernas; de hecho, era todo un hacker. Julián, que así llamaremos a este testigo y protagonista de los tiempos que corren, gustaba, también, de saber de la vida de otros; era chismoso. Navegaba durante largas horas por el ancho oceáno cibernético (pero no como cualquier novato -como usted o yo), él surcaba los entresijos del universo digital para conocer aquellas historias que no salen a la luz y que se mantienen en el terreno de los secretos, escondidas entre las cloacas. Supo de muchas infidelidades, de traiciones, de preferencias secretas, de desviaciones amorososas hasta que, harto de conocer tanto vicio privado, incursionó en el terreno de las virtudes públicas que prometían horas enteras de diversión. Fue tal su descubrimiento que decidió darlo a conocer, provocando un escándalo mundial que hizo tambalear a las grandes y poderosas potencias al saberse de "sus enjuagues por abajo de la mesa". Respondieron, las naciones más afectadas, con gran furia y se acusó a Julián de irresponsable, de terrorista, de mal ciudadano del mundo y...hasta de violador consuetudinario, pero lo más que pudieron hacer contra él (porque no había hecho en realidad nada ilegal) fue encerrarlo unos días en confinamiento. No contaron, los sagaces políticos, con que el cerebro de Julian hacía sinapsis peculiares (seguramente debido a su pasado saltimbanquesco) y que esos días en soledad, en la cárcel, lo único que hicieron fue potenciar su vocación de chismoso y acrecentar su pasión por el hackerismo. Salió de prisión afirmando: "seguiré adelante con mi trabajo". Sobra decir que a partir de entonces, las cosas de la diplomacia en el mundo cambiaron (se acabaron las cloacas, por lo menos las epistolares) y este episodio quedó registrado en los anales de la historia como "la guerra de las cibergoteras".
Tercer cuento. La ceremonia
Todo listo para el gran día. Los preparativos empezaron un mes antes: dieta rigurosa para perder esos dos o tres kilitos de más, elección y confección del vestido para la ocasión (hechura, color, materiales probados), masajes faciales, relajantes, vigorizantes, hidratantes; tratamientos para el cabello, depilaciones, más todas esas cosas relacionadas con el "verse bien" para la celebración de un gran evento. La peluquera y el maquillista aparecieron por allí temprano, no faltó el buen baño de tina con sales del mar muerto, el desayuno y la comida frugales, el tiempo para la relajación y... llegó la hora. Estaba radiante, como nunca, sentía que todas las miradas irían hace ella; ella, tan bellamente descrita por su marido; todos querrían saber quién era la musa del escritor. Los flashes, las entrevistas, las felicitaciones, llenaron de glamour el lugar y todo sucedió como en un buen sueño. Al día siguiente tenía en sus manos y ante su vista los periódicos y las revistas culturales y sociales que no perdieron detalle del festín. Sólo ella lo notó: los reflectores se habían dirigido a la dama joven de la familia, a la newcomer, a la preferida actual de la socialité, a su espectacular nuera. Y de ella, sólo una o dos menciones y dos o tres fotos. Pero no diría nada al respecto; nadie sabría jamás de su pequeño drama íntimo y, por lo tanto, esta vez, pensaba en su depresión (y en su venganza), no sería tema de ningún bestseller.
Hace muchos años, en la campiña francesa, rodeados por escenarios bucólicos, dos jóvenes provenzales se conocieron, se enamoraron, se casaron y vivieron... casi felices -a no ser por un maletín que perturbó sus vidas durante años. Ella se dedicó al hogar mientras que él, todo un "manitas", hacía arreglos en las casas de la región. Debía Pierre tener cerca de cuarenta años, ya con dos hijos y un poco entrado en carnes, cuando lo mandaron llamar para un trabajo de electricidad en el "castillo" -mansión construida en la edad media y habitada en esa época por un famoso pintor. Con su alegría de vivir y su gracia personal, Pierre muy pronto se relacionó con los habitantes de la casona. Ellos -una hermosa y cálida señora joven y su anciano marido de redondos ojos y siempre con un pincel en la mano- pronto le tomaron aprecio y para demostráselo le regalaron una maleta con más de cien dibujos de la autoría del viejo excéntrico. Danielle, al ver el obsequio, protestó por la insensibilidad de los "patrones", pues habiendo tantas cosas que se necesitaban en su modesto hogar, esos trazos y esas pinceladas indescifrables, "sin pies ni cabeza", no les servirían para nada. Su enfurruño la llevó a guardar en el ático el dichoso maletín y a maldecir la tacañería de los dueños del palacete. Muchos años después, Danielle, ya encanecida, rescató aquella valija vieja y empolvada y decidió darles a los rescatados bosquejos una utilidad: los enviaría como tarjetas de navidad a niños alrededor del mundo. Mediante algunas organizaciones no gubernamentales consiguó direcciones, compró unos lindos sobres grandes, escribió sobre cada uno de los dibujos: Joyeux Noël y... voilá, los dibujos volaron y los niños que los recibieron fueron muy felices. ¿Qué dices, qué hay otro final para esa historia? ¿Qué el matrimonio ha sido demandado por los familiares del pintor? ¿Qué los cuadros valían una fortuna? ¿Qué Danielle y Pierre, ya viejos, nunca podrán disfrutar del tesoro que durante tantos años ocultaron?
Segundo cuento. Goteras
Los koalas y los canguros se pusieron felices cuando recibieron la noticia de que había nacido aquel niño rubito y de nariz de pompón. Sus padres, auténticos saltimbanquis, precursores del Cirque du Soleil, recorrían el enorme continente con su magnífico espectáculo circense. El pequeño niño fue creciendo entre gente que cambiaba constantemente y no tuvo oportunidad de echar raíces en ningún lugar. Acudió a múltiples escuelas y conoció a millares de niños y a no pocos maestros pero con ninguno tuvo tiempo de intimar. Y a despecho de lo que pudieran pensar algunos pedagogos reconocidos, su educación resultó perfecta para los tiempos que corren: adquirió habilidades que otros no tenían, sobre todo el don de la ubicuidad; podía estar (claro, virtualmente) en muchos sitios a la vez. También hablaba múltiples idiomas, era adaptable a cualquier circunstancia y estaba enterado del acontecer mundial contemporáneo. No sabía mucho de historia ni de culturas antiguas pero era muy bueno en el manejo de las tecnologías modernas; de hecho, era todo un hacker. Julián, que así llamaremos a este testigo y protagonista de los tiempos que corren, gustaba, también, de saber de la vida de otros; era chismoso. Navegaba durante largas horas por el ancho oceáno cibernético (pero no como cualquier novato -como usted o yo), él surcaba los entresijos del universo digital para conocer aquellas historias que no salen a la luz y que se mantienen en el terreno de los secretos, escondidas entre las cloacas. Supo de muchas infidelidades, de traiciones, de preferencias secretas, de desviaciones amorososas hasta que, harto de conocer tanto vicio privado, incursionó en el terreno de las virtudes públicas que prometían horas enteras de diversión. Fue tal su descubrimiento que decidió darlo a conocer, provocando un escándalo mundial que hizo tambalear a las grandes y poderosas potencias al saberse de "sus enjuagues por abajo de la mesa". Respondieron, las naciones más afectadas, con gran furia y se acusó a Julián de irresponsable, de terrorista, de mal ciudadano del mundo y...hasta de violador consuetudinario, pero lo más que pudieron hacer contra él (porque no había hecho en realidad nada ilegal) fue encerrarlo unos días en confinamiento. No contaron, los sagaces políticos, con que el cerebro de Julian hacía sinapsis peculiares (seguramente debido a su pasado saltimbanquesco) y que esos días en soledad, en la cárcel, lo único que hicieron fue potenciar su vocación de chismoso y acrecentar su pasión por el hackerismo. Salió de prisión afirmando: "seguiré adelante con mi trabajo". Sobra decir que a partir de entonces, las cosas de la diplomacia en el mundo cambiaron (se acabaron las cloacas, por lo menos las epistolares) y este episodio quedó registrado en los anales de la historia como "la guerra de las cibergoteras".
Tercer cuento. La ceremonia
Todo listo para el gran día. Los preparativos empezaron un mes antes: dieta rigurosa para perder esos dos o tres kilitos de más, elección y confección del vestido para la ocasión (hechura, color, materiales probados), masajes faciales, relajantes, vigorizantes, hidratantes; tratamientos para el cabello, depilaciones, más todas esas cosas relacionadas con el "verse bien" para la celebración de un gran evento. La peluquera y el maquillista aparecieron por allí temprano, no faltó el buen baño de tina con sales del mar muerto, el desayuno y la comida frugales, el tiempo para la relajación y... llegó la hora. Estaba radiante, como nunca, sentía que todas las miradas irían hace ella; ella, tan bellamente descrita por su marido; todos querrían saber quién era la musa del escritor. Los flashes, las entrevistas, las felicitaciones, llenaron de glamour el lugar y todo sucedió como en un buen sueño. Al día siguiente tenía en sus manos y ante su vista los periódicos y las revistas culturales y sociales que no perdieron detalle del festín. Sólo ella lo notó: los reflectores se habían dirigido a la dama joven de la familia, a la newcomer, a la preferida actual de la socialité, a su espectacular nuera. Y de ella, sólo una o dos menciones y dos o tres fotos. Pero no diría nada al respecto; nadie sabría jamás de su pequeño drama íntimo y, por lo tanto, esta vez, pensaba en su depresión (y en su venganza), no sería tema de ningún bestseller.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Alternativa...
Varios de los sistemas de "televisión por cable" tienen una nueva gracia: una opción que te permite grabar programas para verlos cuando te apetezca. Esto permite a los usuarios hacer una selección previa, por ejemplo, de películas. El asunto tiene además otra preciada ventaja: si en el momento de estar viendo el film o el programa seleccionado no es de tu agrado, lo puedes borrar, es decir, hacer el equivalente a salirte del cine cuando una película te aburre o te desagrada (cosa que pocas veces hace uno, siempre en espera de que la película mejore y no hayamos tirado nuestro tiempo y dinero). Así, ya sólo veo películas que de verdad despiertan mi interés (por cierto, hay tres o cuatro canales que exhiben films europeos y asiáticos de muy buena calidad, que difícilmente los encuentra uno en la cartelera de los cines ¿por qué?). Y todo ello a cuento de que esta semana he visto "tres joyitas" que disfruté mucho. Ahí les van: El hombre de la Embajada (Der Mann von der Botschaft, 2006), un film alemán del director georgiano Dito Tsintsadze (1957). La película ganó el premio al mejor guión en el Festival de Cine de Mar del Plata y, Burghart Klaussner, el actor que protagoniza a Herbert Neumann (el hombre de la embajada), ganó la estatuilla al Mejor Actor en el Festival Internacional de Cine de Locarno. Herbert Neumann es un funcionario de la embajada alemana de Tbilisi, Georgia, -que no es cualquier lugar, es una ciudad devastada y pobre donde la gente no vive, sobrevive como puede. En este escenario, los miembros del servicio exterior son gente privilegiada en cuanto a sus pertenencias materiales pero no en cuanto a sus relaciones, difíciles de construir con los lugareños, aprovechados y recelosos, dadas las condiciones de vida del lugar. Él hace su trabajo de manera casi automática, no hay retos, como tampoco los hay en su vida cotidiana o amorosa. De pronto, un hecho inesperado lo pone en contacto con una niña-niño refugiada -Sascha (Lika Martínova)- con la que empieza a establecer una amistad que cambia la vida de ambos. Valga decir que el espectador no sabe cuáles son las intenciones de este hombre maduro y solitario y, no hay remedio, le pasan a uno por la cabeza los malos pensamientos. De hecho, también así lo piensan varios de los personajes en la propia película y, ni remedio, Herr Neumann es señalado como pedófilo y hasta una banda de maleantes, familiares de Sascha, trata de extorsionarlo con este asunto; mientras, el espectador se debate entre compadecer al personaje o detestarlo . No digo más para no delatar el final (¿será o no será?) pero la historia me dejó cavilando un buen rato. Ojalá la puedan ver. Tan bien actuada y dirigida que a veces parece un documental.
La otra película que les recomiendo es Baile de agosto (Dancing at Lughnasa, 1998) dirigida por Pat O´Connor (Dulce Noviembre 2001, Círculo de Amigos 1995) y con las actuaciones magníficas (como siempre) de Meryl Streep y Michael Gambon. De hecho, todas las actuaciones en esta película merecen un reconocimiento; alrededor de Gambon y Streep brillan otros cinco artistas de primera. En el verano de 1936, en el pequeño pueblo de Ballybeg, en Irlanda, la vida de cinco hermanas solteras transcurre "sin pena ni gloria" mientras que sobre Europa se cierne la sombra de la guerra, que ya ha estallado en España. Una de la hermanas tiene un hijo pequeño, Michael, que de vez en cuando recibe la visita del padre, un idealista, "trasero de mal asiento". El ambiente opresivo propio de las pequeñas aldeas no les impide, sin embargo, desear una vida mejor. Paradójicamente, será un hecho fortuito el que produzca un ansiado cambio en las vidas de estas mujeres: el hermano mayor, hasta ahora misionero en África, vuelve trastornado mentalmente con la intención de pasar sus últimos días junto a los suyos. En su locura, es él quien confronta a las hermanas con sus secretos, sus dudas y sus verdades, creando un cisma familiar. Entre tanto, el padre de Michael anuncia a las mujeres su intención de viajar a España para luchar contra las tropas de Franco. Para el pequeño Michael, narrador de la historia, nada volverá a ser lo mismo. La música de Bill Whelan merece mención especial y el baile en el que las hermanas descargan toda su fuerza, sus deseos y sus frustaciones, el último baile de unión familiar, es para recordar.
Finalmente, Ama de casa, 49 (Housewife, 49, 2006) es una película hecha para la televisión inglesa. Es un drama basado en los diarios de guerra de Nella Last, una ama de casa que, en un pueblo pequeño del norte de Inglaterra (Barrow-in-Furness), escribe sobre su cotidianidad en los años de la segunda guerra mundial, 1939-1945. Resulta que en esa época, se estableció un proyecto (Mass-Observation Proyect) que buscaba monitorear la vida de la gente común y corriente durante la guerra. Nella fue una de las participantes y hoy sus diarios han sido editados y publicados y transformados a la magia del celuloide. Apunto, como dato curioso, que el resultado del proyecto Mass-Observation se traduce en cientos de "diarios" disponibles al público en archivos de la Universidad Sussex, por si es del interés de algún lector-investigador.
La película ganó dos premios de la Academia Británica de Televisión en 2007: "Best Single Drama" y el "Best Actress" para la actriz (muy conocida en Gran Bretaña) Victoria Wood, por su papel como Nella Last. Y aunque la película versa sobre el gran tema de la irrupción de la guerra en la tranquila vida familiar de la provincia inglesa, tiene el acierto de "tocar" con maestría otros pequeños temas como la participación de las mujeres, el cambio en las relaciones de pareja y entre madres e hijos, el miedo, la desolación, la pertenencia a una causa, el sentido de solidaridad. Sin mayores pretensiones, gran película.
La otra película que les recomiendo es Baile de agosto (Dancing at Lughnasa, 1998) dirigida por Pat O´Connor (Dulce Noviembre 2001, Círculo de Amigos 1995) y con las actuaciones magníficas (como siempre) de Meryl Streep y Michael Gambon. De hecho, todas las actuaciones en esta película merecen un reconocimiento; alrededor de Gambon y Streep brillan otros cinco artistas de primera. En el verano de 1936, en el pequeño pueblo de Ballybeg, en Irlanda, la vida de cinco hermanas solteras transcurre "sin pena ni gloria" mientras que sobre Europa se cierne la sombra de la guerra, que ya ha estallado en España. Una de la hermanas tiene un hijo pequeño, Michael, que de vez en cuando recibe la visita del padre, un idealista, "trasero de mal asiento". El ambiente opresivo propio de las pequeñas aldeas no les impide, sin embargo, desear una vida mejor. Paradójicamente, será un hecho fortuito el que produzca un ansiado cambio en las vidas de estas mujeres: el hermano mayor, hasta ahora misionero en África, vuelve trastornado mentalmente con la intención de pasar sus últimos días junto a los suyos. En su locura, es él quien confronta a las hermanas con sus secretos, sus dudas y sus verdades, creando un cisma familiar. Entre tanto, el padre de Michael anuncia a las mujeres su intención de viajar a España para luchar contra las tropas de Franco. Para el pequeño Michael, narrador de la historia, nada volverá a ser lo mismo. La música de Bill Whelan merece mención especial y el baile en el que las hermanas descargan toda su fuerza, sus deseos y sus frustaciones, el último baile de unión familiar, es para recordar.
Finalmente, Ama de casa, 49 (Housewife, 49, 2006) es una película hecha para la televisión inglesa. Es un drama basado en los diarios de guerra de Nella Last, una ama de casa que, en un pueblo pequeño del norte de Inglaterra (Barrow-in-Furness), escribe sobre su cotidianidad en los años de la segunda guerra mundial, 1939-1945. Resulta que en esa época, se estableció un proyecto (Mass-Observation Proyect) que buscaba monitorear la vida de la gente común y corriente durante la guerra. Nella fue una de las participantes y hoy sus diarios han sido editados y publicados y transformados a la magia del celuloide. Apunto, como dato curioso, que el resultado del proyecto Mass-Observation se traduce en cientos de "diarios" disponibles al público en archivos de la Universidad Sussex, por si es del interés de algún lector-investigador.
La película ganó dos premios de la Academia Británica de Televisión en 2007: "Best Single Drama" y el "Best Actress" para la actriz (muy conocida en Gran Bretaña) Victoria Wood, por su papel como Nella Last. Y aunque la película versa sobre el gran tema de la irrupción de la guerra en la tranquila vida familiar de la provincia inglesa, tiene el acierto de "tocar" con maestría otros pequeños temas como la participación de las mujeres, el cambio en las relaciones de pareja y entre madres e hijos, el miedo, la desolación, la pertenencia a una causa, el sentido de solidaridad. Sin mayores pretensiones, gran película.
sábado, 4 de diciembre de 2010
¿las fuerzas del bien contra las del mal?
Hace unos días asistí a la presentación del libro Crónica del delirio de la escritora Adela Salinas (Ciudad de México, 1968). Adela rescata al olvidado pintor francés Paul Antragne, que vivió y murió en México, casi sin dejar huella de su obra, excepto para quienes fueron sus cercanos. En esta biografía novelada a la que Adela dedicó parte de su tiempo de los últimos dicisiete años, aparece un personaje perseguido por múltiples "demonios" que no se traducen más que en soledad y falta de apoyo emocional. Nos dice Adela: ...(Paul) comprendía que sólo a través del diablo podía purificar su miedo y ser acreedor a los brazos de Dios. Siempre vivió con miedo y supo, desde temprana edad, que sólo enfrentándolo era como se podía vencer.
Cuando Paul apenas cumplia los ocho años de edad, en su natal Francia, se encuentra envuelto en una situación incomprensible para un niño: bombardeos, escasez de comida y muerte. La Segunda Guerra Mundial había comenzado y el nombre de Hitler, acompañado de maldad, devastación y miserias, se posesionó de los sueños del infante. Su padre marcharía al frente de combate, del que nunca regresó, y él se quedaría con su madre, para ser evacuados a un lugar extraño, con gente y costumbres diferentes a las suyas; a los diez años pisaba tierras argelinas. Su madre, debilitada y empobrecida, muere en sus brazos y el niño queda paralizado de terror: sin un recuerdo, sin una foto, sin una historia infantil. Es enviado a vivir a un pequeño pueblo al sur de Francia con una tía aristócrata, hermana de su madre. El niño deseaba encontrar allí el calor que tanta falta le hacía y aunque se le dota de todo bien material, las caricias y el amor maternal le son negados. Descubre entonces el surrealismo y a los poetas malditos (Baudelaire, Rimbaud, Bataille y Mallarmé) : ...a sus diez, once, doce años, ya entendía lo que estos libros ofrecían ...el mundo se caía a pedazos delante de sus ojos asombrados e inundados de llanto y silencio sepulcral...
A los 21 años se enlista en las filas de la Legión Extranjera,¡para ir a Argelia! Fue a su regreso de África cuando decide tomar el camino de la pintura; poco después viaja a Estados Unidos y de allí a México, país en el que sus relaciones lo conectan con un grupo de intelectuales locales. Ya no volvería a vivir en ningún otro país hasta su muerte -a los sesenta y un años-, provocada principalmente por un problema de alcoholismo y de las miserias que este mal lleva consigo. Durante su vida en México se dedicó a ser un enfant terrible, dispuesto siempre a épater les bourgeois, que escandalizaba con sus excesos, sus exóticas cenas y sus provocativos cuadros, a propios y extraños. Su obra, perturbadora, se encuentra diseminada entre coleccionistas particulares y mucho me temo que no pasará "la prueba del tiempo". Adela Salinas trata de revivirlo para darle el matiz de un hombre confrontado entre las fuerzas del bien y del mal que, en nuestro país, tuvo sus seguidores, algunos de ellos personajes conocidos en los ámbitos de la cultura, la ciencia y el arte, a los que convocaba para invocar (¿y enfrentar?) a las fuerzas del mal.
Por mi parte pienso que allá cada quien con sus tormentos y sus búsquedas, con sus claro-oscuros, con sus misterios y sus cadáveres en el closet; no juzgo pero no tomo partido por este personaje, aunque puedo reconocer que no dejaba de tener ciertos destellos que, para algunos, lo hicieron atractivo. En cuanto a su pintura, llena de monstruos y horrores (aparecen varios grabados en el libro), me resulta, por decirlo de alguna manera, inocente y con el claro mensaje de asustar, de ofender, de pertubar.
En la presentación del libro, la autora hizo hincapié en que la vida de Paul Antragne fue una búsqueda de "la luz que se esconde dentro de la oscuridad"; del bien a través del mal. Y me pregunto: ¿habrá tal cosa?.
En fin, que es la escritora mexicana Rosa Beltrán la que me saca de dudas (y de aprietos) con un simpático cuento (El salto evolutivo, Revista de la Universidad de México, núm 80, octubre 2010) en el que trata el tema del bien y del mal de manera deliciosamente irónica; el cuento es, nada más y nada menos que "el desafío de una mujer y sus terapeutas que se convierte en una polémica entre Darwin y Freud". Así, la protagonista acude al sicoanálisis porque no encuentra solución a sus problemas siendo que está segura ...de haber jugado limpio; soy buena en el buen sentido del término. Después de recorrer varios divanes, ella siente que ni siquiera los terapeutas la comprenden. Finalmente llega con el doctor Pi, que de inmediato le "da buena espina", tanto así que sólo él llega al meollo del asunto: Mi problema era, (dice la protagonista, guiada por su preclaro terapeuta) que sólo me había situado de un lado de la ecuación: la bondad. Yo había sido la buena, "ergo", la víctima y a los buenos nunca les va bien en los cuentos..."Haz el bien y no mires a quién" es un enunciado que adolece de un defecto grave -dijo (el doctor Pi)- carece de dirección...si decimos (continuó Pi), no hay mal que por bien no venga, algo que no tiene un fundamento, podríamos afirmar con la misma seguridad que no hay bien que por mal no venga...la bondad puede recibir otros nombres, para Schopenhauer también se llamaba cobardía y Séneca la ve como pusilanimidad...Usted justifica su fracaso poniéndole el nombre de bondad. ¿Y cómo curarse entonces de ese mal (del mal de ser tan buena)? El acertado sicólogo le recomienda ver películas de Bette Davis, a la vez que le hace la siguiente reflexión: hay especies de esporas que evolucionan gradualmente de un estado concreto a otro cualitativamente distinto para sobreponerse a medios adversos.¿Y por qué va a mostrar mayor inteligencia una espora? ¿Qué sentido tendría que una espora estuviera mejor dotada que usted? Y así, de Freud, con el mismo tono irónico, la escritora "salta" hacia Darwin. ¿Logrará la paciente evolucionar como la espora y ser mala? El cuento termina con una frase críptica: Habíamos alcanzado (el doctor Pi y ella) el punto de equilibrio. Saque usted sus propias conclusiones.
Entre el delirante Paul Antragne y el sesudo doctor Pi y su chalada paciente, me quedo con estos últimos.
Nota de última hora: En definitiva todo sigue igual con respecto a la ortografía del Español. Las 22 academias del español reunidas en la FIL de Guadalajara votaron por unanimidad dejar las polémicas propuestas en sólo recomendaciones que se recogerán en la Ortografía que publicará la editorial Espasa Calpe. Uf, resonó un respiro general en el mundo hiapano hablante.
Cuando Paul apenas cumplia los ocho años de edad, en su natal Francia, se encuentra envuelto en una situación incomprensible para un niño: bombardeos, escasez de comida y muerte. La Segunda Guerra Mundial había comenzado y el nombre de Hitler, acompañado de maldad, devastación y miserias, se posesionó de los sueños del infante. Su padre marcharía al frente de combate, del que nunca regresó, y él se quedaría con su madre, para ser evacuados a un lugar extraño, con gente y costumbres diferentes a las suyas; a los diez años pisaba tierras argelinas. Su madre, debilitada y empobrecida, muere en sus brazos y el niño queda paralizado de terror: sin un recuerdo, sin una foto, sin una historia infantil. Es enviado a vivir a un pequeño pueblo al sur de Francia con una tía aristócrata, hermana de su madre. El niño deseaba encontrar allí el calor que tanta falta le hacía y aunque se le dota de todo bien material, las caricias y el amor maternal le son negados. Descubre entonces el surrealismo y a los poetas malditos (Baudelaire, Rimbaud, Bataille y Mallarmé) : ...a sus diez, once, doce años, ya entendía lo que estos libros ofrecían ...el mundo se caía a pedazos delante de sus ojos asombrados e inundados de llanto y silencio sepulcral...
A los 21 años se enlista en las filas de la Legión Extranjera,¡para ir a Argelia! Fue a su regreso de África cuando decide tomar el camino de la pintura; poco después viaja a Estados Unidos y de allí a México, país en el que sus relaciones lo conectan con un grupo de intelectuales locales. Ya no volvería a vivir en ningún otro país hasta su muerte -a los sesenta y un años-, provocada principalmente por un problema de alcoholismo y de las miserias que este mal lleva consigo. Durante su vida en México se dedicó a ser un enfant terrible, dispuesto siempre a épater les bourgeois, que escandalizaba con sus excesos, sus exóticas cenas y sus provocativos cuadros, a propios y extraños. Su obra, perturbadora, se encuentra diseminada entre coleccionistas particulares y mucho me temo que no pasará "la prueba del tiempo". Adela Salinas trata de revivirlo para darle el matiz de un hombre confrontado entre las fuerzas del bien y del mal que, en nuestro país, tuvo sus seguidores, algunos de ellos personajes conocidos en los ámbitos de la cultura, la ciencia y el arte, a los que convocaba para invocar (¿y enfrentar?) a las fuerzas del mal.
Por mi parte pienso que allá cada quien con sus tormentos y sus búsquedas, con sus claro-oscuros, con sus misterios y sus cadáveres en el closet; no juzgo pero no tomo partido por este personaje, aunque puedo reconocer que no dejaba de tener ciertos destellos que, para algunos, lo hicieron atractivo. En cuanto a su pintura, llena de monstruos y horrores (aparecen varios grabados en el libro), me resulta, por decirlo de alguna manera, inocente y con el claro mensaje de asustar, de ofender, de pertubar.
En la presentación del libro, la autora hizo hincapié en que la vida de Paul Antragne fue una búsqueda de "la luz que se esconde dentro de la oscuridad"; del bien a través del mal. Y me pregunto: ¿habrá tal cosa?.
En fin, que es la escritora mexicana Rosa Beltrán la que me saca de dudas (y de aprietos) con un simpático cuento (El salto evolutivo, Revista de la Universidad de México, núm 80, octubre 2010) en el que trata el tema del bien y del mal de manera deliciosamente irónica; el cuento es, nada más y nada menos que "el desafío de una mujer y sus terapeutas que se convierte en una polémica entre Darwin y Freud". Así, la protagonista acude al sicoanálisis porque no encuentra solución a sus problemas siendo que está segura ...de haber jugado limpio; soy buena en el buen sentido del término. Después de recorrer varios divanes, ella siente que ni siquiera los terapeutas la comprenden. Finalmente llega con el doctor Pi, que de inmediato le "da buena espina", tanto así que sólo él llega al meollo del asunto: Mi problema era, (dice la protagonista, guiada por su preclaro terapeuta) que sólo me había situado de un lado de la ecuación: la bondad. Yo había sido la buena, "ergo", la víctima y a los buenos nunca les va bien en los cuentos..."Haz el bien y no mires a quién" es un enunciado que adolece de un defecto grave -dijo (el doctor Pi)- carece de dirección...si decimos (continuó Pi), no hay mal que por bien no venga, algo que no tiene un fundamento, podríamos afirmar con la misma seguridad que no hay bien que por mal no venga...la bondad puede recibir otros nombres, para Schopenhauer también se llamaba cobardía y Séneca la ve como pusilanimidad...Usted justifica su fracaso poniéndole el nombre de bondad. ¿Y cómo curarse entonces de ese mal (del mal de ser tan buena)? El acertado sicólogo le recomienda ver películas de Bette Davis, a la vez que le hace la siguiente reflexión: hay especies de esporas que evolucionan gradualmente de un estado concreto a otro cualitativamente distinto para sobreponerse a medios adversos.¿Y por qué va a mostrar mayor inteligencia una espora? ¿Qué sentido tendría que una espora estuviera mejor dotada que usted? Y así, de Freud, con el mismo tono irónico, la escritora "salta" hacia Darwin. ¿Logrará la paciente evolucionar como la espora y ser mala? El cuento termina con una frase críptica: Habíamos alcanzado (el doctor Pi y ella) el punto de equilibrio. Saque usted sus propias conclusiones.
Entre el delirante Paul Antragne y el sesudo doctor Pi y su chalada paciente, me quedo con estos últimos.
Nota de última hora: En definitiva todo sigue igual con respecto a la ortografía del Español. Las 22 academias del español reunidas en la FIL de Guadalajara votaron por unanimidad dejar las polémicas propuestas en sólo recomendaciones que se recogerán en la Ortografía que publicará la editorial Espasa Calpe. Uf, resonó un respiro general en el mundo hiapano hablante.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Chale con la Real Academia Española
Con gran escándalo, hace unos días se leía en los periódicos:...la Real Academia Española (RAE) elimina la "Ch" y la "Ll" del diccionario. Carambas, fue mi primera reacción, se darán cuenta estos académicos de que la "Ch" es para nosotros, los mexicanos, como la españolísima "ñ", para ellos. ¿Qué vamos a hacer? Para empezar, ¿cómo hemos de sustituir nuestra palabrota preferida (chingar) -con sus múltiples interpretaciones y usanzas locales; chale con la RAE -, cómo vamos a expresar que algo está chido, que la pelota hizo un chanfle, que quieres chalupas de pollo, o que fulana es muy gacha? Pero no, la realidad era muy otra. La RAE ha emitido una serie de reglas que, a mi juicio, parecen tener sentido, pese a algunas excepciones que para mi gusto deberían quedarse tal y como están, a saber: se quita el acento de la palabra "solo". Este acento me parece que tiene bien definida su función ya que si se usa como adverbio -voy sólo si están de acuerdo (o sea, si están de acuerdo iré)- se interpreta de manera diferente a si lo utilizamos como adjetivo: voy solo si están de acuerdo (iré sin compañía); ¿verdad que quitarle el acento se presta a confusión?
Tampoco estoy de acuerdo con la regla que dice que no más acentos a la letra "o" entre números. Y para rebatir la propuesta de la RAE, traigo a colación el conocido cuento del ricachón latinoamericano que mandó pedir a la India uno o dos changos para su jardín, y que escribió 102 en lugar de 1 ó 2 y claro, luego no sabía qué hacer con tanto monito.
Pero por lo demás, creo que no hay ningún problema y que la RAE (que como hemos de recordar limpia, fija y da esplendor) ha tratado, con estas medidas, de unificar criterios, lo cual está muy bien para darle consistencia a nuestra bella lengua:
La “i griega” pasa a llamarse “ye”. Así, desde ahora, la “y” será la “ye”, la “v” será “uve” y la “w” será “doble uve”, la “b” y la “i” dejarán sus apelativos de “be larga” e “i latina” para ser, simplemente, “be” e “i”. Con este cambio, los escritores españoles Juan José Millás y Soledad Puértolas pegaron el grito en el cielo, según leí en la prensa. Yo no le veo mayor objeción.
La Ch y la Ll dejan de ser letras del alfabeto
La Ch y la Ll eran consideradas letras en sí mismas desde el siglo XIX. El nuevo diccionario las suprime y sus entradas aparecen en la C y en la L, respectivamente. El alfabeto contiene, pues, 27 letras.
Éste y este. Se quita el acento en los demostrativos (este/éste), aunque la RAE especifica que será opción de cada persona usar o no los tildes.
“Ex”, “anti” y "pro” ya no estarán separadas de la palabra que los precede. Ahora, “ex”, “anti” y pro” ya no son preposiciones (debían escribirse separadas de la palabra que las precedía), son considerados como prefijos, por lo que se escribirán unidos a la palabra que les precede como, por ejemplo, exmandatario, antideportivo, provida.
Guión… ya no lleva acento. Todos los monosilábicos no llevarán acento aunque terminen en vocal o bien n/s. Es considerado, de ya, como una falta si se escribe truhan con el acento.
La Q pierde fuerza. Qatar, Iraq o Quórum serán Catar, Irak y Cuórum (no me pregunten por qué) y la “q” sólo se reservará para la “ue” e “ui”, como en “que” o en “quiere”. "Insistir en las grafías anteriores se considerará tan extranjerismo como New York".
El conocido escritor Arturo Pérez Reverte, por cierto miembro de la RAE, ha declarado que... se revisen o no se revisen algunas de las modificaciones de la nueva "Ortografía de la lengua española", yo como escritor y académico seguiré escribiendo "guión", "truhán" y "sólo" con acento cuando sea necesario...(¡vaya con don Arturo!).
El día 28 de noviembre se reunirán (en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara) las 22 Academias de la Lengua Española para el debate final. Como se ve (aunque la polémica seguirá, faltaba más) no creo que haya grandes daños que lamentar y me parece que, otra vez, la prensa le dio un sesgo amarillista a lo que pudiera calificarse de ocre oscuro.
Tampoco estoy de acuerdo con la regla que dice que no más acentos a la letra "o" entre números. Y para rebatir la propuesta de la RAE, traigo a colación el conocido cuento del ricachón latinoamericano que mandó pedir a la India uno o dos changos para su jardín, y que escribió 102 en lugar de 1 ó 2 y claro, luego no sabía qué hacer con tanto monito.
Pero por lo demás, creo que no hay ningún problema y que la RAE (que como hemos de recordar limpia, fija y da esplendor) ha tratado, con estas medidas, de unificar criterios, lo cual está muy bien para darle consistencia a nuestra bella lengua:
La “i griega” pasa a llamarse “ye”. Así, desde ahora, la “y” será la “ye”, la “v” será “uve” y la “w” será “doble uve”, la “b” y la “i” dejarán sus apelativos de “be larga” e “i latina” para ser, simplemente, “be” e “i”. Con este cambio, los escritores españoles Juan José Millás y Soledad Puértolas pegaron el grito en el cielo, según leí en la prensa. Yo no le veo mayor objeción.
La Ch y la Ll dejan de ser letras del alfabeto
La Ch y la Ll eran consideradas letras en sí mismas desde el siglo XIX. El nuevo diccionario las suprime y sus entradas aparecen en la C y en la L, respectivamente. El alfabeto contiene, pues, 27 letras.
Éste y este. Se quita el acento en los demostrativos (este/éste), aunque la RAE especifica que será opción de cada persona usar o no los tildes.
“Ex”, “anti” y "pro” ya no estarán separadas de la palabra que los precede. Ahora, “ex”, “anti” y pro” ya no son preposiciones (debían escribirse separadas de la palabra que las precedía), son considerados como prefijos, por lo que se escribirán unidos a la palabra que les precede como, por ejemplo, exmandatario, antideportivo, provida.
Guión… ya no lleva acento. Todos los monosilábicos no llevarán acento aunque terminen en vocal o bien n/s. Es considerado, de ya, como una falta si se escribe truhan con el acento.
La Q pierde fuerza. Qatar, Iraq o Quórum serán Catar, Irak y Cuórum (no me pregunten por qué) y la “q” sólo se reservará para la “ue” e “ui”, como en “que” o en “quiere”. "Insistir en las grafías anteriores se considerará tan extranjerismo como New York".
El conocido escritor Arturo Pérez Reverte, por cierto miembro de la RAE, ha declarado que... se revisen o no se revisen algunas de las modificaciones de la nueva "Ortografía de la lengua española", yo como escritor y académico seguiré escribiendo "guión", "truhán" y "sólo" con acento cuando sea necesario...(¡vaya con don Arturo!).
El día 28 de noviembre se reunirán (en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara) las 22 Academias de la Lengua Española para el debate final. Como se ve (aunque la polémica seguirá, faltaba más) no creo que haya grandes daños que lamentar y me parece que, otra vez, la prensa le dio un sesgo amarillista a lo que pudiera calificarse de ocre oscuro.
sábado, 20 de noviembre de 2010
A SALTO DE MATA
Si alguien está interesado en saber quién era quién en la época de la Revolución mexicana, de 1910 a 1915, no debe dejar de leer el libro A salto de mata (Tusquets, 2009), de la investigadora Susana Quintanilla (ciudad de México, 1956). El libro se anuncia como una biografía de Martín Luis Guzmán, y de hecho lo es, pero también es más que eso. Las cuarenta y nueve hojas de bibliografía consultada por la autora avalan lo anterior. Susana Quintanilla ha hecho una magnífica y detallada investigación alrededor de la vida del escritor y al hacerlo ha retratado a muchos otros personajes principales de la contienda bélica por la que atravesó el país en esos años. También la doctora Quintanilla hurga en los años anteriores a la Revolución y, más allá, nos brinda un buen retrato del padre de Martín Luis, el coronel Martín L. Guzmán Rendón, nacido en Mérida en 1853, personaje controvertido; poco conocido y escasamente reconocido por sus méritos en el desempeño de su labor dentro del ejército mexicano.
Mientras que El águila y la serpiente y Las memorias de Pancho Villa, las dos principales obras escritas por Martín Luis Guzmán, nos dan cuenta novelada de los personajes y acontecimientos de aquellos años, la investigación de Quintanilla nos lleva a los datos "duros", a los hechos, a las relaciones y a las contradicciones entre los archivos documentales y la memoria del autor, tamizada por los años transcurridos entre lo vivido y lo escrito.
La investigadora acierta al llevar al lector a fijarse en los detalles que permitiron -u omitieron- tal o cual situación, tal o cual acción. Queda muy claro en esta investigación que aunque el factor suerte -buena o mala- juega un papel muy importante en el rumbo de la vida de Martín Luis Guzmán (¿y de quién no?), éste tenía, desde temprana edad, la idea de ser escritor. Dice Quintanilla: ...cumpliría 26 años el 6 de octubre de 1913. Tenía dos empleos, la misma cantidad de hijos y una columna literaria que, una vez pulida, podría llegar a ser una obra de mayor alcance. Se sustrajo del caos que lo rodeaba, se rodeó de referencias bibliográficas y de amistades intelectuales, y se dispuso a escribir. En medio de estos afanes fue creciendo en él la exigencia de abandonar todo, paisaje, familia, aires y comida, y de cambiar hasta de amigos. Sin embargo, "el caos en el que vivía" no le permitió conseguir en ese momento su afán y no sería hasta un tiempo después que se dedicaría a cumplir con su destino.
Varios son lo pasajes del libro de Quintanilla que llaman la atención y despiertan el interés pero para mí, los de mayor trascendencia son, por un lado, la lucha personal del joven Guzmán por encontrar sentido a su participación en alguno de los grupos revolucionarios - que eran muchos- y, por otro, su relación con Francisco Villa, un personaje tan alejado de su propio mundo y de sus convicciones y concepciones: un jaguar, como lo describiría en El águila y la serpiente.
En relación con su lucha interna, Quintanilla afirma que Guzmán utiliza un artilugio político y literario para lograr la paz consigo mismo. Existe una carta, no apócrifa pero sí engañosa, ... para dar mayor autenticidad a los últimos episodios del "El águila y la serpiente": ...y (para) acallar las murmuraciones acerca de la actuación de Guzmán en la escena revolucionaria de 1915. La autora nos dice que:...vista de este modo, la carta es...la experiencia de un joven que pasa de las aulas universitarias a pleno movimiento armado. A lo largo de 18 meses el novicio descubre las maravillas y los tormentos de este mundo, la naturaleza salvaje de las criaturas que lo habitan y la incompatibilidad entre ellas y su propio ser. Entonces decide partir al extranjero y honrar de esta forma los valores que lo habían impulsado a correr la aventura. Rompe sus lazos con los distintos bandos en pugna para no traicionar a ninguno de ellos y mantener vivo el espíritu original del levantamiento en contra de Victoriano Huerta.
En cuanto a su relación con Villa, son de rescatar dos momentos principales: la forma en la que lo conoce, descrita magistralmente en El águila y la serpiente, y la situación en la que, sin decirse adios, sino hasta luego, se da la última reunión de estos dos personajes. Ese último día, Villa, en lugar de fusilar a Guzmán - gran incógnita para el escritor durante toda su vida- le dice: Siéntese, siéntese, amiguito, no me cuente sus derrotas... y después de escuchar lo que Guzmán tiene que decirle sobre la salida de Eulalio Gutierrez y otros personajes del momento, le ofrece el puesto de secretario particular. Guzmán pone como condición ir a buscar a su familia, Villa le concede esta petición y él aprovecha la ocasión para huir de las garras del jaguar e internarse en Estados Unidos, y de allí a Europa.
El epílogo es mío: de lo vivido por Guzmán a salto de mata en esos años, de su ágil pluma y de su fina imaginación nace, por un lado, un gran escritor y, por otro, un mito, un héroe de papel: Pancho Villa, el Centauro del Norte.
Mientras que El águila y la serpiente y Las memorias de Pancho Villa, las dos principales obras escritas por Martín Luis Guzmán, nos dan cuenta novelada de los personajes y acontecimientos de aquellos años, la investigación de Quintanilla nos lleva a los datos "duros", a los hechos, a las relaciones y a las contradicciones entre los archivos documentales y la memoria del autor, tamizada por los años transcurridos entre lo vivido y lo escrito.
La investigadora acierta al llevar al lector a fijarse en los detalles que permitiron -u omitieron- tal o cual situación, tal o cual acción. Queda muy claro en esta investigación que aunque el factor suerte -buena o mala- juega un papel muy importante en el rumbo de la vida de Martín Luis Guzmán (¿y de quién no?), éste tenía, desde temprana edad, la idea de ser escritor. Dice Quintanilla: ...cumpliría 26 años el 6 de octubre de 1913. Tenía dos empleos, la misma cantidad de hijos y una columna literaria que, una vez pulida, podría llegar a ser una obra de mayor alcance. Se sustrajo del caos que lo rodeaba, se rodeó de referencias bibliográficas y de amistades intelectuales, y se dispuso a escribir. En medio de estos afanes fue creciendo en él la exigencia de abandonar todo, paisaje, familia, aires y comida, y de cambiar hasta de amigos. Sin embargo, "el caos en el que vivía" no le permitió conseguir en ese momento su afán y no sería hasta un tiempo después que se dedicaría a cumplir con su destino.
Varios son lo pasajes del libro de Quintanilla que llaman la atención y despiertan el interés pero para mí, los de mayor trascendencia son, por un lado, la lucha personal del joven Guzmán por encontrar sentido a su participación en alguno de los grupos revolucionarios - que eran muchos- y, por otro, su relación con Francisco Villa, un personaje tan alejado de su propio mundo y de sus convicciones y concepciones: un jaguar, como lo describiría en El águila y la serpiente.
En relación con su lucha interna, Quintanilla afirma que Guzmán utiliza un artilugio político y literario para lograr la paz consigo mismo. Existe una carta, no apócrifa pero sí engañosa, ... para dar mayor autenticidad a los últimos episodios del "El águila y la serpiente": ...y (para) acallar las murmuraciones acerca de la actuación de Guzmán en la escena revolucionaria de 1915. La autora nos dice que:...vista de este modo, la carta es...la experiencia de un joven que pasa de las aulas universitarias a pleno movimiento armado. A lo largo de 18 meses el novicio descubre las maravillas y los tormentos de este mundo, la naturaleza salvaje de las criaturas que lo habitan y la incompatibilidad entre ellas y su propio ser. Entonces decide partir al extranjero y honrar de esta forma los valores que lo habían impulsado a correr la aventura. Rompe sus lazos con los distintos bandos en pugna para no traicionar a ninguno de ellos y mantener vivo el espíritu original del levantamiento en contra de Victoriano Huerta.
En cuanto a su relación con Villa, son de rescatar dos momentos principales: la forma en la que lo conoce, descrita magistralmente en El águila y la serpiente, y la situación en la que, sin decirse adios, sino hasta luego, se da la última reunión de estos dos personajes. Ese último día, Villa, en lugar de fusilar a Guzmán - gran incógnita para el escritor durante toda su vida- le dice: Siéntese, siéntese, amiguito, no me cuente sus derrotas... y después de escuchar lo que Guzmán tiene que decirle sobre la salida de Eulalio Gutierrez y otros personajes del momento, le ofrece el puesto de secretario particular. Guzmán pone como condición ir a buscar a su familia, Villa le concede esta petición y él aprovecha la ocasión para huir de las garras del jaguar e internarse en Estados Unidos, y de allí a Europa.
El epílogo es mío: de lo vivido por Guzmán a salto de mata en esos años, de su ágil pluma y de su fina imaginación nace, por un lado, un gran escritor y, por otro, un mito, un héroe de papel: Pancho Villa, el Centauro del Norte.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Arre que llegando al caminito...
Para ilustrarme. Tener en tus manos un libro bello, no tiene precio, es un placer. En estos días he tenido la oportunidad de hojear un placentero libro que se relaciona con una pregunta que hice hace tiempo en este mismo blog: ¿qué pasó en México con los trenes? (y hoy agrego, ¿por qué se estancó el desarrollo ferroviario?¿por qué en México no viajamos en el medio de transporte más cómodo, agradable y civilizado que existe?) El libro en cuestión se titula Los ferrocarriles mexicanos en el arte y en la historia (1994). Es este un libro de formato grande, de pasta dura, de hojas de papel couché y con múltiples -y excelentes- fotografias e ilustraciones. La iniciativa de elaborar este libro correspondió a Jorge Tamayo, en ese entonces director general de Ferrocarriles Nacionales. La coordinación estuvo a cargo de Leonor Ludlow y participaron en la investigación personajes de la talla de Marcela Fernández Violante, Carlos Montemayor, Luis Rius y Alfonso Morales, entre otros.
La idea de intercalar la parte histórica del tema, que por sí solo pudiera resultar aburrida para los no iniciados, con la problemática social de los diferentes momentos; con la pintura, la música, el cine, la escultura y la literatura, de diferentes momentos del acontecer mexicano, hacen que de inmediato el lector se sienta identificado y curioso.
Lo que he concluido despues de leer el texto y de ensimismarme con sus fotografías -que por cierto dicen mucho de lo que allí pasó- es que de 1837, cuando el presidente Anastasio Bustamante otorga la concesión para la construcción de un ferrocarril en México, a 1880, se tendieron 1,073 kilómetros de vías férreas y en los siguiente cuatro años este número se incrementó a 5,731 kilómetros. El ferrocarril estaba en auge y el país empezó a comunicarse mediante un medio moderno y eficiente; sin embargo: ...durante los años del progreso nadie hubiera pensado que el mismo vehículo de interacción y cohesión política sería años más tarde el difusor de la insurrección contra ese régimen que ponderó el ferrocarril como bastión del crecimiento económico y la estabilidad política alcanzada. No es exagerado pensar que la campaña que Francisco I. Madero inició en junio de 1909 encontró su apoyo esencial en el ferrocarril. Y los años y los personajes que siguieron también tuvieron como apoyo este medio de transporte. Y claro, ya para el año de 1922: ...la deuda ferroviaria pasó a ser la mitad de la deuda nacional, es decir, la Revolución tuvo su efecto en los ferrocarriles.. En 1933 se funda el primer sindicato de este gremio y en 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decreta la nacionalización de Ferrocarriles Nacionales. Entre 1942-45 se repararon o sustituyeron tres mil kilómetros de rieles y durmientes, y de 1947 a 1955 se repararon 3,631 kilómetros de vías férreas y, se dice en el libro,que de 1950 a 1960 se construyeron cientos de kilómetros de vías. A partir de la Revolución Mexicana, de 1910 y hasta 1996, el gobierno fue propietario y responsable de la operación de la red ferroviaria que existía en México, a través de Ferronales. En el año de 1996, el gobierno estableció un programa para privatizar su sistema ferroviario al dividir Ferronales en diversos sistemas regionales, para posteriormente vender las sociedades concesionarias de cada sistema, mediante licitaciones públicas.Conforme a la publicación “The Railroad Facts” de la Association of American Railroads, Ferromex es hoy el operador ferroviario más grande de México, en términos tanto de cobertura por número de kilómetros como de número de carros usados en la prestación de sus servicios, principalmente servicios de carga general e intermodal por ferrocarril, al igual que otros servicios auxiliares, que incluyen el transporte de pasajeros (casi inexistente), arrastres intraterminal y servicio de terminales automotrices, entre otros. Ferromex cuenta con la cobertura más grande del sistema ferroviario mexicano con 7,108.6 Km. de vías principales y 1,001.9 Km. de ramales ( haga usted cuentas de su crecimiento en cien años).
Lo que se omite en el libro (y que fue la puntilla para el desarrollo ferrocarrilero) es la gran huelga organizada por Demetrio Vallejo que paralizó al país, en la época del presidente López Mateos.
Lo que siguió, tuvo sus altas y sus bajas y sus intentos de revivir al muerto; los especialistas dirían que es un problema multifactorial. Estando de acuerdo, yo lo resumo como: desazón y abandono (baste ver las fotos del libro). Y no puedo dejar de pensar: ay, no nos vaya a pasar lo mismo con otras industrias importantes mexicanas que van por el mismo camino; y haciendo una mayor abstracción, pienso, ¡ay no nos vaya a pasar lo mismo con la educación!
El sistema de ferrocarriles en México es ya una entelequia; asumámoslo. Su futuro lo destina como un servicio de segunda o de tercera. Sin embargo, el libro al que he hecho referencia es un gozo que despierta muchas nostalgias.
La idea de intercalar la parte histórica del tema, que por sí solo pudiera resultar aburrida para los no iniciados, con la problemática social de los diferentes momentos; con la pintura, la música, el cine, la escultura y la literatura, de diferentes momentos del acontecer mexicano, hacen que de inmediato el lector se sienta identificado y curioso.
Lo que he concluido despues de leer el texto y de ensimismarme con sus fotografías -que por cierto dicen mucho de lo que allí pasó- es que de 1837, cuando el presidente Anastasio Bustamante otorga la concesión para la construcción de un ferrocarril en México, a 1880, se tendieron 1,073 kilómetros de vías férreas y en los siguiente cuatro años este número se incrementó a 5,731 kilómetros. El ferrocarril estaba en auge y el país empezó a comunicarse mediante un medio moderno y eficiente; sin embargo: ...durante los años del progreso nadie hubiera pensado que el mismo vehículo de interacción y cohesión política sería años más tarde el difusor de la insurrección contra ese régimen que ponderó el ferrocarril como bastión del crecimiento económico y la estabilidad política alcanzada. No es exagerado pensar que la campaña que Francisco I. Madero inició en junio de 1909 encontró su apoyo esencial en el ferrocarril. Y los años y los personajes que siguieron también tuvieron como apoyo este medio de transporte. Y claro, ya para el año de 1922: ...la deuda ferroviaria pasó a ser la mitad de la deuda nacional, es decir, la Revolución tuvo su efecto en los ferrocarriles.. En 1933 se funda el primer sindicato de este gremio y en 1937, el presidente Lázaro Cárdenas decreta la nacionalización de Ferrocarriles Nacionales. Entre 1942-45 se repararon o sustituyeron tres mil kilómetros de rieles y durmientes, y de 1947 a 1955 se repararon 3,631 kilómetros de vías férreas y, se dice en el libro,que de 1950 a 1960 se construyeron cientos de kilómetros de vías. A partir de la Revolución Mexicana, de 1910 y hasta 1996, el gobierno fue propietario y responsable de la operación de la red ferroviaria que existía en México, a través de Ferronales. En el año de 1996, el gobierno estableció un programa para privatizar su sistema ferroviario al dividir Ferronales en diversos sistemas regionales, para posteriormente vender las sociedades concesionarias de cada sistema, mediante licitaciones públicas.Conforme a la publicación “The Railroad Facts” de la Association of American Railroads, Ferromex es hoy el operador ferroviario más grande de México, en términos tanto de cobertura por número de kilómetros como de número de carros usados en la prestación de sus servicios, principalmente servicios de carga general e intermodal por ferrocarril, al igual que otros servicios auxiliares, que incluyen el transporte de pasajeros (casi inexistente), arrastres intraterminal y servicio de terminales automotrices, entre otros. Ferromex cuenta con la cobertura más grande del sistema ferroviario mexicano con 7,108.6 Km. de vías principales y 1,001.9 Km. de ramales ( haga usted cuentas de su crecimiento en cien años).
Lo que se omite en el libro (y que fue la puntilla para el desarrollo ferrocarrilero) es la gran huelga organizada por Demetrio Vallejo que paralizó al país, en la época del presidente López Mateos.
Lo que siguió, tuvo sus altas y sus bajas y sus intentos de revivir al muerto; los especialistas dirían que es un problema multifactorial. Estando de acuerdo, yo lo resumo como: desazón y abandono (baste ver las fotos del libro). Y no puedo dejar de pensar: ay, no nos vaya a pasar lo mismo con otras industrias importantes mexicanas que van por el mismo camino; y haciendo una mayor abstracción, pienso, ¡ay no nos vaya a pasar lo mismo con la educación!
El sistema de ferrocarriles en México es ya una entelequia; asumámoslo. Su futuro lo destina como un servicio de segunda o de tercera. Sin embargo, el libro al que he hecho referencia es un gozo que despierta muchas nostalgias.
sábado, 6 de noviembre de 2010
De aquéllo y de esto
¿Te acuerdas?: en 1972 se estrenó la película Sleuth (La huella, en México) protagonizada por Sir Laurence Olivier y el conocido actor Michael Caine. El guión, tomado de la obra teatral de Anthony Shaffer, fue adaptado y dirigido por Joseph L. Mankiewicz (quien con esta película terminó su profusa carrera fílmica); como resultado de esta combinación, la cinta logró ser nominada para cuatro Óscares. Años después -tantos como ¡treinta y seis!-, en un "remake" adaptado en esta ocasión por el dramaturgo, guionista, actor, director, poeta y merecedor del premio Nobel 2005, Harold Pinter, Michael Caine protagoniza al personaje de Olivier (Andrew) y Jude Law (Milo) al que hiciera Caine, más de tres décadas atrás. ¿Y la dirección de este reto? pues a cargo, nada menos, que de Kenneth Brannagh, el adaptador de Shakespeare al cine. Solo a este cuarteto (Caine-Law-Pinter-Brannagh) se le pudo ocurrir retar a los gigantes de la primera versión de Sleuth. Además, a esta temeridad, hay que agregar la dificultad propia de la obra: un thriller en el que se establece un duelo histriónico entre los dos actores. Genial. Pues bien, ahora en México hay otros tres valientes que se "avientan" a poner en escena la obra de Shaffer: Daniel Giménez Cacho, José María Yazpik y el director, Enrique Singer (Los Baños y Oleanna).
Juegos Siniestros, como se ha traducido el título de la obra para esta puesta, estará en la cartelera teatral unas cuantas semanas más, según se anuncia. ¿Qué decir de esta nueva versión, habiendo visto las dos adaptaciones mencionadas? Pues yo le pondría "palomita", es decir: me gustó la adaptación, la encontré fina, sin chistes baratos fuera de lugar; me gustó también la dirección, sin grandes estridencias como suele suceder con los actores mexicanos. La escenografía es ingeniosa y resuelve muy bien la monotonía que pudiera producir el que la acción transcurra en un mismo sitio y solo con dos personajes. Por lo que toca a la actuación, los roles de los intérpretes exigen una gran agilidad física y mental de la que hacen gala tanto Giménez Cacho como Yazpik. Ambos actores logran llevar la obra al terreno del duelo de actuaciones que tanto se cuidó en las dos versiones fímicas. En cuanto a la trama, les adelanto algo, eso sí, sin revelar el final: Andrew (Giménez Cacho), es un escritor exitoso de novelas policiacas, de edad madura, que invita a su casa a tomar un trago al joven Milo(Yazpik), dueño de un salón de belleza; a primera vista ambos personajes no tienen mucho en común pero las apariencias engañan (como pasa todo el tiempo en la obra)...a las primeras de cambio, surge el meollo del asunto: Milo es amante de la mujer de Andrew y...
Toda proporción guardada, la versión mexicana de Sleuth, vale la pena verse.
Y lo que me ha dejado dudas es el libro Viaje por la historia de México (2010), editado por Fondo de Cultura Económica y publicado para conmemorar el bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución mexicana. Este libro ha sido "rescatado" (como dice en el prólogo el Presidente Felipe Calderón) de una primera edición que llevó por título Álbum de historia de México (1997, Clío) del finado y distinguido historiador y estudioso, Luis González y González. Pues resulta que compré el citado libro y ahora me entero que la idea del gobierno, al cual le cedió la editorial Clío los derechos de autor, es que cada famila mexicana reciba en su hogar -por correo postal- un ejemplar gratuito (se hizo un tiraje de más de 27 millones de ejemplares, según se dice en el portal de la Secretaría de Educación Pública). Pero esa no es toda mi congoja: en esta nueva edición parece ser que hubo algunos ajustes y arreglos. Por desgracia no he podido conseguir el original que dio pie a este nuevo álbum para poder hacer las comparaciones necesarias, pero aún así me voy a atrever a hacer dos o tres críticas que no se a quien correspondan, si a la coordinación editorial de esta nueva versión o a la original de González y González; en cualquier caso ojalá me perdone don Luis por mi osadía.
En la Presentación a cargo del autor (me imagino que es la original correspondiente a Álbum de la ... ya que el maestro González y González murió en el año 2003) éste nos dice: El álbum no trata de recrear las glorias de nuestra historia de bronce, más bien es un recorrido por nuestro pasado a través de aquellos personajes que fueron representativos de una época o tuvieron especial relevancia en algún momento ...Habrá quien pregunte por la ausencia de algún prohombre ...o critique la inclusión de personas que no sean de su agrado...La elección podría parecer arbitraria, y lo es, pero hay que recordar que una de las características de la historia es que cada persona la ve desde una perspectiva diferente... Y claro, como dicen, sobre advertencia no hay engaño, pero yo, erre que erre, insisto en apuntar que ni están todos los que son ni son todos los que están.
Me llamó la atención, por poner un ejemplo, la inclusión de Napoleón Bonaparte y también, aunque por otras razones, la de René Drucker Colín. De Francisco Villa se dice que era bandolero, agricultor y comerciante (?) y, en cuanto a ausencias, parece no haber habido más que dos mujeres notables en el paisaje histórico mexicano, de los varios siglos que se consignan en el libro (y, por supuesto, no estoy de acuerdo). Dice el presidente Calderón en el citado prólogo: Ojalá las familias disfruten un paseo por el pasado y encuentren hospitalaria su visión generosa, plural, abierta y constructiva. En fin, esperemos que así sea, que Viaje por la historia de México cumpla con su propósito, eso sí, siempre y cuando su lectura sea crítica.
Juegos Siniestros, como se ha traducido el título de la obra para esta puesta, estará en la cartelera teatral unas cuantas semanas más, según se anuncia. ¿Qué decir de esta nueva versión, habiendo visto las dos adaptaciones mencionadas? Pues yo le pondría "palomita", es decir: me gustó la adaptación, la encontré fina, sin chistes baratos fuera de lugar; me gustó también la dirección, sin grandes estridencias como suele suceder con los actores mexicanos. La escenografía es ingeniosa y resuelve muy bien la monotonía que pudiera producir el que la acción transcurra en un mismo sitio y solo con dos personajes. Por lo que toca a la actuación, los roles de los intérpretes exigen una gran agilidad física y mental de la que hacen gala tanto Giménez Cacho como Yazpik. Ambos actores logran llevar la obra al terreno del duelo de actuaciones que tanto se cuidó en las dos versiones fímicas. En cuanto a la trama, les adelanto algo, eso sí, sin revelar el final: Andrew (Giménez Cacho), es un escritor exitoso de novelas policiacas, de edad madura, que invita a su casa a tomar un trago al joven Milo(Yazpik), dueño de un salón de belleza; a primera vista ambos personajes no tienen mucho en común pero las apariencias engañan (como pasa todo el tiempo en la obra)...a las primeras de cambio, surge el meollo del asunto: Milo es amante de la mujer de Andrew y...
Toda proporción guardada, la versión mexicana de Sleuth, vale la pena verse.
Y lo que me ha dejado dudas es el libro Viaje por la historia de México (2010), editado por Fondo de Cultura Económica y publicado para conmemorar el bicentenario de la Independencia de México y el centenario de la Revolución mexicana. Este libro ha sido "rescatado" (como dice en el prólogo el Presidente Felipe Calderón) de una primera edición que llevó por título Álbum de historia de México (1997, Clío) del finado y distinguido historiador y estudioso, Luis González y González. Pues resulta que compré el citado libro y ahora me entero que la idea del gobierno, al cual le cedió la editorial Clío los derechos de autor, es que cada famila mexicana reciba en su hogar -por correo postal- un ejemplar gratuito (se hizo un tiraje de más de 27 millones de ejemplares, según se dice en el portal de la Secretaría de Educación Pública). Pero esa no es toda mi congoja: en esta nueva edición parece ser que hubo algunos ajustes y arreglos. Por desgracia no he podido conseguir el original que dio pie a este nuevo álbum para poder hacer las comparaciones necesarias, pero aún así me voy a atrever a hacer dos o tres críticas que no se a quien correspondan, si a la coordinación editorial de esta nueva versión o a la original de González y González; en cualquier caso ojalá me perdone don Luis por mi osadía.
En la Presentación a cargo del autor (me imagino que es la original correspondiente a Álbum de la ... ya que el maestro González y González murió en el año 2003) éste nos dice: El álbum no trata de recrear las glorias de nuestra historia de bronce, más bien es un recorrido por nuestro pasado a través de aquellos personajes que fueron representativos de una época o tuvieron especial relevancia en algún momento ...Habrá quien pregunte por la ausencia de algún prohombre ...o critique la inclusión de personas que no sean de su agrado...La elección podría parecer arbitraria, y lo es, pero hay que recordar que una de las características de la historia es que cada persona la ve desde una perspectiva diferente... Y claro, como dicen, sobre advertencia no hay engaño, pero yo, erre que erre, insisto en apuntar que ni están todos los que son ni son todos los que están.
Me llamó la atención, por poner un ejemplo, la inclusión de Napoleón Bonaparte y también, aunque por otras razones, la de René Drucker Colín. De Francisco Villa se dice que era bandolero, agricultor y comerciante (?) y, en cuanto a ausencias, parece no haber habido más que dos mujeres notables en el paisaje histórico mexicano, de los varios siglos que se consignan en el libro (y, por supuesto, no estoy de acuerdo). Dice el presidente Calderón en el citado prólogo: Ojalá las familias disfruten un paseo por el pasado y encuentren hospitalaria su visión generosa, plural, abierta y constructiva. En fin, esperemos que así sea, que Viaje por la historia de México cumpla con su propósito, eso sí, siempre y cuando su lectura sea crítica.
sábado, 23 de octubre de 2010
El fukú
La lectura de la novela La maravillosa vida breve de Óscar Wao, me resultó una experiencia fantástica, portentosa, fascinante; es decir, maravillosa, como su título promete. Su autor, Junot Díaz, es un joven dominicano-americano (nació apenas en 1968) que logró con esta novela obtener el premio Pulitzer 2008, el National Books Critics Circle Award de ese mismo año y ser nombrada la mejor novela de 2007 por las revistas Time y New York Magazine; casi nada. Los personajes se mueven por la novela con un fino sentido del humor (humor negro) y con soltura y gracia en el lenguaje que utilizan, en el que se mezcla el argot juvenil que usan los bróders y los goth -con sus héroes y monstruos de videojuegos-, la jerigonza de los dominicanos de la isla y la que en el Bronx despliegan los dominicanos-americanos. El autor también emplea con maestría, para adentrarnos en lo que nos quiere decir, varias voces narradoras y una estructura novedosa en la que el relato de la vida de Óscar se entremezcla con en el pie de página, espacio que utiliza, de manera paralela, para contarnos la historia de la República Dominicana en la época del nefasto general Trujillo.
Yo había pensado que después de publicada La fiesta del Chivo (Vargas Llosa, 2000), nadie tendría la osadía de escribir algo sobre los horrores del gobierno de Rafael Leónidas Trujillo-qué más podría agregarse- pero, héte ahí, que el joven Díaz se arriesga y el resultado es una novela fresca, novedosa, generacional y que ha de resultar interesante no solo para los adictos a las novelas si no también para lingüistas, filólogos y sociólogos.
La historia va y viene en el tiempo de la familia Cabral: desde el abuelo Abelard hasta Óscar, el nieto, el antihéroe, un nerd obeso que escribe poesía y ve programas de TV británicos bastante nerdosos. A Óscar le ha caído el fukú (...se cree que fue la llegada de los europeos a La Española lo que desencadenó el fukú en el mundo, y desde ese momento todo se ha vuelto una tremenda cagada...) y no tiene éxito con las mujeres, siendo que él es un adolescente muy enamoradizo. La trama, que parece una comedia y a ratos te hace reír con gusto, tiene el trasfondo trágico, tragiquísimo, de un drama familar que se inscribe en el drama de los dominicanos.
En entrevista, Junot Díaz dice que: "en realidad no intenté escribir La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Lo que yo quería escribir era Akira (el clásico de dibujos animados) del tercer mundo y durante un par de años eso fue lo que hice: tratar de escribir un libro que como un idiota me empeñaba en llamar The Secret History... acerca de la destrucción de Nueva York por un psíquico terrorista ... pero ocurrió el 11/S...la creación de arte es algo misterioso. Quizá yo hubiera terminado The Secret History si hubiera sido más fuerte y más listo y no me hubiera cagado de miedo. Pero la salvación nos llega por diversos caminos. Cuando estaba intentando escribir The Secret History, me otorgaron una beca Guggenheim y viví un año en México, D.F., tratando de escribir... me enamoré de la que pensé (y todavía pienso) era una de las ciudades más maravillosas del mundo. Como vivir dos vidas en una. En fin, una vez después de una noche de rumba me encontré...escuchando música y hablando mierda cuando por casualidad agarré una copia de La importancia de llamarse Ernesto y pronuncié el nombre de Oscar Wilde en dominicano y lo que salió fue Óscar Wao... y en la noche cuando estaba echado en la cama pensando en la chica de la que estaba enamorado, una fresita cuya familia era de Cancún, tuve la visión de un pobre nerd negro y jodido del gueto llamado Óscar Wao, el tipo de nerd del gueto que habría sido yo si no me hubieran “descubierto” las chicas el primer año de high school. Óscar saltó de la sombra y de repente me di cuenta de que podía escribir una novela entera acerca de un chico dominicano que no conquista a las chicas, que no puede bailar, que es el opuesto de todos los estereotipos que tenemos los dominicanos de lo que son “nuestros hombres”. Óscar no iba a ser el caribeño sexy por el que la industria del turismo vive y muere. Me di cuenta de que podía escribir acerca de este chico nerd que vive obsesionado por la historia y por las chicas, que sólo es bueno para la fantasía y para la ciencia ficción y que sin embargo (trágica, cómicamente) pertenece a una comunidad y a una cultura que propiamente no se enloquece por los nerds de color ni por sus intereses. Entonces lo hice. Escribí la novela de Óscar. Me llevó siete años y muchas lágrimas pero ahora está terminada y no puedo imaginarme de dónde saqué la fuerza para superar una novela fallida y lograr terminar otra. ... la lección es: atención a los libros que se encuentra, pueden salvarle la vida"
Interesante ¿no? Por cierto, si alguna vez sospecha usted que le ha caído el fukú, no se detenga y diga enérgicamente Zafa seguido del cruce de los dedos índices; esto evitará que la maldición caiga en usted o en su familia. Lo dice Óscar-Junot.
Yo había pensado que después de publicada La fiesta del Chivo (Vargas Llosa, 2000), nadie tendría la osadía de escribir algo sobre los horrores del gobierno de Rafael Leónidas Trujillo-qué más podría agregarse- pero, héte ahí, que el joven Díaz se arriesga y el resultado es una novela fresca, novedosa, generacional y que ha de resultar interesante no solo para los adictos a las novelas si no también para lingüistas, filólogos y sociólogos.
La historia va y viene en el tiempo de la familia Cabral: desde el abuelo Abelard hasta Óscar, el nieto, el antihéroe, un nerd obeso que escribe poesía y ve programas de TV británicos bastante nerdosos. A Óscar le ha caído el fukú (...se cree que fue la llegada de los europeos a La Española lo que desencadenó el fukú en el mundo, y desde ese momento todo se ha vuelto una tremenda cagada...) y no tiene éxito con las mujeres, siendo que él es un adolescente muy enamoradizo. La trama, que parece una comedia y a ratos te hace reír con gusto, tiene el trasfondo trágico, tragiquísimo, de un drama familar que se inscribe en el drama de los dominicanos.
En entrevista, Junot Díaz dice que: "en realidad no intenté escribir La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Lo que yo quería escribir era Akira (el clásico de dibujos animados) del tercer mundo y durante un par de años eso fue lo que hice: tratar de escribir un libro que como un idiota me empeñaba en llamar The Secret History... acerca de la destrucción de Nueva York por un psíquico terrorista ... pero ocurrió el 11/S...la creación de arte es algo misterioso. Quizá yo hubiera terminado The Secret History si hubiera sido más fuerte y más listo y no me hubiera cagado de miedo. Pero la salvación nos llega por diversos caminos. Cuando estaba intentando escribir The Secret History, me otorgaron una beca Guggenheim y viví un año en México, D.F., tratando de escribir... me enamoré de la que pensé (y todavía pienso) era una de las ciudades más maravillosas del mundo. Como vivir dos vidas en una. En fin, una vez después de una noche de rumba me encontré...escuchando música y hablando mierda cuando por casualidad agarré una copia de La importancia de llamarse Ernesto y pronuncié el nombre de Oscar Wilde en dominicano y lo que salió fue Óscar Wao... y en la noche cuando estaba echado en la cama pensando en la chica de la que estaba enamorado, una fresita cuya familia era de Cancún, tuve la visión de un pobre nerd negro y jodido del gueto llamado Óscar Wao, el tipo de nerd del gueto que habría sido yo si no me hubieran “descubierto” las chicas el primer año de high school. Óscar saltó de la sombra y de repente me di cuenta de que podía escribir una novela entera acerca de un chico dominicano que no conquista a las chicas, que no puede bailar, que es el opuesto de todos los estereotipos que tenemos los dominicanos de lo que son “nuestros hombres”. Óscar no iba a ser el caribeño sexy por el que la industria del turismo vive y muere. Me di cuenta de que podía escribir acerca de este chico nerd que vive obsesionado por la historia y por las chicas, que sólo es bueno para la fantasía y para la ciencia ficción y que sin embargo (trágica, cómicamente) pertenece a una comunidad y a una cultura que propiamente no se enloquece por los nerds de color ni por sus intereses. Entonces lo hice. Escribí la novela de Óscar. Me llevó siete años y muchas lágrimas pero ahora está terminada y no puedo imaginarme de dónde saqué la fuerza para superar una novela fallida y lograr terminar otra. ... la lección es: atención a los libros que se encuentra, pueden salvarle la vida"
Interesante ¿no? Por cierto, si alguna vez sospecha usted que le ha caído el fukú, no se detenga y diga enérgicamente Zafa seguido del cruce de los dedos índices; esto evitará que la maldición caiga en usted o en su familia. Lo dice Óscar-Junot.
sábado, 16 de octubre de 2010
El mago de Amos Oz
Hoy regreso al escritor Amos Oz, con su libro La caja negra (1987), esa caja que llevan los aviones con el fin de que, en caso de accidente, haya un testigo de las causas que lo motivaron y un testimonio de los últimos momentos previos al percance. De ser necesario recurrir a la caja negra, ésta producirá una historia lacónica, telegráfica, siempre escalofriante y, finalmente, determinante: el desenlace previsto. En su caja negra, el mago de Oz, nos ofrece una historia de "familia" sin ambages, descarnada, que llega hasta nosostros en forma epistolar. Amos Oz escogió quizá la forma más difícil para abordar una narración: las cartas son una especie de marco que acota la realidad; que la filtra, la subjetiviza y, para bien o para mal, la distorsiona. La forma epistolar convierte al lector en un verdadero voyeur, al que siempre se le oculta algo y no tiene la posibilidad de preguntar dada su condición de infractor. Pero creo que de eso se trataba, de presentar a unos personajes que el lector de inmediato odia o adora, pero que al irse definiendo le aportan nuevos elementos para ir variando su apreciación y su posición, a sabiendas de que hay información crucial que no le será revelada.
Querido Alec: Que no hayas destruido esta carta al reconocer mi letra en el sobre prueba que la curiosidad es más poderosa que el odio. O que tu odio necesita carne fresca. Así empieza La caja negra, y el lector queda atrapado entre estas frases y no tiene ya más remedio que seguir leyendo lo que augura un desenlace previsto que no por ello deja de ser sorpresivo. Alec e Ilana no se habían tenido contacto en los últimos siete años, desde su divorcio. Se separaron en condiciones brutales, de gran crueldad. Él es un famoso estudioso del fanatismo, vive en Estados Unidos, mientras que ella se quedó en Israel y se volvió a casar con un ortodoxo. Alec e Ilana tienen un hijo en común, Boaz, que el padre ha ignorado durante todo ese tiempo para castigar a la exesposa. El chico es un joven problemático que no logra encontrar su camino en la vida y ese es el motivo de la primera carta en que Ilana le pide ayuda al hombre que alguna vez amó... Intervienen también en la novela, en la correspondencia epistolar, Boaz, por su puesto, que en sus escasos años ha logrado captar el ambiente "familiar" amplio: Los judíos viven de la Torá, de la política, de discursos y discusiones, en vez de vivir de la vida. Ocurre lo mismo con los árabes. Han aprendido de los judíos a consumirse de tristeza y consumirse unos a otros y consumir personas en vez de comida corriente ; Michael, el marido de Ilana, que representa a la parte de la sociedad judia ortodoxa (a la que Amos ha combatido por su intolerancia durante toda su vida-con su posición pacifista-), y el administrador de los bienes de Alec, un viejo amigo de la familia que introduce una buena dosis de la mezquindad de todo el asunto.
Una novela profunda, desgarradora, muy bien escrita, ingeniosamente estructurada, alertadora de intolerancias; donde el odio y el amor -el hielo y el fuego-, se confunden. La literatura de Amos Oz nos habla de lo íntimo, de lo individual, de lo local, siempre en el contexto de un mensaje: "la paz en los tiempos de guerra". Este autor ha sido varias veces postulado para el premio Nobel de Literatura y, a mi juicio, creo que ya se están tardando en dárselo. Este libro, en particular, es, como dicen los anglófilos: a must.
Me parece correcto terminar el día de hoy con algo que dijo Amos Oz sobre la intolerancia: ... la literatura te introduce en la vida privada de las cosas, en sus secretos, y entonces es mucho más difícil odiar. Para mí, por ejemplo, la traducción más importante de este libro que acabo de publicar es la traducción al árabe. Los lectores del mundo árabe que lean mi historia no tienen que sentir rechazo ni tampoco tiene por qué gustarles, pero sí tienen que saber cómo y por qué o cuáles fueron las razones.
Nota de última hora: Hoy se ha dado a conocer que a Hernán Lara Zavala, narrador, ensayista, editor, profesor mexicano y buen amigo, se le ha otorgado el premio Real Academia Española 2010. Su novela Península, península, tomen nota, es otro must. ¡¡¡Enhorabuena!!!
Querido Alec: Que no hayas destruido esta carta al reconocer mi letra en el sobre prueba que la curiosidad es más poderosa que el odio. O que tu odio necesita carne fresca. Así empieza La caja negra, y el lector queda atrapado entre estas frases y no tiene ya más remedio que seguir leyendo lo que augura un desenlace previsto que no por ello deja de ser sorpresivo. Alec e Ilana no se habían tenido contacto en los últimos siete años, desde su divorcio. Se separaron en condiciones brutales, de gran crueldad. Él es un famoso estudioso del fanatismo, vive en Estados Unidos, mientras que ella se quedó en Israel y se volvió a casar con un ortodoxo. Alec e Ilana tienen un hijo en común, Boaz, que el padre ha ignorado durante todo ese tiempo para castigar a la exesposa. El chico es un joven problemático que no logra encontrar su camino en la vida y ese es el motivo de la primera carta en que Ilana le pide ayuda al hombre que alguna vez amó... Intervienen también en la novela, en la correspondencia epistolar, Boaz, por su puesto, que en sus escasos años ha logrado captar el ambiente "familiar" amplio: Los judíos viven de la Torá, de la política, de discursos y discusiones, en vez de vivir de la vida. Ocurre lo mismo con los árabes. Han aprendido de los judíos a consumirse de tristeza y consumirse unos a otros y consumir personas en vez de comida corriente ; Michael, el marido de Ilana, que representa a la parte de la sociedad judia ortodoxa (a la que Amos ha combatido por su intolerancia durante toda su vida-con su posición pacifista-), y el administrador de los bienes de Alec, un viejo amigo de la familia que introduce una buena dosis de la mezquindad de todo el asunto.
Una novela profunda, desgarradora, muy bien escrita, ingeniosamente estructurada, alertadora de intolerancias; donde el odio y el amor -el hielo y el fuego-, se confunden. La literatura de Amos Oz nos habla de lo íntimo, de lo individual, de lo local, siempre en el contexto de un mensaje: "la paz en los tiempos de guerra". Este autor ha sido varias veces postulado para el premio Nobel de Literatura y, a mi juicio, creo que ya se están tardando en dárselo. Este libro, en particular, es, como dicen los anglófilos: a must.
Me parece correcto terminar el día de hoy con algo que dijo Amos Oz sobre la intolerancia: ... la literatura te introduce en la vida privada de las cosas, en sus secretos, y entonces es mucho más difícil odiar. Para mí, por ejemplo, la traducción más importante de este libro que acabo de publicar es la traducción al árabe. Los lectores del mundo árabe que lean mi historia no tienen que sentir rechazo ni tampoco tiene por qué gustarles, pero sí tienen que saber cómo y por qué o cuáles fueron las razones.
Nota de última hora: Hoy se ha dado a conocer que a Hernán Lara Zavala, narrador, ensayista, editor, profesor mexicano y buen amigo, se le ha otorgado el premio Real Academia Española 2010. Su novela Península, península, tomen nota, es otro must. ¡¡¡Enhorabuena!!!
sábado, 9 de octubre de 2010
Mario Vargas Llosa
MARIO VARGAS LLOSA
Hoy, al igual que muchas otras personas alrededor del mundo, estoy bien y de buen humor; estoy de plácemes. Y no es para menos: le han otorgado el premio Nobel al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Mario es mi amigo cercano del que sé muchas cosas: sobre su vida académica, sus amores, sus viajes, sus hijos. Lo conozco hace mucho tiempo y he visto como ha ido con los años llenándose de canas y arrugas a la vez que encuentro que su literatura es más madura y profunda. He hablado de él, he valorado sus posiciones políticas, me he fascinado de su incursión al teatro al lado de Aitana Sánchez-Gijón, he lamentado sus experiencias cinematográficas y he disfrutado sus merecidos premios. Lo curioso de esta cercanía es que nunca hemos coincidido más que en el espacio virtual, conectados a través de la electricidad de sus novelas. He leído casi todos sus libros, que siempre me han dejado alguna huella. Pero para qué sigo si Muñoz Molina, otro de mis amigos cercanos, lo ha dicho tan bien:
...me acordé del impacto de la primera lectura de "Cien años de soledad" (García Márquez, 1967), pero también comprendí que en mi formación había sido mucho menos decisiva que "La casa verde" (Vargas Llosa, 1965), y que mi idea de lo que es un novelista la había aprendido mucho más de Mario Vargas Llosa que de García Márquez. Mi percepción es probablemente equivocada, pero García Márquez tenía para mí algo de mago o hechicero que iba conjurando las historias como un antiguo narrador oral...A García Márquez lo rodeó desde muy pronto una leyenda, y como todas las figuras legendarias se instaló en una forma de lejanía muy parecida a la de los muy ricos o los muy poderosos, que siempre están algo distraídos cuando uno los ve de cerca, como pensando en otra cosa, como un poco en otra parte. García Márquez fue desde muy pronto, más que un escritor, un personaje de la literatura.... sus historias tenían una torrencialidad de invención inmediata que nos hacían identificar su voz con la de los magníficos narradores orales de su literatura...En Vargas Llosa lo que uno descubría era el tesón diario del trabajo de novelista. Una novela no procedía de una iluminación arrebatada, sino que era el resultado de una construcción cuidadosa y metódica, en la que el escritor actuaba al mismo tiempo como arquitecto y como albañil y cantero, con una perseverancia que tenía algo de dedicación artesanal y de arduo ejercicio de ascetismo. Por la misma época en la que yo leía y releía "La casa verde" y "Conversación en La Catedral" examinándolas por dentro para saber cómo estaban hechas... cayó en mis manos un ejemplar de "Cuadernos para el Diálogo" en el que venía un largo ensayo de Vargas Llosa dedicado a Flaubert y al proceso de escritura de Madame Bovary. Su efecto fue tan poderoso como el de los cuentos de Borges o los de Onetti, o como el de la primera lectura de Absalom, Absalom o Santuario. Recorté aquellas páginas de la revista y las leí no sé cuántas veces, subrayando casi cada frase con aprobación fervorosa. Lo que hacía Vargas Llosa en aquel ensayo que luego se convirtió en uno de sus mejores libros, "La orgía perpetua", era estudiar Madame Bovary desde el interior de la conciencia del novelista que la iba escribiendo...Uno escribe los libros y no puede saber el lugar que a veces llegan a ocupar en las vidas de otras personas. Las influencias van modelando el estilo, pero también afectan a veces el curso de la vida. Sentado cerca de Mario Vargas Llosa la otra tarde -él en un extremo de la mesa, yo en el otro, acompañando a Víctor García de la Concha- pensé con gratitud, y lo dije en voz alta, que sin el ejemplo de esos dos libros suyos probablemente yo no estaría allí.
Hoy, al igual que muchas otras personas alrededor del mundo, estoy bien y de buen humor; estoy de plácemes. Y no es para menos: le han otorgado el premio Nobel al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Mario es mi amigo cercano del que sé muchas cosas: sobre su vida académica, sus amores, sus viajes, sus hijos. Lo conozco hace mucho tiempo y he visto como ha ido con los años llenándose de canas y arrugas a la vez que encuentro que su literatura es más madura y profunda. He hablado de él, he valorado sus posiciones políticas, me he fascinado de su incursión al teatro al lado de Aitana Sánchez-Gijón, he lamentado sus experiencias cinematográficas y he disfrutado sus merecidos premios. Lo curioso de esta cercanía es que nunca hemos coincidido más que en el espacio virtual, conectados a través de la electricidad de sus novelas. He leído casi todos sus libros, que siempre me han dejado alguna huella. Pero para qué sigo si Muñoz Molina, otro de mis amigos cercanos, lo ha dicho tan bien:
...me acordé del impacto de la primera lectura de "Cien años de soledad" (García Márquez, 1967), pero también comprendí que en mi formación había sido mucho menos decisiva que "La casa verde" (Vargas Llosa, 1965), y que mi idea de lo que es un novelista la había aprendido mucho más de Mario Vargas Llosa que de García Márquez. Mi percepción es probablemente equivocada, pero García Márquez tenía para mí algo de mago o hechicero que iba conjurando las historias como un antiguo narrador oral...A García Márquez lo rodeó desde muy pronto una leyenda, y como todas las figuras legendarias se instaló en una forma de lejanía muy parecida a la de los muy ricos o los muy poderosos, que siempre están algo distraídos cuando uno los ve de cerca, como pensando en otra cosa, como un poco en otra parte. García Márquez fue desde muy pronto, más que un escritor, un personaje de la literatura.... sus historias tenían una torrencialidad de invención inmediata que nos hacían identificar su voz con la de los magníficos narradores orales de su literatura...En Vargas Llosa lo que uno descubría era el tesón diario del trabajo de novelista. Una novela no procedía de una iluminación arrebatada, sino que era el resultado de una construcción cuidadosa y metódica, en la que el escritor actuaba al mismo tiempo como arquitecto y como albañil y cantero, con una perseverancia que tenía algo de dedicación artesanal y de arduo ejercicio de ascetismo. Por la misma época en la que yo leía y releía "La casa verde" y "Conversación en La Catedral" examinándolas por dentro para saber cómo estaban hechas... cayó en mis manos un ejemplar de "Cuadernos para el Diálogo" en el que venía un largo ensayo de Vargas Llosa dedicado a Flaubert y al proceso de escritura de Madame Bovary. Su efecto fue tan poderoso como el de los cuentos de Borges o los de Onetti, o como el de la primera lectura de Absalom, Absalom o Santuario. Recorté aquellas páginas de la revista y las leí no sé cuántas veces, subrayando casi cada frase con aprobación fervorosa. Lo que hacía Vargas Llosa en aquel ensayo que luego se convirtió en uno de sus mejores libros, "La orgía perpetua", era estudiar Madame Bovary desde el interior de la conciencia del novelista que la iba escribiendo...Uno escribe los libros y no puede saber el lugar que a veces llegan a ocupar en las vidas de otras personas. Las influencias van modelando el estilo, pero también afectan a veces el curso de la vida. Sentado cerca de Mario Vargas Llosa la otra tarde -él en un extremo de la mesa, yo en el otro, acompañando a Víctor García de la Concha- pensé con gratitud, y lo dije en voz alta, que sin el ejemplo de esos dos libros suyos probablemente yo no estaría allí.
sábado, 2 de octubre de 2010
De arrebatos a arrebatos
Del escritor Francisco Martín Moreno (México, D.F, 1946), la colección de historias noveladas sobre la vida íntima de destacados personajes del devenir mexicano, Arrebatos carnales (Planeta, 2009), me ha parecido un malogrado arrebato... de indiscreción . En el prólogo, el autor nos invita a acompañarlo a "descubrir secretos ignorados durante siglos" que él mismo conoció "oculto en armarios o escondido debajo de la cama o en la sala de baño o disfrazado para entrar ..." Así, en nuestros ratos de lectura nos convertiremos en cómplices de una especie de cotilleo. Y como no conozco a nadie que no sea chismoso (a) -admitiendo que hay graduaciones- el tema promete múltiples lectores. De hecho, el libro ha estado agotado y, desde su primera edición en noviembre de 2009, lleva por lo menos cinco reimpresiones. Tal ha sido el éxito que el autor planea abordar -es decir, pillar en diversos arrebatos eróticos-, a otros ilustres mexicanos y mexicanas en sendos libros que han de titularse: Con las sábanas blancas y Con las sábanas verdes (creo le van a faltar las sábanas rojas).
Arrebatos carnales, dice su autor, es el afán de escribir sobre personajes de carne y hueso: me aburrí de estudiar permanentemente a los grandes protagonistas de la historia de México como estatuas de mármol blanco, ...como si fueran semidioses incapaces de tener tentaciones, ni debilidades carnales como acontece en todos los seres humanos... en realidad, la Iglesia ha hecho de nosotros unos muy buenos hipócritas...¿hasta qué punto el erotismo ha logrado cambiar la historia de México? De no haber sufrido la decepción amorosa, Morelos nunca hubiera entrado al seminario, ni conocido al cura Miguel Hidalgo... Es importante conocer a este hombre volcánico, que se enfrenta a machetazos por una mujer, gana el duelo, pero ella lo abandona, dando un giro en la vida personal de Morelos y en el destino de México.
Martín Moreno nos cuenta la "verdadera" historia de Maximiliano y Carlota -él bisexual y ella amante de su guardián,el coronel Alfred van der Smissen-;nos advierte sobre Morelos, su amada, su amante y sus tres hijos; nos describe a Porfirio Díaz en la noche de bodas con su segunda esposa, Carmelita Romero Rubio; nos pone al corriente de lo sucedido en el cuarto de hotel, en Toluca, entre José Vasconcelos y Antonieta Rivas Mercado, y nos alerta sobre el amor de Sor Juana por la XI condesa de Paredes de Nava. Sin embargo, el propio Martín Moreno está consciente de que: toda la historia es cuestionable, la historia es una disciplina dinámica, siempre van saliendo nuevas informaciones, nuevos datos y hechos, por lo tanto uno debe permanecer atento; yo escribí estos Arrebatos Carnales, pero no quiere decir que dentro de 20 años o mañana mismo aparezcan nuevos informes y datos duros que cambien la realidad. Pero ¿a qué realidad se refiere este escritor? Es verdad que él trata de corroborar sus decires mediante algunos documentos e inferencias -así debió haber sido dadas las circunstancias- pero el problema es que "sus momentos íntimos", los que le dan valor a este libro -y, por cierto, también su título- son poco creíbles y no llegan a despertar, por un mal manejo de los diálogos, esa llama que uno espera encontrar. No puede uno creer la escena de amor entre Carlota y su amante, desnudos en un paraje de Chalco al que habían llegado para hacer un día de campo, como tampoco es verosímil la charla entre Maximiliano y Carlota cuando ella le confiesa que está embarazada, o la ingenuidad de Carmelita Romero o el diálogo de Porfirio Díaz con Dios, entre otros episodios. Y no digo con esto que el libro no tenga su valor y que no se preste a sabrosas discusiones de sobremesa, pero... para mis expectativas (sobre todo por haber leído otro libro del mismo autor que me gustó y por estar de acuerdo con él en desmistificar a nuestros personajes históricos) a este libro ¡le faltó!
Y para hablar de otra historia de arrebatos me referiré a la película "Wall Street", un verdadero arrebato, en este caso, de codicia. Resulta que en 1987 -¿quién lo recuerda?- el famoso actor Michael Douglas (que tiene ahora 66 años) ganó un Oscar y un Globo de Oro por su actuación en la película cuyo título es un homónimo de la famosa calle de Manhattan en la que se desarrollan las principales transacciones financieras del mundo: Wall Street. Pues bien, hace unos días se estrenó en varias partes del mundo una secuela de esta película, dirigida también por Oliver Stone (JFK: caso abierto, Nacido el 4 de julio, Platoon) y actuada por el propio Michael Douglas, acompañado por el joven Shia LaBeouf (hijo de Indiana Jones en la última película de Spielberg) y por Carey Mulligan (la actriz de An Education). Wall Street: el dinero nunca duerme (2010)retoma la trama de la primera Wall Street y, veinte años después, la refiere a la crisis económica actual: la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias macro y personales. La película trata de tiburones, pero no marinos sino financieros: allí están las mafias, la codicia y la rapidez de los cambios y de las decisiones como parámetros con los que se mueve Wall Steet. Allí no hay querencias, parentescos o amistades, allí lo que impera es la ambición por el dinero. Mediante una fotografía excelente que "mete" al espectador en el Manhattan bullicioso y acelerado, nos enteramos de lo que hacen y deshacen los banqueros en el Olimpo para que, los humildes terrestres, no podamos pagar las hipotecas de nuestras casas. Si sirve de consuelo, ellos también sufren aunque en la escena final, en una evocadora fiesta infantil, los pequeñitos, hijos y nietos de este grupo social que tiene sus oficinas en Wall Street, juegan a hacer pompas de jabón que vuelan por el espacio neoyorkino mientras el espectador no puede dejar de pensar que esas inofensivas esferas transparentes se convertirán en la burbujas inmobiliarias del futuro. O sea que, aunque salgamos de la crisis actual, los futuros banqueros seguirán haciendo de las suyas.
Arrebatos carnales, dice su autor, es el afán de escribir sobre personajes de carne y hueso: me aburrí de estudiar permanentemente a los grandes protagonistas de la historia de México como estatuas de mármol blanco, ...como si fueran semidioses incapaces de tener tentaciones, ni debilidades carnales como acontece en todos los seres humanos... en realidad, la Iglesia ha hecho de nosotros unos muy buenos hipócritas...¿hasta qué punto el erotismo ha logrado cambiar la historia de México? De no haber sufrido la decepción amorosa, Morelos nunca hubiera entrado al seminario, ni conocido al cura Miguel Hidalgo... Es importante conocer a este hombre volcánico, que se enfrenta a machetazos por una mujer, gana el duelo, pero ella lo abandona, dando un giro en la vida personal de Morelos y en el destino de México.
Martín Moreno nos cuenta la "verdadera" historia de Maximiliano y Carlota -él bisexual y ella amante de su guardián,el coronel Alfred van der Smissen-;nos advierte sobre Morelos, su amada, su amante y sus tres hijos; nos describe a Porfirio Díaz en la noche de bodas con su segunda esposa, Carmelita Romero Rubio; nos pone al corriente de lo sucedido en el cuarto de hotel, en Toluca, entre José Vasconcelos y Antonieta Rivas Mercado, y nos alerta sobre el amor de Sor Juana por la XI condesa de Paredes de Nava. Sin embargo, el propio Martín Moreno está consciente de que: toda la historia es cuestionable, la historia es una disciplina dinámica, siempre van saliendo nuevas informaciones, nuevos datos y hechos, por lo tanto uno debe permanecer atento; yo escribí estos Arrebatos Carnales, pero no quiere decir que dentro de 20 años o mañana mismo aparezcan nuevos informes y datos duros que cambien la realidad. Pero ¿a qué realidad se refiere este escritor? Es verdad que él trata de corroborar sus decires mediante algunos documentos e inferencias -así debió haber sido dadas las circunstancias- pero el problema es que "sus momentos íntimos", los que le dan valor a este libro -y, por cierto, también su título- son poco creíbles y no llegan a despertar, por un mal manejo de los diálogos, esa llama que uno espera encontrar. No puede uno creer la escena de amor entre Carlota y su amante, desnudos en un paraje de Chalco al que habían llegado para hacer un día de campo, como tampoco es verosímil la charla entre Maximiliano y Carlota cuando ella le confiesa que está embarazada, o la ingenuidad de Carmelita Romero o el diálogo de Porfirio Díaz con Dios, entre otros episodios. Y no digo con esto que el libro no tenga su valor y que no se preste a sabrosas discusiones de sobremesa, pero... para mis expectativas (sobre todo por haber leído otro libro del mismo autor que me gustó y por estar de acuerdo con él en desmistificar a nuestros personajes históricos) a este libro ¡le faltó!
Y para hablar de otra historia de arrebatos me referiré a la película "Wall Street", un verdadero arrebato, en este caso, de codicia. Resulta que en 1987 -¿quién lo recuerda?- el famoso actor Michael Douglas (que tiene ahora 66 años) ganó un Oscar y un Globo de Oro por su actuación en la película cuyo título es un homónimo de la famosa calle de Manhattan en la que se desarrollan las principales transacciones financieras del mundo: Wall Street. Pues bien, hace unos días se estrenó en varias partes del mundo una secuela de esta película, dirigida también por Oliver Stone (JFK: caso abierto, Nacido el 4 de julio, Platoon) y actuada por el propio Michael Douglas, acompañado por el joven Shia LaBeouf (hijo de Indiana Jones en la última película de Spielberg) y por Carey Mulligan (la actriz de An Education). Wall Street: el dinero nunca duerme (2010)retoma la trama de la primera Wall Street y, veinte años después, la refiere a la crisis económica actual: la burbuja inmobiliaria y sus consecuencias macro y personales. La película trata de tiburones, pero no marinos sino financieros: allí están las mafias, la codicia y la rapidez de los cambios y de las decisiones como parámetros con los que se mueve Wall Steet. Allí no hay querencias, parentescos o amistades, allí lo que impera es la ambición por el dinero. Mediante una fotografía excelente que "mete" al espectador en el Manhattan bullicioso y acelerado, nos enteramos de lo que hacen y deshacen los banqueros en el Olimpo para que, los humildes terrestres, no podamos pagar las hipotecas de nuestras casas. Si sirve de consuelo, ellos también sufren aunque en la escena final, en una evocadora fiesta infantil, los pequeñitos, hijos y nietos de este grupo social que tiene sus oficinas en Wall Street, juegan a hacer pompas de jabón que vuelan por el espacio neoyorkino mientras el espectador no puede dejar de pensar que esas inofensivas esferas transparentes se convertirán en la burbujas inmobiliarias del futuro. O sea que, aunque salgamos de la crisis actual, los futuros banqueros seguirán haciendo de las suyas.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Mañana es hoy
También mañana hará calor y habrá humedad. Pero, de hecho, mañana es hoy; con estas crípticas palabras -mañana es hoy- termina su última novela -Versos de vida y muerte- el escritor israelita Amos Oz (Jerusalén, mayo 1939). Y si con esas palabras finaliza, no son menos inquietantes las frases que dan comienzo a su narración: Por qué escribes. Por qué escribes precisamente de esa forma...Qué función cumplen tus relatos.¿Tachas y corriges constantemente o escribes llevado por la inspiración?...¿cómo te defines a tí mismo?¿Qué respondes a todos aquellos que te atacan?...¿Qué piensa tu ex mujer de los personajes femeninos de tus libros? Y de hecho, ¿por qué abandonaste a tu primera mujer y también a la segunda?...¿eres un escritor comprometido?...¿cómo es que siendo artista tu vida privada no es nada tormentosa?...¿o es que aún hay cosas que no sabemos de tí?...¿Podrías decirnos, resumiendo y con tus propias palabras, qué querías decir exactamente en tu último libro?
El protagonista de la novela, un escritor sin nombre, el autor, se dirige a una velada literaria, como tantas otras, donde él sabe que un público, aparentemente anónimo, habrá de cuestionarlo de tal suerte que tendrá que elaborar respuestas astutas o evasivas, nunca sencillas y directas. Durante las pocas horas en que transcurre la acción, el autor interacciona con una serie de personajes que cobran vida en su imaginación y que, en el ejercicio de su oficio de escritor, reciben nombre, trama y designio: la mesera (Riki) del café en el que parará el autor antes de llegar al recinto de la conferencia; Charlie, el novio de Riki y también de Lusi; un par de parroquianos (señor León y Shlomo Hogi, su lacayo), Ovadia Hazzam, dueño de un Buick azul, ahora hospitalizado; el hijo de Hazzam, que se casó con Lusi; Ruhele Reznick, recitadora que colecciona cajas de cerillas de hoteles internacionales ...y así hasta 39 personajes maravillosamente descritos -en forma y fondo-, producto del arte de la imaginación y la buena escritura. Gran parte de la novela está narrada por una voz omnipresente y escrita en futuro ( ...el autor se sentará... observará, ...apartará) aunque también hay párrafos en tiempo presente y otros en que el narrador habla con el autor en segunda persona: se pone al tú por tú. Y todo sucede, gracias al buen oficio de Amos Oz, sin que el lector se enrede o sufra con un texto ilegible. Por el contrario, se queda uno admirado de lo que un escritor "académico" puede aportar al oficio de escritor. Esta pequeña novela (120 páginas) es un ejercicio de virtuosismo en lo relativo a la construcción de un texto y al manejo y desarrollo de unos personajes, personajes imaginarios con los que el escritor debate hasta hacerlos reales. También es un texto reflexivo sobre el quehacer del escritor y también una novela dentro de otra -con un autor dentro de otro: ... ¿por qué escribir sobre algo que también existe sin tí? ¿para qué describir con palabras lo que no son palabras?...¿qué función desempeñan tus relatos si es que desempeñan alguna?¿A quién le resultan útiles?¿Quién necesita, si me permites la pregunta, tus manidas fantasías sobre cansinos asuntos de cama o de camareras frustradas, sobre recitadoras solteras que viven con su gato...?...A pesar de todo, ¿serías tan amable de de explicarnos, resumiendo, con tus palabras, lo que el autor pretende decir en este texto?...(Y él, el escritor y el autor) Se siente completamente avergonzado por mirar a todos (a sus personajes) desde lejos, de reojo, como si existiesen solo para que él los utilice en sus relatos. Y esa verguenza acarrea también una angustiosa pena por ser siempre un extraño, por su incapacidad para tocar y ser tocado...Como la mujer de Lot: para escribir debes mirar hacia atrás. Y así tu mirada te convierte a tí y los convierte a ellos en estatuas de sal. Escribir sobre cosas que existen, pretender apresar una tonalidad, un olor o un sonido con palabras, es algo parecido a tocar una pieza de Schubert estando Schubert presente en la habitación, tal vez sonriendo con sarcasmo en la oscuridad... Y así, cuando algo imaginado se plasma en unas letras, en unos párrafos, en una narración lo imaginado es ya real: También mañana hará calor y habrá humedad. Pero, de hecho, mañana es hoy... Para mí, sin duda, Amos Oz es uno de los grandes escritores de nuestros días.
El protagonista de la novela, un escritor sin nombre, el autor, se dirige a una velada literaria, como tantas otras, donde él sabe que un público, aparentemente anónimo, habrá de cuestionarlo de tal suerte que tendrá que elaborar respuestas astutas o evasivas, nunca sencillas y directas. Durante las pocas horas en que transcurre la acción, el autor interacciona con una serie de personajes que cobran vida en su imaginación y que, en el ejercicio de su oficio de escritor, reciben nombre, trama y designio: la mesera (Riki) del café en el que parará el autor antes de llegar al recinto de la conferencia; Charlie, el novio de Riki y también de Lusi; un par de parroquianos (señor León y Shlomo Hogi, su lacayo), Ovadia Hazzam, dueño de un Buick azul, ahora hospitalizado; el hijo de Hazzam, que se casó con Lusi; Ruhele Reznick, recitadora que colecciona cajas de cerillas de hoteles internacionales ...y así hasta 39 personajes maravillosamente descritos -en forma y fondo-, producto del arte de la imaginación y la buena escritura. Gran parte de la novela está narrada por una voz omnipresente y escrita en futuro ( ...el autor se sentará... observará, ...apartará) aunque también hay párrafos en tiempo presente y otros en que el narrador habla con el autor en segunda persona: se pone al tú por tú. Y todo sucede, gracias al buen oficio de Amos Oz, sin que el lector se enrede o sufra con un texto ilegible. Por el contrario, se queda uno admirado de lo que un escritor "académico" puede aportar al oficio de escritor. Esta pequeña novela (120 páginas) es un ejercicio de virtuosismo en lo relativo a la construcción de un texto y al manejo y desarrollo de unos personajes, personajes imaginarios con los que el escritor debate hasta hacerlos reales. También es un texto reflexivo sobre el quehacer del escritor y también una novela dentro de otra -con un autor dentro de otro: ... ¿por qué escribir sobre algo que también existe sin tí? ¿para qué describir con palabras lo que no son palabras?...¿qué función desempeñan tus relatos si es que desempeñan alguna?¿A quién le resultan útiles?¿Quién necesita, si me permites la pregunta, tus manidas fantasías sobre cansinos asuntos de cama o de camareras frustradas, sobre recitadoras solteras que viven con su gato...?...A pesar de todo, ¿serías tan amable de de explicarnos, resumiendo, con tus palabras, lo que el autor pretende decir en este texto?...(Y él, el escritor y el autor) Se siente completamente avergonzado por mirar a todos (a sus personajes) desde lejos, de reojo, como si existiesen solo para que él los utilice en sus relatos. Y esa verguenza acarrea también una angustiosa pena por ser siempre un extraño, por su incapacidad para tocar y ser tocado...Como la mujer de Lot: para escribir debes mirar hacia atrás. Y así tu mirada te convierte a tí y los convierte a ellos en estatuas de sal. Escribir sobre cosas que existen, pretender apresar una tonalidad, un olor o un sonido con palabras, es algo parecido a tocar una pieza de Schubert estando Schubert presente en la habitación, tal vez sonriendo con sarcasmo en la oscuridad... Y así, cuando algo imaginado se plasma en unas letras, en unos párrafos, en una narración lo imaginado es ya real: También mañana hará calor y habrá humedad. Pero, de hecho, mañana es hoy... Para mí, sin duda, Amos Oz es uno de los grandes escritores de nuestros días.
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